Una medalla de oro en la disciplina de doma clásica en los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952 consiguió llevar la equitación desde el punto de vista terapéutico a lo más alto. La danesa y enferma de poliomielitis, Liz Hartel, consiguió esta medalla para su país ayudándose de la rehabilitación que realizó a lomos de un caballo. Desde entonces, y hasta nuestros días, la terapia con este animal se ha convertido en uno de los tratamientos más populares para personas con problemas neuromusculares, psicológicos, cognitivos y sociales.

Esta popularidad ha llegado hasta ciudades pequeñas como Cuenca donde los centros de personas con discapacidad deseaban con fuerzas que sus enfermos pudieran acceder a esta terapia tan antigua pero, a su vez, tan en auge. Finalmente estos centros consiguieron lo que andaban buscando desde hacía tiempo. Desde hace seis años, el Club Hípico Fierro ofrece clases de hipoterapia, por las que han pasado “la mayoría de centros de discapacitados de Cuenca”, como nos afirmaba el dueño del Club, José Fierro. Autismo, retraso madurativo, esquizofrenia, síndrome de down, son algunas de las patologías que sufren los enfermos que acuden al Club a recibir hipoterapia.
Las clases las imparten el propio José, junto con su mujer Azucena y Joaquín, otro trabajador del Club. Los tres tuvieron que formarse para obtener un título que les permitiera dar clases, ya que como señala José “no vale con decir tengo un caballo y voy a dar hipoterapia”. Además, como indica Azucena, “cuando impartes hipoterapia no puedes estar parado, tienes que seguir formándote y aprendiendo mediante cursos”. Aunque esta preparación merece la pena según los monitores ya que “te sientes satisfecho cuando ves que vienen con un problema y a través del caballo progresan día a día. Te da mucha satisfacción y mucha alegría”, afirmaba José.

A toda esta formación y dedicación se une la propia experiencia. José y Azucena son padres de una niña con síndrome de down. Un hecho que explica la gran implicación de estos terapeutas, sobre todo la de Azucena, que llegó a dejar su antiguo trabajo como peluquera para dedicarse por completo a esto. «Al tener a la nena con síndrome de down me metí de lleno en esto», nos explicaba Azucena. Tal es el compromiso de este Club con las asociaciones de personas con discapacidad de Cuenca que han llevado a cabo exhibiciones con el único objetivo de recaudar fondos para colaborar con ellas y así «mejorar el desarrollo e integración de estos niños».

Una terapia adaptada a las necesidades de cada enfermo

Los enfermos presentan distintas necesidades según el problema que presentar, y un monitor debe saber adaptar los ejercicios a cada persona. “Hay que saber qué tipo de ejercicios tienes que hacer, qué tipo de personas puedes tratar, e incluso qué tipo de personas no puedes tratar ya que lamentablemente no todas pueden realizar esta terapia”, apuntaba el propietario del club hípico. Y es que, a pesar de que el término hipoterapia es el conocido para englobar esta terapia, lo cierto es que existen distintas actividades terapéuticas. La actividad de hipoterapia está dirigida a personas con discapacidades muy graves que no les permiten ser autosuficientes por lo que si logran montar a caballo tiene que ser con su terapeuta. También está la equitación terapéutica destinada a enfermos que sí son más independientes y que pueden llegar a realizar acciones en el caballo en la preparación o incluso en su conducción. Por último, encontramos la equinoterapia adaptada donde el enfermo logra controlar y dirigir al caballo ayudándose de un material adaptado a sus necesidades.

Por otro lado, y del mismo modo que no sirve cualquier monitor, tampoco puede llevarse a cabo la terapia con cualquier caballo. Falcón es el bonito corcel encargado de ayudar a estas personas con discapacidad. Su paso y su tronco es lo que le convirtieron en el elegido para realizar la terapia. Este caballo tiene un paso tranquilo, sin movimientos bruscos, que consigue adaptarse a las necesidades de los enfermos puesto que el objetivo principal “es estimular todos los nervios y músculos del cuerpo a estas personas, adaptando la terapia a sus necesidades y posibilidades”, indicaba Azucena.

Mejorías palpables

Apromips, asociación pro minusválidos psíquicos de Cuenca, es uno de los centros que actualmente cuenta con clases de hipoterapia. Cada martes doce enfermos de esta asociación visitan a Falcón con especial entusiasmo. “Al principio tenían miedo al simple contacto con el caballo, pero ahora cuando lo ven van hacia él sin ningún reparo para acariciarlo. De hecho, cuando saben que vienen a esta actividad se ponen mucho más contentos”, nos explicaba Julián Aparicio, técnico multisensorial de la asociación.

