Montando a caballo desde que era un niño, cosechando experiencia en casas tan importantes como la de Vidrié, Los Peralta, Pablo Hermoso de Mendoza o Ruiz Fernández en Portugal. Federado en  Doma y Acoso y Derribo de Castilla La Mancha, de la que fue creador junto con sus hermanos y otros aficionados para extender la práctica en la comunidad y poder competir a nivel nacional hace cuatro años. Su vida siempre ha estado vinculada al mundo de la equitación ya que el aficionado de verdad era su padre. El meterse su hermano a rejoneador hizo que aumentara más sus ganas por continuar en el mundo. Juan Carlos Benito, natural de Tarancón, llegó hace dos años a la capital conquense para instalar su picadero, Zurbarán.

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Juan C. Benito

Pregunta: ¿Qué crees que debe tener un buen profesor de equitación?

Respuesta: Principalmente paciencia, y luego que la persona que se dedique a enseñar sea realmente profesor, que sepa muy bien las indicaciones que está dando y que se preocupe porque la gente lo entienda. Los conocimientos son más importantes que la experiencia a la hora de enseñar, ya que cada caballo y jinete son diferentes, no hay ninguno igual. Como profesor se debe conocer la capacidad de la persona a la que estás dando clase y el caballo en el que va montado. Es trabajo del entrenador intentar coordinar el jinete con el caballo a la hora de dar una clase.

P: ¿A qué edades impartes clases?

R: Desde niños de cuatro años hasta gente mayor. Con los pequeños no se pueden hacer grandes ejercicios porque no les salen los pies de las monturas, pero lo primero es enseñar el respeto al caballo. Es complicado dar clases a los niños ya que es muy difícil captar su atención más de 20 minutos. Debes intentar que sea un juego para ellos, pero que a la vez no se lo tomen como un juego porque cometerán imprudencias y puede ser peligroso.

P: ¿Cuál es el primer consejo que darías a alguien que quiere aprender a montar a caballo?

R: Que para aprender de verdad hay que montar todos los días, hay que ser muy técnico y esforzarse mucho. Aprender a montar de verdad es un trabajo duro. No es venir a montar y dar un paseo. Pero a la vez, es muy bonito porque da muchas satisfacciones. Controlar a un animal que pesa cuatro o cinco veces más que el jinete y que además tiene muchísima más potencia y fuerza, es muy complicado.

P: ¿Qué parte de montar es mental y cuánto físico?

R. Por poner un número, un 80% mental y un 20% físico. Mental me refiero sobre todo al hecho de observar el animal que tienes debajo, no precipitarte en la enseñanza del caballo, no exigir a un animal más de lo que puede dar. Hay que estar preparado físicamente porque ni tu funcionas ni el animal funciona, pero la cabeza es la que nunca puede perderse.

P: ¿Qué actividades te gustan más y cuáles menos  de tu día a día con los caballos?

R. Dando clase es con lo que más disfruto. Me gusta y me llena, aunque hay que reconocer que no con todo el mundo. Con gente que sale satisfecha, con la lección aprendida y sobre todo que ves que quieren aprender, es cuando mejor me siento. Hay mucha gente que monta por evadirse de sus problemas y se sienten bien encima de un caballo, con esa gente la satisfacción no es igual que cuando ves que alguien tiene muchas ganas de aprender e ir a más.

Y la que menos, decirle a alguien “no vales para hacer esto”. Hay gente que llega y te dice quiero hacer tal cosa encima del caballo, y cuando lo intentas y ves que no vale para eso, es muy duro decírselo pero hay que hacerlo. Mucha gente se cabrea pero al final a base de intentarlo se dan cuenta que no. Al igual que con los caballos. Igual que todos no valemos para todos, los caballos tampoco, por lo que hay veces que tienes que decir: “tu caballo vale para otras cosas pero para eso no”.

P: ¿Consideras que tu trabajo es duro?

R: Sí, es duro en el sentido que son muchas horas. El domar un caballo requiere muchos días, aunque también depende del tipo de caballo que tengas en las manos. Actualmente, en doma tengo 10 caballos, y más porque no me da tiempo. Pero si tengo que destacar una cosa por la que es duro, es el hecho de arreglar caballos. Arreglar en el sentido de que hay caballos que están desquiciados por los jinetes y me los traen a última hora para intentar domarlos. Esa parte es muy complicada, y además es muy difícil hacerlo, te la juegas con alguno de ellos. He tenido experiencias de que el caballo se tira contra las paredes o que se mueven constantemente para tirarte. A parte de que es difícil ese tiempo, también lo es porque sabes que cuando un caballo se estropea nunca vuelve a arreglarse del todo, puedes tratarlo y ayudarlo, pero no curarlo. En la doma he llegado a tener caballos criminales, de defenderse para matarte, pero eso no es culpa del animal, sino de la persona que lo ha tratado, que ha sido obligado o enseñado a defenderse.

