Desde que se levantase la polémica por la propuesta de Ciudadanos, en materia de violencia de género, había pasado algo más de una semana de la celebración del Día Internacional contra la Violencia de Género, el pasado 25 de noviembre.

La propuesta cogió por sorpresa a todos los partidos. “Si ustedes no son conscientes de que las mujeres mueren y son asesinadas precisamente por su condición, es que no han entendido nada” le respondía Antonio Hernando, representante del PSOE, a Marta Rivera de la Cruz, representante de Ciudadanos, que defendía la propuesta de su partido para equiparar el agravante de violencia género al de violencia doméstica. Incluso el Partido Popular se mostraba en contra.

Los intentos de los dirigentes de Ciudadanos por explicar mejor esta medida no se hicieron esperar, amparándose en; la gravedad de la violencia doméstica; en que la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género no funciona correctamente; y principalmente en acabar con la “asimetría penal por cuestión de sexo”, igualando el agravante para cualquier tipo de violencia doméstica o intrafamiliar.

Basta con entrar en foros de diferentes medios o preguntar por la calle a mujeres (que en principio se les presupone más sensibilizadas en el tema) para ver que la medida no sienta tan mal en la calle como en el debate; “me parece bien, que la que no tenga agravante suba y se equipare a la otra, todo lo que sea violencia está mal” afirmaba una chica joven, “no sabía que había un agravante pero me parece bien que todos seamos iguales”. En la misma línea contestaban otras dos mujeres entorno a los 45 en pleno centro de Cuenca.

Por tanto ¿Qué hay de real en las críticas a esta propuesta? Gracia Canales, directora provincial del Instituto de la Mujer en Cuenca, nos habla de la posible confusión que se está generando en torno a dos tipos de violencia diferentes: la violencia machista o de género y la violencia doméstica, siendo la primera un problema estructural, mientras que la segunda no lo es.

Escena película "Te doy mis ojos". Fuente: flickr
Escena «Te doy mis ojos». Fuente: flickr

Se trata, por tanto, de discriminación o acción positiva, políticas encaminadas a equilibrar la discriminación negativa que se detecta como consecuencia de ese problema estructural hacia un determinado colectivo, en este caso las mujeres, y que se materializa en las 126.742 denuncias que se registraron tan solo el pasado 2014 o las 54 muertas en lo que va de año, según datos del Instituto de la Mujer.

Pero entonces ¿Por qué en nuestra sociedad se aceptan otras medidas de discriminación positiva como las becas a estudiantes, las ayudas a la dependencia o las subvenciones para los contratos de personas con discapacidad y, sin embargo, seguimos debatiendo la funcionalidad de esta misma discriminación a favor de la mujer?

Gracia asegura que según la encuesta del CIS esta problemática tan solo preocupa al 0’8% de la población, ¿Por qué?

“Vivimos en una sociedad machista en la que la violencia solo se reconoce cuando la mujer llega con el ojo morado, pero hay muchas señales que las mujeres normalizamos y que no lo son”.

“Los datos son abrumadores”, continúa Gracia, todavía hoy “el 3% de la población considera que la violencia estaría justificada en determinados casos” algo impensable en otros tipos de violencia como sería el caso de la violencia doméstica, e incluso “el 70% de los chicos no harían nada si un amigo suyo golpease a su pareja, es más, aunque tan solo llevo dos meses aquí tengo una media de tres medidas de protección sobre mujeres al día solo en la provincia de Cuenca, sobre hombres he tenido una”.

A estas cifras hay que añadir que 2 de cada 10 retiran la denuncia e incluso la mayoría de ellas ni siquiera llegan a hacerlo porque “muchas mujeres no son conscientes, especialmente las jóvenes cuando empiezan con los controles sobre el móvil, las redes…”, asegura Gracia, en línea con el último informe del Consejo Independiente de Protección de la Infancia (CIPI) sobre la tendencia al alza de la violencia de género en adolescentes.

La asimetría a la que hace referencia Ciudadanos, en su propuesta, no parece tener un fundamento estadístico ni basado en informes o en la experiencia de los especialistas que trabajan esta realidad,

“el problema está en que están intentando tratar de manera igualitaria un tema que de raíz es desigual y está demostrado, por tanto, no hagamos demagogia sobre un tema tan grave”.

La directora de la Fundación Mujeres, María Soleto, apuntaba algo similar en una entrevista para infoLibre.

Sí que señala Gracia Canales, sin embargo, la importancia de introducir al colectivo LGTB, con quien ya han tenido numerosas reuniones, para ver cómo se puede incluir a un colectivo, también vulnerable, dentro de la próxima Ley en esta materia sin alterar el significado.

Pero ¿y las denuncias falsas? ¿no vulneran el derecho de los hombres en detrimento de las mujeres? “Abrir el melón de las denuncias falsas es poner en duda nuestro sistema judicial y creo que no es conveniente, porque cuando alguien plantea una denuncia hay que demostrarle a un juez que los hechos son verdaderos”, además las cifras del Instituto de la mujer evidencian que el origen de las denuncias viene principalmente del entorno de la víctima: médicos, familiares o atestados policiales. Todos estos filtros hacen muy difícil que se planteen denuncias falsas, como corrobora un Informe de la Fiscalía General del Estado que recoge que este tipo de denuncia no llegaría ni al 0’01%.

Gracia hace especial hincapié en abordar este problema desde la educación como clave para no perpetuar el problema y especialmente en institutos para abordarlo de raíz “por eso son tan importantes las campañas”. No solo basta con hacer un tratamiento conceptual y efectivo diferente entre violencia de género y violencia doméstica, también hay que reforzar una Ley que, mejorable o no, ha puesto de relieve una sociedad mucho más machista de lo que, en principio, nos gustaría pensar.

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