Es semana santa y el bar del pueblo está más concurrido de lo habitual. El ruido de la cafetera no cesa y en el ambiente se respira una atmósfera de esparcimiento y alegría, un ambiente insólito, motivado por el reencuentro de viejos amigos y conocidos del pueblo. Un clima que hace recordar tiempos pasados en los que este encantador municipio de la Serranía conquense rezumaba vida. En el que en las calles se podía contemplar un constante ajetreo de personas comenzando su rutina diaria. En el que en la Plaza Mayor jugaban docenas de niños con la única preocupación de la diversión, pero que entonces no sabían que su futuro no estaba en esa plaza, ni en ese pueblo, ya que muchos de ellos habrían de salir de allí para encontrar una oportunidad.

Nos encontramos en Campillos-Sierra, un municipio situado en la Serranía de Cuenca, a aproximadamente 80 kilómetros de la capital de provincia, y que cuenta durante el invierno con una población de poco más de 30 habitantes, número que se incrementa en verano o en festivos, cuando la localidad vuelve al menos a ser una sombra de lo que una vez fue.

Quedamos en el bar del pueblo con Eduardo Jiménez, uno de aquellos niños que antiguamente corrían por la plaza sin preocupaciones, y que se muestra contento ante la oportunidad que se le brinda de contar su historia, una entre las muchas que podríamos encontrar similares a la suya. “Yo me fui del pueblo con 23 años, directo a Barcelona. Me encontraron trabajo en la empresa de mi tío donde me dieron 2 meses de prueba. Me fui en mayo y a finales de julio me decían si continuaban conmigo o no. ¿Qué iba a hacer yo allí si no tenía trabajo? Entonces en julio me dijeron que continuaba, que me hacían un contrato de un año”.

Lo que hizo Eduardo ha sido algo generalizado en las últimas décadas, la gente sale del pueIMG_5023 (1)blo para labrarse un futuro mejor y esto hace que la despoblación avance sin que se lleven a cabo alternativas de repoblación que no solo frenen este problema, sino que sirvan para que los pueblos vuelvan a tener vida. Según el INE, la provincia de Cuenca tiene una densidad poblacional de 13 habitantes por kilómetro cuadrado, con un total de 218.036 habitantes en una superficie de 17.141 km cuadrados, siendo una de las provincias menos pobladas de España solamente por detrás de Teruel. Esta despoblación se acrecienta aún más si nos centramos en los datos de la Serranía de Cuenca, donde según el Plan de Zona de la Serranía de Cuenca elaborado en 2011 por la Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha, casi el 50% de los municipios presentan una densidad inferior a los 2,87  habitantes por kilómetro cuadrado y en términos de dimensión municipal, la media es de 195 habitantes por municipio, aunque también hay muchos de estos pequeños municipios que presentan menos de 100 habitantes.

Campillos-Sierra es un pueblo que se ha visto afectado de manera abultada por este fenómeno. Según el histórico de población del INE, el pueblo contaba durante las primeras décadas del siglo XX con cerca de 500 habitantes. En la actualidad tiene escasamente 35 y es el mejor ejemplo del éxodo rural por falta de oportunidades. Según Eduardo, las oportunidades en una localidad con una población en descenso y extremadamente envejecida eran mínimas. “Aquí en el pueblo no había ningún futuro, yo había estado 5 años estudiando Maquinaria y Herramientas y pensé que para algo me tenían que servir esos años estudiando, no para dedicarme al ganado aquí en el pueblo”.

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Pero no fue una decisión fácil para él, Eduardo nos cuenta que para un joven de pueblo es difícil adaptarse a la vida de una gran ciudad como Barcelona dejando todo atrás, a sus padres pero sobre todo a su hermano. “A mis padres no les gustaba la idea de que me fuera solo, sobre todo a mi madre, pero también entienden que era por mí, por labrarme un futuro mejor del que me esperaba en el pueblo. Mi hermano… bueno, él es diferente, cada uno tenemos una manera distinta de ver la vida, él es más de pueblo y yo siempre he sido más emprendedor o más independiente, pero sin embargo una de las cosas más difíciles al irme del pueblo fue dejarlo a él atrás”.

