Rafael Manzano es la voz que ha acompañado desde hace un poco más de tres años a los oyentes de la W Radio Colombia. Es también la voz de la experiencia, por sus numerosos años de trabajo en la radio que incluyen varios como corresponsal en el extranjero. Fue Moscú, megaciudad de Europa Occidental y epicentro de los principales hechos que dieron paso a la disolución de la Unión Soviética (URSS), ciudad donde residió desde 1991 a 1997, en pleno cambio geopolítico mientras ejercía como periodista internacional informando para medios españoles.

¿Cómo es ser periodista internacional en Rusia? ¿Cómo se informa desde un país comunista?

Yo llegué a Rusia todavía con el comunismo. Yo viví la transición desde Gorbachov hasta Yeltsin. Yo estaba en Rusia cuando dieron en España el golpe de Estado el 23 de febrero de 1981, estaba en Rusia siguiendo el congreso del partido comunista de la Unión Soviética. Había estado un par veces antes porque me ocupaba de la información del este de Europa. Había estado en Polonia, en el Astillero de Gdańsk; había estado en Hungría… Cuando había algo por ahí siempre me mandaban a mí.

Es verdad que cuando estuve allí estable en el 91, el último tiempo de Gorbachov, me pilló el golpe de Estado allí. Fue un shock el salto porque la Unión Soviética se durmió siendo una gran potencia, y al día siguiente se despertó dependiendo de la ayuda alemana; con lo cual le produjo una ruptura del sentido nacional. Imagínate ser una potencia que le habla de tú a tú a Estados Unidos, al día siguiente está destrozada.

Periodísticamente no era complicado. Trabajar en la época del comunismo era divertida porque había que tener determinadas intuiciones, es decir, ir a un sitio, ver quién estaba y quién no, quién aparecía en la primera página del Pravda y quién no, quién aparecía a la derecha de Gorbachov y quién a la izquierda, quién hablaba y quién no, quién daba la rueda de prensa y quién no. Se dio el golpe de Estado y prácticamente a las 48 horas el país cambia absolutamente. Pasó a ser una especie de lectura improvisada del capitalismo.

Después Rusia se abrió mucho. Ir a hablar con políticos, con economistas y eso, era mucho más sencillo. Los tres primeros años fueron muy interesantes pero después empezó a ser bastante aburrido. No solamente por lo que pasaba, que era más de lo mismo, sino porque al principio el medio reclamaba mucha información porque era un mundo nuevo. A los dos años, tres años, ya estaban aburridos y entonces ya no te pedían  nada. Entonces es un país divertido para trabajar pero un poco horroroso para vivir. Si vives allí nada más, y no tienes un esfuerzo de trabajar, es un poco pérdida de tiempo.

En una entrevista comentó su famosa anécdota del golpe de Estado, que presenció y fue portada del The New York Times. ¿Usted cree que estuvo en el momento y en lugar indicado?

No… (risas) No soy tan idiota como para pensar eso. Fue simplemente una equivocación. Ese fue el segundo golpe, fue el golpe de Yeltsin. El primer golpe de Estado fue contra Gorbachov, y el segundo fue el que dio Yeltsin contra el Sóviet Supremo de la URSS. Yo estaba en casa y a través de la radio oí que esto se había terminado. Miré que habían levantado una bandera blanca y dije “Ya está, se acabó, voy a acerarme rápido”. Piensa que allí no había como ahora celulares. Tú para mandar crónicas tenias que irte a un hotel internacional, o bien ir a tu casa donde tú como extranjero tenías derecho a un teléfono internacional. Había que ir, mirar, tomar notas, hablar con gente, coger el coche, devolverte a tu casa, mandar la crónica, volver allí. Me voy, veo los tanques puestos aquí, veía soldados pero yo pasé por el medio y nadie me dijo nada. Digo, “esto se ha terminado”. Voy a entrar a ver cómo han quedado las cosas, entré y de pronto un tipo me da una máscara anti-gas; le digo, “¿para qué me das esto?”. Empezaron a pegar tiros otra vez como desesperados, en la tercera planta hubo cañonazos. Resulta que no era que se habían rendido sino que era una pausa para gente que se quería ir o heridos para que pudieran salir. Yo me quedé atónito, miré la columna  más grande que había, me puse atrás y me senté allí a esperar a que pasara.

