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Dicen que irse de intercambio cambia la vida. A Patricia Simón, la galardonada periodista especializada en derechos humanos con enfoque de género, le sirvió irse a Francia para unir los asuntos internacionales a su vocación periodística. Después de viajar a Brasil en 2005 y conocer el trabajo de Carmina Bascarán sobre el trabajo esclavo en ese país, Patricia supo cómo quería desarrollar su oficio. El meollo de la cuestión sería cómo. La ex – subdirectora de Periodismo Humano habla de lo que significa ser una periodista independiente en los medios digitales.

¿Por qué eligió ser periodista freelance, huir de los medios tradicionales y volcar su trabajo a un medio web independiente?

Yo tenía mucha suerte porque el programa de televisión en el que empecé  en segundo de carrera de periodismo, era un programa de debates que abordaba temas de actualidad todo a fondo y de  con mucha claridad y profundidad participaban expertos en el tema mucha gente del mundo académico y jóvenes. La tele no me gustó por lo que tiene de preparación desde afuera, lo del poco tiempo que tiene una vez que ya estás en emisión,  y porque lo que siempre me ha gustado ha sido escribir.

Conformamos una productora un grupo de personas que venían el mundo de la cooperación al desarrollo y del periodismo que se llamó Piraván, con la idea de hacer documentación, periodismo audiovisual y documentales en un momento en el que los medios de comunicación, en plena burbuja especulativa en España, decían que la información internacional era muy cara y que por eso no la abordaban. Era el momento en que se habían abaratado muchas cámaras de televisión, los programas de edición y que podíamos empezar hacerlo con equipos muy pequeñitos. Hicimos documentales, información sobre derechos humanos y entonces ya la excusa no era el bajo coste si no que a la gente no le interesaba esos contenido. Te estoy hablado del año 2007 – 2008.

Fue allí cuando decidimos montar Periodismo Humano porque si los medios no quieren ese tipo de contenido, nosotros pensamos que a la gente si les interesa, pues hagamos un medio y empezamos un grupo. Me acuerdo que el promotor era Piraván, que es de donde surge; estaba Jacinto Braña, estaba Javier Bauluz, estaba yo, luego empezamos con corresponsales, extranjeros; éramos como 28.  Fue una etapa muy bonita porque en ese momento era 2010 y no existían medios con este enfoque. Creo que cumplió mucho su función de abrir nuevas miradas, de cuestionar cómo se estaba haciendo el periodismo en los medios tradicionales y puso sobre la mesa un montón de asuntos que en aquel momento no se abordaban.

Al final en Periodismo Humano como estaba pues como subdirectora, me llevaba muchísimo tiempo la gestión y estaba dejando de lado la práctica periodística y por eso en el 2013 lo dejo para volver al ejercicio. Ahora mismo: uno, yo quiero vivir en el campo, en una ciudad pequeña, nunca me ha gustado vivir en grandes ciudades. No puedes hacerlo en el medio tradicional que además está despidiendo gente y no contratando; y, además que los temas que a mí me interesan, necesito pensar en diferentes medios porque para empezar me interesan temas muy diversos. Realmente lo que estoy haciendo mucho es trabajo de consultoría y campañas de sensibilización, que es periodismo pero financiado por ONG; eso es incompatible con un medio tradicional.

Precisamente quería preguntarle sobre su trabajo en la productora Piraván y en Periodismo Humano ¿Cuál ha sido el impacto de la utilización de medios, herramientas digitales y los formatos multimedia para hacer llegar este tipo de periodismo al público en general?

Cuando empezamos con Piraván estábamos en un momento de súper crecimiento económico en España y que los temas internacionales y de derechos humanos casi que habían desaparecido en los medios tradicionales. Era un momento en que los dominicales, que siempre habían sido un espacio tradicional para reportaje de profundidad, se convirtieron en el escaparate de los muebles y la ropa de diseño que ni siquiera los lectores de estos medios tenían poder adquisitivo, pero era la imagen que proyectábamos. El abaratamiento de las herramientas de las cámaras sí que nos permitió hacer cosas al principio muy chula.

El impacto fue había mucha gente que efectivamente se estaba informando a través de internet que ya no compraba prensa; que tampoco la televisión porque no tenía credibilidad en muchos casos, y de repente tenían internet, esa posibilidad de ver vídeo y multimedia que España apenas se estaba haciendo. Entonces eso sí que tuvo en base además porque eran sobre crisis humanitaria o sobre temas como las diferentes formas de violencia contra la mujer en Guatemala o cuando todavía en Colombia no se hablaba de todas las formas de afectar a la población civil de la guerra, del acoso a los periodistas. Creo que realmente el impacto vino, eso fue como un entrenamiento, cuando la crisis llegó a España y todos esos temas de derechos humanos que estábamos haciendo en el ámbito internacional de repente los hicimos aquí: temas de desahucio, de frontera sur con las migraciones y ahí sí que tuvo mucho más impacto porque la gente al final quiere saber de lo que está cerca.

A mí me gusta mucho más el escribir que el vídeo. Tengo que decir que cuando ves al final a la persona hablándote cara a cara personalmente ella, verbalizando sus emociones, sus análisis, sus percepciones de la realidad; tiene muchísima más fuerza que el texto escrito, y soy una fiel defensora del reportaje escrito y eso que más disfruto muchísimo más que con el video y editando. Pero es verdad que la voz y el rostro hablando, es muy difícil de conseguir.

Entre sus trabajos los temas recurrentes son las explotación sexual, la trata de personas, recientemente los refugiados, ¿cómo se puede innovar al contar este tipo de historias?