Según nos dice, él tuvo suerte al salir de su pueblo, ya que se iba con un trabajo seguro, al contrario que muchos otros jóvenes que habían hecho lo mismo que él. “Otros muchos se iban con lo puesto y a la aventura, con una mano delante y otra detrás. Yo al menos me fui con trabajo y sabiendo lo que iba a hacer y, mínimamente, como iba a ser mi vida. Ahora ya estoy asentado allí y no me plantearía volver al pueblo para vivir, aunque sí que me haría ilusión cuando me jubilase”.

“La solución es que la gente que quiera vivir en los pueblos puedan vivir en ellos de forma voluntaria.”

 

Y es que lo que comenta Eduardo es más importante de lo que parece. Volver al pueblo es algo que poca gente se plantea, pero traer de nuevo a gente a estas poblaciones, personas que vengan de forma voluntaria, sería algo que no solo frenaría la despoblación, sino que serviría para que unos municipios que tienen más que ofrecer de lo que parecen, volvieran a recuperar la vida que perdieron.

 

Así lo cree Víctor Alcocer, gerente de PRODESE (Asociación Promoción y Desarrollo Serrano). “Seguimos perdiendo población, no hay ningún pueblo que haya subido o se haya mantenido, lo contrario, se ha perdido población. ¿Qué cosas hacer para frenar la despoblación? Se ha hablado mucho, se ha escrito poco, porque la gente no se atreve a tomar medidas de urgencia o de freno. Para que los pueblos no se queden abandonados, podemos seguir incentivando con dinero. Yo creo que esto no es la solución. La solución es que la gente que quiera vivir en los pueblos puedan vivir en ellos de forma voluntaria.”

Pero a Eduardo la idea de volver al pueblo nunca se le pasó por la cabeza, al fin y al cabo solamente consistía en adaptarse a un nuevo trabajo y a una nueva ciudad. “No, la verdad es que no. Nunca quise volver, me centré en adaptarme a la vida allí, el que quiere conseguir algo, algo le cuesta. Yo tenía un trabajo allí y la oportunidad de sacar mi vida adelante, por lo que siempre tuve claro que me tenía que adaptar a lo que fuera”.

En cuanto al estado de su pueblo, Campillos-Sierra, nuestro entrevistado se mostró algo pesimista. Sus previsiones de que Campillos se volverá un pueblo fantasma vienen fundadas sobre el estado de la población, cada vez más escasa y longeva, algo que da pocas razones para el optimismo. Esta perspectiva de futuro de la localidad viene acompañada de un sentimiento de pena. Para Eduardo, se necesita en estos pueblos alguien que se atreva a crear nuevos empleos, a explotar las materias de la Serranía. “Vamos a ver, esto es la pescadilla que se muerde la cola. Si la gente se va porque no hay nada, al no haber gente tampoco vendrá nadie  a explotar nada porque igual no hay la mano de obra necesaria tanto de cantidad como de cualificación

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En este sentido es en el que trabajan los grupos de acción local de la Serranía. No solo en la explotación de los recursos que ofrece la Serranía, que son muchos y variados, pero de los cuales el aprovechamiento queda muy limitado al encontrarse en un parque natural y al tener que adaptarse a una determinada normativa y política ambiental. Según nos cuenta Víctor Alcocer, gerente de PRODESE, “el medio ambiente está limitando los usos, pero existe el turismo activo. Antes era impensable que 20 chavales vinieran un sábado por la mañana, desde Madrid a Villalba de la Sierra, y que pagaran un dinero por hacer un descenso de cañones por el río. Ahora es una realidad”. “Ahora el río no lo usa solo el pescador tradicional, tiene más usos, por lo que la política medioambiental de uso del río ha ido actualizándose”.

