El motociclismo español nos ha dado muchos prodigios, pero hay dos hermanos que están cambiando y cambiarán la historia del motor en España. Dos hermanos, un mismo apellido. Se conocen los circuitos como la palma de su mano y han llevado el apellido familiar y el nombre de su pueblo a lo más alto.

A estas alturas –y sin que me haga falta decíroslo- sabréis que estoy hablando de Marc (21 años) y Alex Márquez (18 años), dos hermanos de una pequeña localidad llamada Cervera (Lleida) que el pasado 9 de noviembre se subieron a lo más alto del podio del circuito ‘Ricardo Tormo’ de Cheste (Valencia), en la modalidad de MotoGP y Moto3, respectivamente. Su éxito, aparte de merecido, es normal, se han criado entre gasolina y asfalto. Sus padres se hicieron socios del Moto Club Segre de Bellpuig, dónde comenzaron a trabajar los fines de semana, por tanto al pequeño Marc no le quedaba otra que quedarse observando las motos durante horas. Con sólo cuatro años ya pidió una a los Reyes Magos, cuándo a esa edad el resto de niños aprende a montar en bici con ruedines, sin embargo Alex fue heredando las motos de su hermano, sin tomarse el mundo del motor muy enserio al principio. Y allí, en Cheste, se encontraban los dos aquel domingo, acelerón tras acelerón, adelantamiento tras adelantamiento. Marc en combate con Vallentino, Alex con Miller, los Márquez salieron ilesos y vencedores. Aunque Marc, humildemente, ha declarado: “Que dos pilotos hermanos ganen el título el mismo año es casi imposible”.

Recuerdo perfectamente el ruido de las motos, ensordecedor y gratificante a la vez. Si cierro los ojos aún puedo teletransportarme al Gran Premio de la Comunidad Valenciana, sentada en las gradas de la tribuna verde veo pasar las motos, bueno, la velocidad que alcanzan me impide contemplarlas detenidamente, pasan por delante de mis ojos en menos de una milésima de segundo. Y recuerdo los entrenamientos del sábado, en los que los pilotos lo daban todo, vueltas a la pista encaminadas a conseguir el mejor tiempo, pero estaba claro que se guardaban un as en la manga para sorprendernos en la carrera del domingo, ¡y vaya que si lo hicieron! De hecho el mejor tiempo en estos entrenamientos libres lo hizo Niccolo Antonelli en Moto3 y Vellentino Rossi en MotoGP, sumando que Márquez sufrió una caída que le hizo perder la pole de cara a la carrera del día siguiente. Con respecto a Moto2 fue el español Tito Rabat el que consiguió la mejor marca.

El domingo, las gradas estaban repletas, ni un asiento libre. Aficionados de todas partes de España – y del mundo- portaban camisetas, gorras, banderas, etc. de su piloto favorito. Para asombro de la que escribe, Valentino Rossi era el más aclamado y vitoreado… ¡por la afición española! Me lo esperaba del ‘93’, del ‘espartano’ o del ‘niño con chupete, por aquello de que son de nuestra tierra, pero estúpida de mí, lo fue ‘Il Dottore’. Rossi continúa siendo una leyenda viviente, y lo demostró él y toda su afición aquel domingo, ya que a sus 35 años fue el único capaz de acechar al joven y guerrero Marc.

Márquez, un apellido de leyenda

Moto3 fue un espectáculo, la polémica estaba servida puesto que Alex Márquez se jugaba el título de campeón del mundo. Jack Miller le buscó las cosquillas en más de una ocasión, y también lo hizo Antonelli, aunque en menor medida. El final de carrera era para morderse las uñas ya que los adelantamientos se repetían uno tras otro y las motos no paraban de chocar. Pero finalmente fue el español, el pequeño de la casa, el que consiguió la primera posición. Llegó el momento de Moto2, el español Tito Rabat parecía tener ganada la prueba, sin embargo en la última recta el suizo Thomas Luthi lo adelantó:”En la última aceleración no ha llegado suficiente gasolina al motor y ha hecho un vacío y Luthi me ha pasado», explicó el piloto barcelonés, que además confesó que le supo muy mal la segunda posición ya que quería ganar en casa. No obstante la alegría también estuvo servida en esta carrera para España, pues Rabat ya había conseguido el título de Moto2 el pasado 26 de octubre en el circuito malayo de Sepang. Al igual que Marc Márquez lo hizo en el Circuito de Motegui (Japón).

