Son muchos los momentos y actuaciones que nuestros antepasados protagonizaron, las que hoy se repiten y es el humor en la prensa la que siempre ha recordado cuál era el camino y la que nos ha alertado de su posible desvío. El humor gráfico es un escudo de defensa contra el ataque de la propaganda del poder.

El tiempo volvía a ser protagonista por la tarde. La sala 1 comenzaba el turno de comunicaciones, presentado por la profesora Nathalie Ludec, con Antonio Laguna, decano de la Facultad de Periodismo. El profesor de Historia de la Comunicación dio las claves del deterioro de la imagen del rey Alfonso XIII. Una imagen que meses antes era impecable, la imagen de un rey querido tornaba a la más absoluta merma de popularidad. Todo ello se vio provocado por varios factores, de las que la monarquía intentó salir airosa, pero “la propaganda del poder, por mucho que controle los medios tiene que pasar un último filtro, el de la realidad”, explicó Laguna. Pero las causas del desprestigio del rey, según apunta el decano, fueron el desastre de Marruecos, el posicionamiento de la monarquía a favor de Primo de Rivera y la campaña de Blasco Ibáñez para desenmascarar al verdadero Alfonso XIII.

Enrique Bordería, profesor de la Universidad de Valencia, analizó la actuación de la revista Gracia y Justicia, que “inició una demolición sistemática de la II República”, manifestó el profesor. Bordería se centró en la gran capacidad de actuación y de liderazgo de movimientos de esta publicación, que también popularizó una terrible visión de la clase política del momento.

El resto de ponentes continuó con sus comunicaciones en las que trataban la cuestión satírica y caricaturesca como crítica a la sociedad o al sistema, pero en la mayoría de esos casos se trataba de un humor gráfico nada mordaz. Pero todos ellos coincidieron en la importancia como herramienta tremendamente poderosa para informar a la opinión pública de una situación, para provocar su reacción o para hundir la imagen de unos en beneficio de sus rivales.

Destacó la ponencia de Francesc Martínez Gallego, profesor de la Universidad de Valencia, quien examinó la evolución de la revista Guitérrez, publicación que en sus comienzos se caracterizaba por la pluralidad y por convertirse en un intento de crear un ‘humor nuevo’, un humor benigno, deshumanizado, surrealista, vanguardista, representante de la mesocracia, de la creciente clase media. Una revista de corte derechista que, no obstante, no dudó en declararse ‘defensora’ de la República ante su segura en inminente proclamación. Pero “el humor nuevo es un lobo con piel de cordero”, manifestó Martínez Gallego, pues aquello que en un principio surgió como un humor divertido, tornó hacia un ‘humor agrio’; el humor apolítico de los comienzos mutó hacia la crítica más tenaz, capaz de hacer vencer a la CEDA en las elecciones de 1933.

Así se puso el broche final a una jornada que lejos de provocar carcajadas o recurrir al chascarrillo, significó una mirada al pasado con reflexión sobre el presente; pues no podemos evitar advertir que el pasado nunca lo será porque vive en el presente. Son muchos los momentos y actuaciones que nuestros antepasados protagonizaron, las que hoy se repiten y es el humor en la prensa la que siempre ha recordado cuál era el camino y la que nos ha alertado de su posible desvío. El humor gráfico es un escudo de defensa contra el ataque de la propaganda del poder.

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