Y siguiendo el hilo sobre los grupos de acción local, instituciones públicas e iniciativas necesarias para el resurgir de los pueblos de la Serranía, Eduardo admite no conocer ninguna, ya que al no vivir el Campillos es complicado. “Lo que sí creo es que algo habría que mejorar, por ejemplo la comunicación entre la diputación y los habitantes de estas zonas. Dan subvenciones para arreglar caminos, pero esa no es la solución a este problema”. Esto es algo que coincide con lo que se afirma desde PRODESE, pues para esta asociación, conceder subvenciones no es la solución. Según su gerente, “la Unión Europea comenzó a subvencionar a agricultores y ganaderos en temas como el turismo. Se empezaron a dar ayudas para la construcción de casas rurales, pero en ese momento lo que ocurrió es que había muchos beneficiarios que nada sabían de turismo. Algunas subvenciones llegaron a ser enormes, pero muchas veces los compromisos eran muy pequeños y los requisitos que se exigían para recibir una subvención eran muy escasos, por lo que no acabaron de existir buenos alojamientos rurales”.

“A las personas que tienen el poder no les importa la gente de estos pueblos porque piensan que su aportación a la sociedad es insignificante.”

 

Eduardo también cree que hay un descuido por parte del gobierno regional o más bien una falta de interés sobre esta problemática. Este es uno de los motivos por los que las instituciones no la abordan de manera seria, sino más bien solamente con medidas que sirven para paliar. “A las personas que tienen el poder no les importa la gente de estos pueblos porque piensan que su aportación a la sociedad es insignificante. ¿Qué aporta un pueblo de 30 habitantes? Por otro lado, los medios de comunicación tampoco se hacen eco, y cada vez la gente sabe menos”. Y en este sentido Eduardo tiene razón, pues la preocupación por estos pueblos de las instituciones es escasa, ya que los votos (principal preocupación de los gobiernos de las instituciones) que salen de estas poblaciones son pocos.

Siguiendo con el hilo político que tiene de trasfondo el tema de la despoblación en pueblos como Campillos, nuestro entrevistado nos habló sobre la iniciativa de la supresión de las diputaciones pactada por PSOE y Ciudadanos. Para él, las diputaciones son las únicas instituciones que se preocupan en dar algo de ayuda a estos pueblos. La supresión de las diputaciones supondría un efecto muy negativo en el intento de crecimiento de estas poblaciones.

Estamos por tanto ante la situación de casas vacías que necesitan quién las habite y en las que personas sin hogar en nuestro país o gente que se encuentre en una situación desesperada, tal como familias de refugiados, probablemente estarían dispuestos a habitar. Nuestro entrevistado sin embargo, no está del todo convencido de que esto pueda llegar a ser una solución, ya que para él sería algo complicado. “Si estuviese bien regulado no me importaría en absoluto que aquí viniesen familias y pudieran vivir normalmente, pero es complicado, ya que los pocos que viven aquí se las ven y se las desean para poder vivir en condiciones”. Para él la principal complicación radicaría en  cómo enseñar a estas familias las técnicas de labrar la tierra, muy diferentes a sus costumbres.

Una tierra que los más viejos del lugar han estado trabajando durante décadas y que ha dado de comer a muchas familias de Campillos-Sierra. Un pueblo en el que en muchas viviendas ya solo se puede escuchar el eco de quién un día las habitó, y al mismo tiempo un pueblo que no quiere morir. La responsabilidad de que esto suceda o no está en que se lleven a cabo las iniciativas necesarias, en que los grupos de desarrollo rural sigan trabajando como hasta ahora y sobre todo y de forma decisiva, en que desde las instituciones se hagan cosas que realmente den un vuelco a esta situación.

 

Serranía Celtibérica, una esperanza utópica

Existan organizaciones, asociaciones y plataformas que invierten tiempo y dinero en paliar la despoblación que afecta a una importante parte del territorio español. Dedican grandes esfuerzos en ser un apoyo para las instituciones; en conocer de primera mano los problemas de las zonas perjudicadas; en aportar puntos de vista diferentes a los propuestos. Muchas veces acertados y otras no, pero nunca está de más tener en cuenta nuevos planteamientos. Para problemas complejos, soluciones aún más complejas. En ocasiones, es bueno hasta echar mano de la utopía porque ésta, por muy imposible que sea, servirá para marcar un camino ¿Qué pensaría si le dijeran que para acabar con la despoblación habría que hacer un nuevo ajuste del territorio de las comunidades autónomas? El revuelo político, institucional y social no pasaría desapercibido. Y más aún si las CCAA hay cinco implicadas.