Creo que la obsesión no tiene que ser la innovación si no aprendizaje continuo sobre cómo mejorar a la hora de contar estas historias, cómo ser más justos con los protagonistas de nuestras historias, cómo huir de los estereotipos y de las simplificaciones, cómo darle a esas personas la globalidad  en su experiencia y la profundidad que merece de huir en el momento que eran más vulnerables y contar como ellas se enfrentaron a esas situaciones, de cómo siguieron con sus vidas pese a todo. Muchas veces nos quedamos con el momento de mayor dolor o la vulneración de derechos fundamentales más terrible.

Lo interesante no es que te violen, que eso hay que denunciarlo, decenas de solados como pasó en Guatemala durante la guerra civil, una forma de genocidio contra las mujeres indígenas. Si tuviéramos que contar esa historia en un reportaje de 500 palabras, probablemente tendría que reducirlo todo a los hechos básicos y nos perderíamos lo que hace apasionante la historia.

Es común encontrar que  sus publicaciones están diseñados muchos productos en forma de páginas web. Por ejemplo nohabrapazsinlasmujeres.com sobre el rol de la mujer en el conflicto colombiano y palestino, y recientemente sobreviviralebola.org  que dirigió para Médicos del Mundo. ¿Por qué escoge presentarlos como páginas web?

Pues porque uno, es más barato; dos, llega muchísima más gente, no tienes que imprimir, ir repartiéndolos y demás; tres, rompe con las fronteras y es igualmente interesante aquí que en cualquier sitio; y, luego eso se queda allí como centro de documentación hasta que siga funcionando el dominio, es decir, eternamente. Una vez que se invierte en este tipo de contenidos y muchas veces con dinero de la ciudadanía por las donaciones o con dinero público, pues qué menos que sea accesible a todas las personas que puedan estar interesadas y que pueda estar accesibles dentro de 10 años.

El valor testimonial de las personas que nos regalaron su tiempo e intimidad para contarnos esas historias van hacer útiles en cualquier momento. Además amplías también al público objetivo porque ya no solamente la ciudadanía que pueda estar interesada en saber cómo es la situación en Sierra Leona después del ébola, sino que dentro de 7 años se hace una investigación académica sobre el derecho a la salud o cómo se abordó el ébola o el conflicto en Colombia, pueden acudir a ese material. Es como un cajón va a estar allí y puede ser útil para gente y momentos variados.

¿En qué contextos o situaciones es necesario para usted trabajar en redes colaborativas con otros periodistas u otro tipo de profesionales de otras disciplinas y en cuáles prefiere usted trabajar autónomamente y ser una periodista multifuncional?

Mi ideal sería siempre trabajar en red, lo que pasa es que supone de más tiempo y que todo el mundo entienda o quiera dedicarse a ese tema para hacer trabajos en global. Me es muy útil cuando voy a trabajar en un país en el que no he estado y con periodistas que me sirvan para aterrizar, entender mejor el contexto, buscar contactos o trabajar conjuntamente y colaborativamente en el terreno. En general para trabajos de más de actualidad, entrevistas o para una publicación tal y como están pagándola ahora mismo 60 – 70 euros, no te puedes permitir realizar un trabajo hiper-colaborativo con muchísima gente porque  aparte de que no sea rentable, no va a tener el espacio ni la cobertura necesaria. Por ejemplo, un especial como el de la trata sí fue colaborativo y fundamental porque aprendí mucho de trabajadores sociales, psicólogos, abogados, de diferentes organizaciones, educadores sociales, cooperantes;  que luego apliqué en otros temas. Creo que eso es lo que ha permitido que ese especial siga siendo todavía un material que la gente consulta, que me siguen invitando a cosas por ese especial y que sigue estando de una manera de actualidad. Además si en cualquier momento decidiéramos actualizar y añadir nuevos capítulos, estaría plenamente vigente.

Las redes sociales son una plataforma de divulgación para los trabajos independientes como el que usted realiza, pero puede resultar costosa para un periodista freelance si encuentra en un sitio aislado o lejano. ¿Cree que son herramientas imprescindibles o representan alguna desventaja?

Para mí Facebook es súper útil porque es verdad que los contactos son muy proactivos con lo que comparto ahí y es un entorno más amigable. En el caso de Twitter, creo que es una cuestión de personalidad y me cuesta hacer cosas muy resumidas, los 140 caracteres me limitan mucho. En los últimos meses la he intentado reactivar porque es una plataforma muy buena y eficaz para divulgar nuestros trabajos. De alguna manera el contexto de los periodistas te exige o demanda que estén.

Pero para reportajes, crónicas y cosas de profundidad no hace falta estar tuiteando. Hay gente que tiene un gran talento para el Twitter, para ellos es una herramienta fundamental. Son formas de abordar el periodismo absolutamente complementarias, igual de legítima y útiles. Pero, encumbrarlas y obsesionarnos con ellas, y pensar que somos lo que dicen nuestros seguidores, o abordar temas que pensemos van a tener una gran acogida en los medios y en las redes sociales, me parecería un error. Me parece que hacer periodismo no es hacer lo que nos piden las redes sociales. Hay veces que en las redes sociales hay temas que tienen más acogida y otros menos. Dejarnos guiar por eso sería incumplir nuestro mandato. No hablaríamos de Sudán del Sur  o Guatemala porque no suelen importar y hablaríamos mucho más de Palestina y de Siria. Para mí el soporte es lo de menos, a cuanta más gente llegue, mejor.

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Estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena, Colombia. Becaria del Banco Santander en la UCLM 2016-1. Soy hija del Caribe. Lo mío es la música, la radio y la investigación.
Liz Andrea Zarco

Liz Andrea Zarco

Estudiante de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena, Colombia. Becaria del Banco Santander en la UCLM 2016-1. Soy hija del Caribe. Lo mío es la música, la radio y la investigación.

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