Al cabo de un rato, hubo otro grupo que se rindió. Vi pasar unos tipos con una bandera blanca, de un grupo de diputados que se rendían. Me colé entre ellos, y estalló lo más cerca del tío de la bandera blanca. Estaba en las escaleras y abajo estaban todos los fotógrafos compañeros. Entonces,  todos muertos de risa porque era “grupo de rebeldes rindiéndose” y yo estaba en primera fila con el tío de la bandera blanca. Claro, en muchos periódicos internacionales, guardo el The New York Times, Le monde, guardo Le figaro; la revista Hola salió en color y todo, está en el interior, y todos mis amigos muertos de risa en España. ¿Estuve en el momento adecuado? No, yo hubiera preferido estar fuera porque “alma de héroe” no tengo tampoco. Fue despiste, me tocó dentro y a partir de ese momento fui mucho más cuidadoso para poner oído a los sitios para saber si tengo que estar o no estar.

¿Ha vuelto a Rusia o volvería estar en ese país?

Sí, sin duda. De hecho, es probable que vuelva dentro de poco porque me apetecería ver a mis amigos, a la gente que estuvo allí conmigo. Yo dejé buena gente allí. Me gustaría, sobre todo volver para ver cómo ha acabado el país y, digamos, una especie de capitalismo salvaje ha transformado ese país, donde es uno de los países más caros ahora. Moscú es la ciudad de Europa donde más Mercedes Benz y más coches de alta gama se ven por las calles y es un lujo además grosero, un poco como el lujo chino. Sí me gustaría volver, de hecho creo que voy a volver después del verano.

Vivir para contar: anécdotas de un español en Rusia

Una vez tenía que hacer una nota sobre transportes y llamé al Ministerio de Transportes y pregunté “¿cuántos camiones fabricáis al año de tantas toneladas? ¿Tienes el dato?” y me dice “sí, sí lo tengo”  -“¿me lo puedes dar?” –sí, sí tú me das 200 dólares. Le digo, “pero ¿cómo que te de 200 dólares?”,  me dice “Sí, ¿tú no cobras por esta información?” digo “claro, yo soy corresponsal”, dice “pues claro, yo la tengo, y yo te cobro”, le digo “¡pero tú cobras del Ministerio!”. Ellos habían hecho una interpretación por libre del capitalismo.

O cuando pedí hacer un reportaje sobre el caviar. Me dijeron que no porque era estratégico y en cambio sí pude ir a la base militar de Múrmansk, la base de los submarinos nucleares. Nunca entendías el por qué de las cosas. O cuando pedí hacer un reportaje sobre Spetsnaz, los servicios especiales del ejército de la Unión Soviética, pues ahí fue mi primera comprobación de que mi ruso no era muy bueno. Estuve hablando con el tipo de prensa del Ministerio de Defensa, y me dijo “Sí, sí, no hay problema. Mándame un fax y yo te autorizaré” Yo estupendo, cuelgo y de pronto le digo a mi suegra “¡Ay Sveta! me he olvidado de preguntarle a que número mandábamos el fax. Llámale y le pregúntale a qué número le enviamos la petición”. Entonces veo que ella está hablando con él y empieza a reírse. Cuelga y me dice “debe usted mejorar su ruso porque no le ha pedido un fax, le ha pedido un aparato de fax” El tipo quería un aparato de fax para él, para darme la autorización.

Nota: Esta pieza es el segundo producto de la entrevista a Rafael Manzano

Foto: Liz Andrea Zarco

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Estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena, Colombia. Becaria del Banco Santander en la UCLM 2016-1. Soy hija del Caribe. Lo mío es la música, la radio y la investigación.
Liz Andrea Zarco

Liz Andrea Zarco

Estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena, Colombia. Becaria del Banco Santander en la UCLM 2016-1. Soy hija del Caribe. Lo mío es la música, la radio y la investigación.

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