Sobre esto trabaja la Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica. Su principal objetivo es la “Difusión y desarrollo del Proyecto ‘Serranía Celtibérica” como fórmula para regeneración de un territorio”, tal y como señala su manifiesto. El impulsor de este proyecto es el Catedrático de Prehistoria en la Universidad de Zaragoza, Francisco Burillo.densidad de poblacion 1

La Serranía Celtibérica ocupa un territorio de 63.098 kilómetros cuadrados lo que equivale al doble de Bélgica, que apenas cuenta con un censo total de población de 487.417 habitantes. La densidad de habitantes no supera los ocho por kilómetro cuadrado. El conjunto del territorio lo ocupan 1.263 municipios, 107 de ellos pertenecientes a la Serranía conquense, y de los cuales más de un tercio no superan los 100 habitantes. Esto provoca que la situación sea preocupante. Como señala el único representante  de la asociación en Cuenca, José Alberto Torrijos, “Si lo comparas con otras zonas de España o la Unión Europea se puede comprobar perfectamente cómo se está llegando a unas circunstancias extremas”.

La Serranía Celtibérica es, junto con la Zona Ártica de los Países Escandinavos, conocida como la Laponia. Es por ello, que desde la asociación hayan calificado a esta zona la ‘Laponia del Sur’. Sin embargo tal y como señala su manifiesto, “nuestra situación es más crítica, la Serranía Celtibérica es un territorio desestructurado, sin cohesión interna, con un patrimonio degradado, con la mayor tasa de envejecimiento de la UE y con los índices de natalidad más bajos, por lo que está biológicamente muerta y condenada a su desaparición”.

Uno de los mayores logros hasta la fecha de la asociación es la creación del Instituto de Investigación y Desarrollo Rural Serranía Celtibérica con sede en Teruel. El principal objetivo de éste es fortalecer la unión territorial, social y económica de acuerdo al Tratado de Lisboa y el artículo 175 del Tratado del funcionamiento de la Unión Europea. Esta institución ya cuenta con la colaboración desinteresada de 120 investigadores y el apoyo de rectores de universidades como la de Alcalá de Henares, Castilla La-Mancha, Zaragoza o Jaume I de Castellón, entre otras. “Es interesante que se colabore desde la universidad encauzando trabajos de fin de grado y tesis doctorales”, señala Torrijos.

Uno de los retos que tiene el Proyecto de la Serranía Celtibérica es que desde Europa esta región sea considerada como Euroregión de protección especial. Esto aumentaría las inversiones y permitiría focalizarlas a las zonas que realmente lo necesitan. Lo que ocurre en la Unión Europea es que como los territorios se definen respecto a los parámetros de una región entera puede haber zonas que no lleguen a estar atendidas de forma eficaz, tal y como ocurre en la Serranía Celtibérica. No obstante esta zona cumple con tres requisitos para poder recibir indemnizaciones compensatorias: ser una región montañosa, estar escasamente poblada y ser predominantemente rural.

No hay una correspondencia entre la realidad física y la realidad territorial, por tanto los problemas de la realidad física no son coherentes con el concepto administrativo de ‘Comunidad Autónoma’. “Hay unos fondos que se canalizan a través de las CCAA, y esos fondos son  para todo el conjunto. Lo que ocurre, es que la Comunidad Autónoma reparte estos fondos según la población o según los votos” explica Torrijos. Por esta razón, muchas zonas se suelen quedar en ocasiones sin estas inversiones.

Una de las soluciones que propone el delegado de la Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica en Cuenca, es cambiar la división territorial del Estado, lo que supondría  que habría que cambiar también la Constitución. “En cuanto a factible, es factible. En cuanto a dificultad, muy difícil”, explica Torrijos.

Por último, otra de las metas que tiene el Proyecto Serranía Celtibérica es el reconocimiento por la UNESCO de esta región como patrimonio de la humanidad. Esto ayudaría a fomentar internacionalmente aspectos significativos del patrimonio natural y cultural de la Serranía Celtibérica, además de ayudar a la comercialización de productos, al desarrollo y a la creación de empresas.

