Uno, dos, tres, cuatro… y así hasta diez, veinte, treinta o el número que haga falta para completar cada serie del calentamiento. Multitud de niñas entrenan su amplitud de piernas y su flexión de espalda. Da igual que estén tumbadas o de pie, las piernas marcan las nueve y cuarto o las seis en punto, según las mires. O aún más allá, se ayudan de obstáculos más altos como sillas, espalderas o colchonetas para mejorar su apertura. En el caso de la flexibilidad dorsal se agarran los brazos por parejas hasta doblarse todo lo que puedan. Por supuesto, siempre bajo las directrices de la entrenadora.

Se trata de la gimnasia rítmica, concretamente del Club Huécar de Cuenca, el único de competición que cuenta con todas las categorías en esa ciudad, pues, por ejemplo, “en Guadalajara hay ocho clubs”, comenta Olga Solana, tesorera de esta asociación. Aunque no es el único conjunto de este deporte en Cuenca, también está el Club Esperanza Calvo. En este caso, solo entrenan de la categoría mini-benjamín a cadete, y las únicas competiciones que se preparan, al menos este año, son tres individuales para el nivel base. “La falta de dinero en nuestro club ha repercutido en el número de horas de entrenamiento que se han reducido a seis semanales y eso no es suficiente práctica para poder competir. En esto también influye la bajada del número de alumnas: no tenemos las niñas necesarias de la misma categoría para crear un conjunto”, se lamenta Sara Calvo, una de las entrenadoras del club. Aún así, son treinta gimnastas, más que el primer club, que tiene veinticuatro, pero cuenta con la ventaja de que lleva la gimnasia rítmica de las escuelas, aumentando entonces el número de alumnas a cincuenta. Respecto a las horas de entrenamiento son nueve a la semana, las necesarias para conseguir estar dentro de las mejores de la región, pero no las suficientes para destacar a nivel nacional, o al menos así lo destaca Olga.

Los entrenamientos

Los dos clubs llevan un recorrido de más de veinte años, pero a día de hoy, el Club Huécar es evidente que es superior. Solo con asistir a los entrenamientos se puede apreciar la desigualdad entre ambos. En el primero, dedican cada hora a una cosa diferente: empezando por el calentamiento pasan a la técnica corporal donde se incluyen giros, saltos y equilibrios individualmente y terminan con el manejo de aparatos cuando no es época de competiciones, si no, se dedican a montar los bailes. Por último se hace una pequeña preparación física y estiramientos. Son entrenamientos más exigentes y técnicos que los del Esperanza Calvo, pues también añaden una hora semanal de danza y varias pruebas físicas a lo largo del año para ver en qué estado se encuentran las gimnastas antes, durante y después de las competiciones y lo que mejoran. El Esperanza Calvo, sin embargo, se ve obligado a reducir el tiempo que dedica a cada aspecto del entrenamiento y, por tanto, no es tan profundo. “Antes también teníamos danza como complemento pero el poco dinero ya no nos permite darla”, añade Sara.

Alumna del Club Esperanza Calvo haciendo un enganche al lado. Fuente, Violeta P.
Alumna del Club Esperanza Calvo haciendo un enganche al lado. Fuente, Violeta P.

Otra diferencia del entrenamiento es que en el Huécar todas practican aparato (pelota, cuerda, mazas, aro o cinta), incluidas las escolares, aunque aún no tengan la edad mínima que establece la Federación de Gimnasia Rítmica para competir con aparato, que son los ocho años, según aclara Ester Martínez, una de las entrenadoras de este club. Las pequeñas de su asociación ensayan cuerda y la categoría de preferente-B, mazas, “así cogen soltura y tienen más habilidad cuando les toque ese aparato”, explica Ester, “lo que no quiere decir que dejen de lado el aparato que les corresponde en ese momento”, continua. Por ejemplo, dentro de las escolares, unas compiten en manos libres y otra practica su individual con aro, mientras que dentro de las preferentes-B, una ensaya mazas y el resto cuerda. Sea de una manera u otra, cada gimnasta practica individualmente y a su ritmo las dificultades y técnicas de su baile para luego revisarlo con la monitora durante unos minutos. “Ningún alumna se vuelve a casa sin que la entrenadora haya visto y corregido su montaje”, expresa Ester.

Niña escolar del Club Huécar practicando su individual con aro. Fuente Violeta P.
Niña escolar del Club Huécar practicando su individual con aro. Fuente Violeta P.

