La estrategia comunicativa de estos dos partidos determinará la posible alianza en unas nuevas elecciones generales


No hay nuevas elecciones convocadas y tampoco se ha dado por cerrada la ronda de contactos para negociar un gobierno. Los partidos siguen haciendo discursos sobre la voluntad de pacto pero a nivel interno ya se preparan para iniciar una nueva campaña electoral. Una prueba de ello es que el día 3 de Marzo el líder de IU, Alberto Garzón, volvió a poner sobre la mesa la opción de confluir con Podemos en unas más que probables elecciones anticipadas. La propuesta ha reabierto el debate en la formación morada que se encuentra en una situación política distinta al 20D.

Los últimos sondeos electorales, como los realizados por Celeste-Tel y Metroscopia en los meses de marzo y abril, perciben un descenso considerable de Podemos y lo sitúan como 3º o incluso 4º fuerza política tras sufrir una fuga de votos que pasarían (por orden) a la abstención, al PSOE o a IU. Aunque la formación de Iglesias se reafirme en la volatilidad de las encuestas y quite importancia a sus predicciones, de alguna manera esta tendencia a la baja puede estar influyendo en la estrategia política del partido.

Encuesta de expectativa de voto
Fuente: eldiario.es

Por su parte, Izquierda Unida experimenta el efecto contrario. Según las encuestas esta formación sube entre 1 y 4 puntos, llegando así, según algunas, a duplicar su resultado con respecto al 20D. De manera que parte del voto prestado a Podemos por IU en diciembre estaría desencantado con los de Iglesias y no elegiría la opción del “voto útil” en unos nuevos comicios. De aquí a unas elecciones en junio la situación puede variar mucho pero IU ha ganado en este tiempo de negociaciones una imagen dialogante que probablemente le devuelva apoyos entre el electorado de izquierdas.

Fuente: Metroscopia
Fuente: Metroscopia

Por tanto, la relación de fuerzas entre Podemos e IU parece haber variado en estos últimos meses por lo que la propuesta de confluencia incluye ahora nuevas ventajas e inconvenientes.

Un argumento utilizado a favor de la confluencia es la suma de los millones de votos obtenidos por cada formación en la última convocatoria. La unión Podemos-IU (5,703 millones de votos y 85 escaños) habría conseguido 532.000 votos más que el PSOE aunque 3 escaños menos, debido a la ley electoral. En cantidad de votos, Podemos e IU se habrían situado como segunda fuerza política por detrás de un PP en horas bajas y habría supuesto, en parte, un sorpasso del PSOE. Pero que se unan los partidos no conlleva que se sume también necesariamente la cantidad de votos. La aritmética sólo percibe términos cuantitativos ya registrados y no detecta la aceptación que tendría la unión de estas formaciones ni el comportamiento de los votantes ante unas nuevas elecciones.

Sin embargo, las primera discrepancia llega con la definición del tipo de confluencia. Ante la idea de Garzón de acudir conjuntamente a las elecciones del 20D, Podemos propuso que algunas personas de IU pudieran incluirse en las listas del partido y solo aceptó la confluencia en Galicia , Cataluña y Valencia. Garzón rechazó la opción de las listas y ahora ha propuesto una colaboración electoral a nivel estatal en la que se reconozca a IU como fuerza independiente. También se descubre un debate grande si se habla de la composición de las listas ya que la previsible colocación de Garzón en los primeros puestos desplazaría a algún dirigente de Podemos. Estas condiciones son líneas rojas en la negociación para IU pero en Podemos parece haber una posición más flexible que la de diciembre. El sector más afín a Iglesias y los anticapitalistas aceptan una colaboración admitiendo la autonomía de IU aunque el Secretario Político del partido, Ínigo Errejón sigue mostrándose reticente a la confluencia , no ya por una cuestión de forma sino por una cuestión de discurso.