Por lo tanto, la victoria de Márquez estaba prácticamente sentenciada. Empero, este hecho no restó brillantez y espectacularidad a la carrera, que fue el colofón, la traca final (que no faltó, ya sabemos cuánto le gustan los petardos a los valencianos) de un fin de semana destacado para los amantes del motociclismo, en el que además las temperaturas acompañaron a la perfección. Con todo, cuando le tocaba el turno de ser los reyes de la pista a los pilotos de MotoGP, el cielo empezó a teñirse de gris, al igual que lo había hecho al amanecer. ¿Será símbolo de algún mal presagio?, me pregunté. Al contrario, la carrera fue un espectáculo visual y sonoro en el que no faltaron los adelantamientos vertiginosos, hubo un momento en el que no se sabía quién podía ganar. Andrea Iannone consiguió adelantar a Márquez y Rossi, el primer puesto parecía disputarse entre los dos italianos. Comenzó a llover levemente, cesó y continuó con mayor intensidad. La lluvia hizo más interesante el Gran Premio de Cheste y mostró la superioridad de Márquez, que pasó con su moto a los dos italianos. Rossi le pisó los talones pero Marc pronto los dejó atrás, a todos, ninguno fue capaz de aguantarle el ritmo. Vuelvo a cerrar los ojos y me acuerdo de su remontada, de sus acelerones y de sus adelantamientos vertiginosos. ¿Qué se debe sentir al correr a 300 km/h? Me acuerdo también del pobre Jorge Lorenzo, que no supo gestionar la lluvia, cambió de moto para adaptarse a ella y sin embargo cuando ésta cesó le hizo ir más lento y a falta de cinco vueltas tuvo que retirarse. En definitiva, ningún piloto consiguió seguir la estela de Márquez Sénior, y ya os podéis imaginar cómo acabó la historia. Los “hermanísimos” barrieron para casa, no dejaron ni una gota de polvo, en 66 años de historia del campeonato de motociclismo, ningunos hermanos han conseguido ganar un título en el mismo año. Y para más inri, triplete español: Alex, Marc y Tito hicieron que el himno de Españal no sonara ni una, ni dos, sino tres veces. Pero la gota que colmó el vaso es que Marc Márquez batió un nuevo récord de 13 victorias, superando el que consiguió el australiano Mick Doohan en 1997, que se quedó en doce.

Algo más que un deporte

El circuito Ricardo Tormo era una fiesta, pero lo que yo no me imaginaba era lo que me esperaba fuera de él. La localidad de Cheste se llenó de 200.000 aficionados del motor dispuestos a pasarlo bien. Llenaban las calles del rugir de las motos hasta más allá de las 6 a.m. Motos de todo tipo, incluso con enormes tubos de escape que soltaban bocanadas de fuego. El espectáculo era dentro y fuera del circuito, y no dejaba indiferente a nadie. 
Durante el fin de semana del 7, 8 y 9 de noviembre Cheste se convierte en una jungla de asfalto. No puedes dar dos pasos sin que una moto te pase por al lado o te rebufe con su tubo de escape. Las barras de bar y los equipos de música salen a la calle y echan raíces en todas las equinas. Los bares, restaurantes, hoteles, pensiones y pubs hacen el agosto en noviembre: “El dinero que ganamos en este fin de semana nos ayuda a tirar el resto del año”, declaraba la noche del sábado la dueña del Bar del Sindicato Agrícola y Caja Rual situado en la Plaza del Ayuntamiento. El fervor por este deporte se palpaba en cada rincón de la pequeña localidad valenciana.

Finalmente, llegó el domingo, las carreras terminaron y la afición motera de España tomaba la carretera para regresar a sus casas. Cheste se vació de ruido, de alcohol, de motos… La fiesta había terminado, pero con la resaca del triunfo.

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Natalia Garcia

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