 

 Donde hay agua hay vida

Leonardo da Vinci dijo en su día que “el agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza”, eso es algo que tienen muy claro en Huerta del Marquesado, uno de los pocos pueblos de la Serranía de Cuenca en los que en las últimas décadas su población no se ha reducido, sino que ha aumentado, por ello es un caso particular. Y es que la vida de este pequeño pueblo gira en torno al líquido elemento, desde que en  1992 la embotelladora de agua Fuente Liviana se instaurase allí. Desde entonces, tal y como nos cuenta Higinio, propietario de uno de los cuatro bares del pueblo y a su vez alcalde de la localidad, la población ha pasado de los 120 habitantes que vivían en Huerta a principio de los noventa, a ser más de 210 en la actualidad.

Huerta del Marquesado le debe mucho al agua ya que la embotelladora da empleo directo a 65 personas, la mayoría de ellos del propio pueblo, a lo que habría que sumar otros tantos puestos de trabajo indirectos. Pero la embotelladora es la única culpable de que la densidad de población de este municipio, 5,88 habitantes por kilómetro cuadrado, duplique la media de la Serranía conquense (2,87 hab/km2), puesto que a raíz de la construcción de la fábrica se han creado nuevas empresas como una fábrica de tapones (Tapones Relasa) y una cooperativa de transporte que proporcionan empleo a otras tantas familias.

Y es que Fuente Liviana no solo puso freno a la acelerada despoblación que sufrieron durante la última década del siglo pasado, sino que hizo que muchos jóvenes que habían puesto rumbo a las grandes ciudades en busca de empleo volviesen  a casa. Ese es el caso de Andrés, un joven que con 18 años abandonó su pueblo natal para trabajar en una fábrica de materiales eléctricos en Valencia junto a su hermano. Ambos estuvieron viviendo en la Ciudad durante cuatro años hasta que la apertura de la embotelladora les dio la oportunidad de volver: “A los cuatro años que ya salió lo de Fuente Liviana pues nos subimos mi hermano y yo, echamos el currículum y como daban trabajo a la gente de aquí pues entramos los dos. Y mucho mejor, mejores condiciones y al lado de casa, que el pueblo tira mucho”.

Casos como el de Andrés han hecho que en la actualidad Huerta del Marquesado tenga su propio colegio ya que en la actualidad hay unos 25 niños viviendo en el pueblo. Porque hoy en día son pocos los municipios de la Serranía los que cuentan con colegio propio; en la mayoría de los pueblos los pocos niños que viven tienen que desplazarse varios kilómetros hasta las localidades cercanas para poder ir a clase. Por eso, para un pueblo tan pequeño, contar con un colegio es un claro indicador de vida y de futuro puesto que el porcentaje de población mayor de 65 años, aun siendo elevado, es mucho más bajo que en la mayoría de pueblos de la zona.

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Sin embargo a parte de la embotelladora, las empresas creadas a raíz de ésta y el turismo en Huerta del Marquesado la búsqueda de nuevas formas de explotar el entorno de manera sostenible no paran. Gracias a esta incesante búsqueda y a la iniciativa del consistorio y varios vecinos se ha recuperado un oficio centenario, la resinación de pinos. Higinio nos cuenta que la intención de esta iniciativa es que tanto los jóvenes como familias procedentes de la construcción u otros sectores afectados por la crisis puedan tener un trabajo y no se vean obligados a tener que abandonar el pueblo: “Podemos tener pinos, gente que quiera o le guste resinar, pero también hemos de tener la intención de que esos jóvenes resinen y esos pinos sean resinados”.Pero no solo del agua vive el hombre, ya que en Huerta del Marquesado han sido capaces de sacar partido a todos los recursos que el entorno les proporciona. El turismo es otro de los motores económicos del municipio ya que actualmente existen varios alojamientos rurales que han sabido aprovechar las nuevas formas de turismo en la naturaleza. Así nos lo cuenta Concha, que regenta uno de los alojamientos rurales que hay en la localidad: “Gracias al entorno podemos decir que tenemos trabajo todo el año, a parte del verano, en otoño tenemos las setas, en invierno la caza y con el buen tiempo de la primavera lo que más demanda la gente es el senderismo u otros deportes de aventura”.