De los doce alumnos, cinco están en el grupo de hipoterapia y los otros siete en el de equinoterapia. Julián nos habla de recuperaciones tanto físicas como psicológicas en estos enfermos gravemente afectados, ya que “en cuanto a la salud, se notan mejoras sobre todo a nivel de equilibrio como consecuencia de montar encima del caballo. Se ven más seguros de sí mismos en el traslado porque al controlar más su cuerpo no tienen que gastar tanta energía en pensar que movimiento va ahora, y así ganan automatismo. Además les hace que estén más alegres, más activos, más contentos. En definitiva disfrutan de todo mucho más”. Pero los beneficios no solo son evidentes en los enfermos que pueden montar en el caballo, ya que los psicológicos se trasladan a los que simplemente basan su terapia en el contacto con el animal y, al mismo tiempo, se consigue una estimulación somática provocada por el cambio del tacto al acariciar al caballo.

Apromips no es la primera vez que acude a este club hípico para realizar este tipo de terapia, sino que es la segunda vez en este año 2014. A principios de año, durante un par de meses, ya probaron con cinco enfermos de los gravemente afectados que tiene la asociación. “Cuando vamos consiguiendo dinero de aquí y de allá es cuando nos lo podemos permitir”, nos aclaraba Julio. Actualmente, las clases, que empezaron en el mes de octubre, son pagadas con una subvención que concedió la Diputación a partir de un proyecto sobre actividad deportiva que Apromips presentó. Pero, lamentablemente, con esta subvención solo se cubre la terapia hasta diciembre, algo que va en detrimento de los avances que se van logrando en estos enfermos, ya que según el técnico multisensorial, son personas que necesitan estar organizados y tener una disciplina, por lo que “se hace fundamental un seguimiento en los tratamientos”. Por tanto, sería recomendable que la actividad fuera realizada el mayor tiempo posible porque los frutos se van viendo en la medida que pasa el tiempo. “Hablando con Azucena hemos visto como chicos que vinieron la primera vez, que habían perdido ese reparo de tocar al caballo o incluso montaban ya en él, han retrocedido con el parón que hicimos y les cuesta hacerlo otra vez”, señalaba Julio.

La opinión de un experto

Esta técnica terapéutica no solo es apoyada por los centros de personas con discapacidad, también los profesionales de la medicina son conocedores de sus beneficios. Hablamos con Alberto de la Osa, neuropediatra del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca, quién asegura que “está más que establecido que es una buena terapia complementaria a la terapia más convencional en pacientes con autismo o con algún tipo de discapacidad física”. No obstante, señala la importancia de identificar un buen perfil del paciente porque no todos pueden tener acceso a la hipoterapia ya que “a lo mejor un autista profundo, con problemas de agresividad y que le cuesta mucho comunicarse, es más difícil que encuentre la utilidad de esta terapia”.

Asimismo, aunque niños con distintas patologías, mentales o físicas, encuentran beneficios en la hipoterapia, no lo hacen de la misma forma. “En el caso del autismo mejora sobretodo la autoestima, la comunicación no verbal y las relaciones sociales, puesto que siempre tiene que haber un terapeuta entrenado y eso es importante”, nos cuenta el especialista en neurología pediátrica. En cuanto a los niños con problemas como una espina bífida, por ejemplo, De la Osa habla de un beneficio más físico aunque como señala, “también psicológico porque se les da más responsabilidad”.

Además, Alberto de la Osa, nos cuenta el caso particular de una niña con atrofia muscular tipo 3 que, a pesar de ser una patología degenerativa y que, lamentablemente, la niña haya dejado de caminar, lo cierto es que la hipoterapia ha introducido mejoras en su salud. “Se han notado cambios en el mantenimiento postural del tronco, y los papás sí que dicen que la notan más fuerte. De hecho, cuando empezó esta terapia volvió a poder levantarse sola del suelo”, nos apuntaba el especialista.

En definitiva, ya sean manifestadas de una forma u otra, lo cierto es que muchos enfermos con distintas patologías obtienen mejorías y ganan en calidad de vida al realizar hipoterapia. Y es que, como sostiene el neuropediatra, Alberto de la Osa, “si empiezas a indagar te das cuenta que hay muchos artículos que definen perfectamente los beneficios de la hipoterapia. Beneficios que son estadísticamente significativos y positivos. Y esto es algo muy importante”.

 

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