P: ¿Qué es lo que destacarías de estos dos años que llevas con Zurbarán en Cuenca?

R: Lo que más me ha gustado y sobre todo sorprendido, es ver cómo la afición de Cuenca está respondiendo al mundo de la equitación. En la ciudad no hay mucho nivel en calidad de caballos porque tampoco lo hay de jinetes, pero en dos años he visto mucho avance. Cada día la gente se preocupa más por tener caballos de buena calidad y lo que va a conseguir es que se enriquezcan los animales que tengamos en la provincia, como el nivel de jinetes. Cada vez tengo más gente en el picadero a pesar de estar en época de crisis y creo que también se debe a la seriedad, honradez y claridad con la que siempre hemos trabajo en mi familia. Estoy impartiendo unas 200 clases al mes aproximadamente, algo que no imaginé cuando llegué aquí.

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Juan C. Benito en un encierro en Tarancón

P: ¿Cómo ves el nivel de equitación en España? 

R: Afortunadamente el nivel está cada día mejor. En España tenemos un poco la cultura de la equitación en sentido bruto. De montarse en un caballo y salir corriendo, por tradición. Pero a nivel profesional todavía estamos un poco por detrás de Europa. Holanda o Alemania son países que tienen una muy buna cultura en conocimiento de doma. En España hay cultura y probablemente seamos el país que más caballo mueva, pero estamos un poco faltos de saber lo que es realmente un caballo. En España hay grandes jinetes, tan buenos como en Holanda, pero vamos por detrás en cultura general de equitación.

P: Estás federado aparte de haber participado en la constitución de la Federación de Acoso y Derribo de Castilla La Mancha, algo que en la comunidad no es muy conocido. ¿En qué consiste esta práctica exactamente?

R: Acoso y derribo actualmente es un deporte, pero antiguamente era la forma de tentar un toro bravo. Se separaba la vaca o el becerro de la manada y cuando el animal huye para volver con el grupo, dos caballos derriban a cuerpo abierto al animal y tras verse un poco “acosado”, demuestra si es bravo o no. En Castilla La Mancha es nuevo, pero esto en Andalucía es algo muy usual, y aquí la gente cada vez pregunta más por esta actividad, pero al no haber habido ganaderías de toro bravos no se ha fomentado ni puesto en práctica.

P: Además de doma, ¿haces otras actividades?

R: Sí, hacemos hipoterapia y equinoterapia con niños discapacitados o que tienen problemas como familias desestructuradas. Por ejemplo, con los niños de Aldeas Infantiles, los que tenemos unos 35 niños a la semana. Intentamos acercarlos a los animales y enseñarles respeto a través del caballo. Este animal transmite tranquilidad y sosiego y así se tranquilizan y respetan mucho tanto a los profesores como a ellos mismos, además de ayudar a relacionarse. En Aldeas Infantiles de verdad que estoy muy contento porque nos dicen que tiene mucho éxito. Luego tenemos un grupo más extremo, de personas que no pueden andar, o ni si quiera hablar, y a través de la hipoterapia estamos consiguiendo que a través de gestos o reacciones se estimulen y de llegar a montarse. Es muy satisfactorio porque son muy agradecidos y cuando se van y ves que ha habido un progreso, sientes que los has hecho más felices y es muy bonito.

P: ¿De qué manera crees que puede incentivarse la práctica en la región?

R: Creo que fomentando más a nivel de ayuntamientos y comisiones de festejos. En fiestas populares fomentar concursos de doma y cultura sobre ella. Enseñar cuál es el trabajo real de un picadero y enseñar las diferentes modalidades, tanto saltos, como pista, etc.

P: Un mensaje para nuestros políticos en las próximas elecciones

R: Pido que sean imparciales, que no se paren a pensar en si les gusta el mundo de la equitación, porque estamos acostumbrados a que sí les gusta lo desarrollan y si no no. Y eso no pueden hacerlo. Aunque no le guste la equitación o el toreo a caballo, deben dar facilidades para incentivar este mundo. Es cierto que hay cosas más importantes, esto al fin y al cabo no es prioritario, es un lujo.  Pero través del caballo se trabaja mucho, como con las terapias que hemos nombrado.  Con los caballos se enseña a la sociedad porque se enseña educación y respeto. Ahora mismo las instituciones no ayudan a asociaciones para hacer terapia con caballos, las ayudas de los grupos que vienen aquí son por subvención de empresas privadas como bancos o gente que hace donaciones. La diputación y los ayuntamientos no suelen colaborar y si les aportan algo es lo mínimo. Que se den cuenta que estos tratamientos ayudan a mucha gente a ir mucho mejor con sus problemas.

Fotos cedidas por Juan Carlos Benito

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Irene Gonzalez

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