No solo hay diferencias. La disciplina de las alumnas es un aspecto común dentro de las filosofías de ambos clubes: interiorizan las correcciones y repiten una y otra vez hasta que les sale el ejercicio. Se nota, sobre todo, en las más pequeñas que parece que tienen como referencia a las mayores de su club y son conscientes de que con esfuerzo pueden conseguir llegar hasta donde ellas. Les enseñan a ser responsables y “las niñas saben que el entrenamiento es lo primero, lo que no influye en dejar de lado sus estudios”, explica Olga. Además, en verano no hay parón, solo las vacaciones mínimas merecidas – quince días en el caso del Huécar y el mes de agosto entero en el de Esperanza Calvo-. Aunque dentro de esto, hay otro detalle más que aleja a un club de otro: el primero sigue entrenando para los conjuntos y el segundo ensaya las exhibiciones de las fiestas de San Julián de la ciudad.

Economía de los clubs

¿Cuál es la distinción más profunda entre un club y otro? El dinero que reciben de subvenciones, el cual depende del número de competiciones al que se presente el club, según explica Olga. “Nosotras -el Club Huecar- intentamos que vayan todas las alumnas a competir aunque no sea dentro de su categoría. Las presentamos al nivel en el que estén dependiendo de su calidad de gimnasta, incluidas las de las escuelas”. De esta manera, bajo las palabras de la tesorera, el Huecar recibe por parte de la Diputación, único órgano de subvenciones después de que el Ayuntamiento retirara sus ayudas, 2100 euros por un lado y 485 por otro. Éste último es para poder organizar el Trofeo Ciudad de Cuenca de Gimnasia Rítmica, al que vienen gimnastas de toda España y es una manera de que las infantiles preparen sus individuales para las competiciones. La cantidad de 2100 euros se debe, aparte de por estar registrado en entidades deportivas, a la gran cantidad de competiciones a las que van, siempre y cuando estén justificados los desplazamientos, comidas, alojamientos y licencias. Sin embargo, el segundo club recibe, de la misma entidad, solo 800 euros, pues le número de competiciones a las que asisten es mucho menor.

“La Diputación te cubre lo mínimo de las competiciones federadas, pero las amistosas no. Aún así tienes que pagar por federarte a Castilla-La Mancha, si quieres ir a campeonatos, 100 euros y la misma cantidad si quieres asociarte en el nacional. Además, cada gimnasta que compite tiene que federarse individuamente y pagar por cada competición y música”, aclara Yolanda Calvo, la delegada de este deporte en Cuenca. Por esta razón, Sara dice que su club no va a tantos torneos “ya que no todos los padres disponen del dinero suficiente para que sus niñas compitan”. Entonces es la pescadilla que se muerde la cola: menos alumnas conlleva a un número menor de competiciones y, por tanto, supone recibir menos dinero y eso repercute, a su vez, que las niñas no puedan pagar tanto, y vuelta a empezar. Aunque por los pelos, este club sabe sacarse las castañas del fuego haciendo talleres de manualidades y bailes y ofertas con el Club de patinaje Hoz del Júcar. Además, preparan exhibiciones de Navidad, que es lo que estaban ensayando cuando fui a visitarlas. Por ejemplo, para la Carrera del Pavo, se turna con el Huecar y cada año lo festeja un club, establecido así por el concejal de deportes.

Benjamines del Club Esperanza Calvo practicando la exhibición de Navidad. Fuente Violeta P.
Benjamines del Club Esperanza Calvo practicando la exhibición de Navidad. Fuente Violeta P.

Da igual si un club se dedica más a competiciones que a exhibiciones, o viceversa, o si hay rivalidad entre ellos, lo que las entrenadoras dejan claro es que ambos, desde sus inicios, son sin ánimo de lucro y la falta de dinero les está repercutiendo a la hora de poder llegar más lejos. “Es un deporte minoritario y eso tiene sus consecuencias. Todo está cada vez más caro, incluso, el Ayuntamiento pide dinero por entrenar en cualquier pabellón público, aunque sea de un colegio, y encima ha retirado sus subvenciones”, se queja la delegada de gimnasia rítmica de Cuenca. Pero cuando se ama tanto un deporte se hace lo posible por que siga en pie, y eso es lo que hacen el Club Esperanza Calvo y el Club Huécar.

 

The following two tabs change content below.

Violeta Puerta

Latest posts by Violeta Puerta (see all)

Leave a Response