Aunque estos dos partidos tengan algunas discrepancias programáticas, es en la estrategia comunicativa dónde reside una de sus mayores diferencias. Mientras que en Podemos han apostado por la transversalidad, en Izquierda Unida han preferido un discurso identitario de izquierdas. La formación morada nació como un partido que buscaba la centralidad del tablero superando las etiquetas de izquierda y derecha para plantear una ideología diferente a estas tradicionales concepciones políticas. Uno de los máximos impulsores de esa estrategia es Errejón que ve a través de esta vía la forma de crecer y de ganar a “gente muy diferente”. Por ello, se ha negado a hacer “refritos o sopas de siglas” con la vieja IU, para no perder esos votantes centristas y descontentos seducidos por la idea de “los de abajo contra los de arriba”. La posible pérdida de votos del centro y del discurso de la transversalidad ha sido lo que hasta ahora ha hecho que Podemos rechazara la confluencia con IU, y , a su vez, ha sido lo utilizado por IU para culpar a Podemos de moderación.Por su parte, IU ha seguido abogando por “rearmar la izquierda” frente a una derecha en ascenso (según las últimas encuestas) y ha rechazado la idea de la transversalidad por no ser un instrumento rupturista.

Más allá de las posiciones oficiales de cada partido, existen también voces internas diferentes en ambos. En Podemos apuestan por la confluencia Pablo Iglesias, Pablo Echenique, los anticapitalistas y Ada Colau (aunque no pertenezca a Podemos). Además, tras el 20D se han empezado a escuchar en algunos dirigentes de Podemos expresiones y reivindicaciones propias de la Izquierda clásica como muestran algunos guiños que Iglesias hizo en la sesión de investidura: Me van a permitir que homenajee la memoria de Salvador Puig Antich, asesinado por la dictadura hace 42 años. Me van a permitir también que homenajee la memoria de los trabajadores de Vitoria, asesinados hace 40 años por defender los derechos sociales de todos”.Es pronto para asegurar un cambio de estrategia en Podemos pero su crisis interna, la imagen de culpabilidad por la ausencia de gobierno y , en menor medida, el descenso de popularidad de Pablo Iglesias podrían estar anticipándola. Esta nueva estrategia, más dirigida a apostar por afianzar su tipo de votante más afín, es la que podría acercarle a una confluencia con IU. En IU, Gaspar Llamazares (excoordinador federal de IU y líder de Izquierda Abierta) y Cayo Lara (actual coordinador) son críticos con las posiciones de Garzón (candidato por la formación en las últimas elecciones generales) y rechazan de plano una confluencia con Podemos. Muestran su temor a ser absorbidos por el partido de Iglesias y avisan de que parte de IU no votaría a esa coalición.

Fuente: Metroscopia
Fuente: Metroscopia

Las estrategias no están claras pero los sondeos de Metroscopia perciben que la mayoría de votantes de ambas formaciones creen que debería formarse una coalición si se repitieran las elecciones generales. Un dato llamativo es que son más los votantes de Podemos conformes con esta unión que los de IU, a pesar de que el voto de podemos sea más heterogéneo y con más votantes de centro reacios a los extremos. Sin embargo, a la hora de votar esta coalición sería bastante menos respaldada. La votarían probable o seguramente un 89% de los votantes de Podemos, un 67% de los votantes de IU y solo un 21% de los votantes del PSOE. La duda es, ¿conseguiría una coalición Podemos – IU ganar los suficientes apoyos en la izquierda y el centro izquierda para situarse como segunda fuerza política? Esto dependería en gran parte de la percepción de esta coalición por parte de los votantes y de la estrategia que los partidos adopten para ganar los votos del centro o de la izquierda descontentos con el PSOE. Es una opción arriesgada porque es posible que aunque esta coalición no genere un gran rechazo tampoco genere los suficientes afectos como para producir una gran cantidad de votos.

Para este análisis ha sido consultado el barómetro electoral de Celeste-Tel del mes de marzo para eldiario.es y el sondeo de Metroscopia del mes de abril para El País.


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Cristina Dolz

Estudiante de 4º de Periodismo. Entiendo el periodismo como una herramienta imprescindible para resolver preguntas o, al menos, plantearlas. Me gusta decir que soy feminista.
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