Hay quienes dirán que es suerte, incluso puede que haya gente que murmure que la diputación protege a las empresas. Sin embargo solo hay que darse un pequeño paseo por este pueblo, a las puertas del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, para darse cuenta de que el crecimiento de Huerta de Marquesado no es fruto de la casualidad, sino que gracias al esfuerzo de ayuntamiento, empresarios y, sobretodo, al esfuerzo de los vecinos, han conseguido crear una economía y un modelos de vida respetuoso con el entorno y que lucha contra el virus de la despoblación severa de esta mágica zona de la geografía española.

 

Reportaje realizado por:

Miguel Moya Herrada

Fernando Bustamante García

Alejandro Hernández Maestro

Adrián Peinado López

 

Nota metodológica

Realizamos nuestro reportaje sobre la población en los pueblos de la Serranía porque nos resultaba un tema cercano y pensamos que la despoblación es una verdadera problemática ante la que no se están poniendo soluciones por parte de las instituciones más allá de subvenciones para intentar pararla, afectando esto no solo a los habitantes de las poblaciones, sino también al patrimonio histórico y cultural de las mismas.

Para realizar este reportaje sobre despoblación, nos basamos en una historia de vida de Eduardo Jiménez. Él es una persona que vivió en uno de los pueblos que más despoblación sufre, Campillos-Sierra, y que se vio obligado a irse a la ciudad en busca de trabajo y una nueva forma de vida para poder tener un futuro. La manera de acceder a él fue a través de conocidos habitantes de los pueblos de la Serranía, ya que buscábamos un perfil concreto de persona sobre la que girase nuestro reportaje.

Para complementar esta pieza principal, contactamos con algunas asociaciones que se preocupan por el desarrollo rural de la zona, entre las que se encuentra PRODESE (Asociación Promoción y Desarrollo Serrano). Conocimos las características y objetivos de esta asociación, mediante una entrevista a Víctor Alcocer, gerente de Recursos Humanos. Aparte nos proporcionó dosieres de información y datos sobre todos los pueblos de la Serranía.

Complementamos con datos sobre población y densidad utilizando la base de datos del INE sobre demografía y población en la provincia de Cuenca y el histórico de población de municipios, algo que nos permitió corroborar la despoblación alarmante de muchos de los núcleos poblacionales. También obtuvimos datos del Plan de Zona de la Serranía de Cuenca, realizado por la Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha en febrero de 2011.

En el despiece “Serranía Celtibérica, una esperanza utópica”, realizamos una entrevista al delegado de la Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica en Cuenca, José Alberto Torrijos, para conocer más sobre este proyecto tan particular que pretende un ajuste del territorio que comprende esta Serranía (que incluye gran parte de la provincia de Cuenca) y su reconocimiento como Euroregión, con unas condiciones especiales. De esta fuente obtuvimos información sobre la Asociación y algunos datos sobre la superficie que ocupa la “Serranía Celtibérica”, aparte de descubrir el poco apoyo hacia esta iniciativa en la provincia de Cuenca tanto por parte de la población como de las instituciones o incluso de los medios de comunicación, al contrario de lo sucedido en otras provincias donde sí lo ha recibido.

En el despiece “Donde hay agua, hay vida” nos centramos en Huerta del Marquesado, uno de los pueblo que mejor aprovechan el recurso del agua gracias a la embotelladora de agua Fuenteliviana. Tuvimos la ocasión de entrevistar a Higinio, alcalde de la localidad y dueño de uno de los bares de Huerta del Marquesado, que nos demostró las mejoras del pueblo gracias a la embotelladora de agua allí establecida así como las nuevas formas de explotación de recursos  naturales y forestales. También, pudimos obtener unas declaraciones de Andrés, un joven, que con la apertura de esta embotelladora tuvo la oportunidad de volver al pueblo a trabajar. También hablamos con Concha, dueña de un alojamiento rural, y que nos proporcionó información sobre las actividades que se realizaban en el pueblo.

**Destacar que  intentamos contactar con la Diputación provincial de Cuenca, pero nuestra petición fue respondida cuando el reportaje ya estaba realizado, por lo que nos fue imposible contar con la versión de esta institución.

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