«Al principio piensas que solo se trata de un juego. Un entretenimiento. Luego observas que no hace más que disparar y decir palabrotas. Se vuelve violento. Entonces es cuando te das cuenta de que has hecho algo mal. No debería haberle permitido pasar tanto tiempo delante de las pantallas. Pero ya no podemos controlarle. Ya no es un niño». M.J.H. es una de las numerosas madres que han visto cómo sus hijos han modificado tanto sus hábitos como sus conductas debido a las nuevas tecnologías.

Las nuevas tecnologías (internet, los móviles y los videojuegos) han traído numerosas ventajas a la mayoría de los hogares españoles. Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística(INE), el 67,9% de los hogares españoles cuenta con acceso a internet. Los mismos datos confirman «un aumento de más de 600.000 hogares respecto a 2011». En la actualidad, estas tecnologías sustentan el nivel de vida en las sociedades modernas y son el fundamento de la eficiencia profesional. Además, su desarrollo ha posibilitado un crecimiento tanto económico como del conocimiento, al eliminar las barreras del proceso de comunicación.

Sin embargo, según explica Mariano Chóliz, doctor en psicología por la Universidad de Valencia, en su Programa de Prevención de Adicciones Tecnológicas, «son, precisamente, las extraordinarias ventajas de estas herramientas y la fascinación que provocan en niños, jóvenes y adolescentes, las responsables en última instancia del uso excesivo que se puede llegar a hacer de las mismas». Como consecuencia de estos excesos se llega al abuso. Finalmente, como explica Chóliz, «cuando se produce un deterioro de las relaciones sociales interpersonales o de las habilidades para solucionar problemas, las tecnologías dejan de ser mera herramienta instrumental para convertirse en objetivo principal, lo cual deja el camino expedito a la dependencia de las mismas».

“Tampoco puedo estar controlándole todo el día”

Angustiada, M.J.H cuenta de qué manera su hijo, progresivamente, aumentó el número de horas dedicadas al ordenador. «Puede pasar entre cuatro y ocho horas diarias. Los fines de semana es cuando más tiempo juega». Con el paso del tiempo, M.J.H. notó un cambio en la actitud de su hijo. Cambios que, cree, se deben en gran medida a los videojuegos e internet. Preocupada por una posible adicción, se pregunta cómo debe actuar para prevenir o para tratar la supuesta dependencia de su hijo. «Al ser estudiante, el ordenador es una herramienta necesaria para llevar a cabos sus trabajos. Tampoco puedo estar controlándole todo el día puesto que no puedo abandonar mi trabajo».

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La Unidad de Conductas Adictivas (UCA) es uno de los principales recursos para aquellas personas que presentan algún tipo de adicción, ya sea a una sustancia o conducta. Este dispositivo puede encontrarse en la mayoría de hospitales de toda España. La UCA de Cuenca se halla en un pequeño módulo prefabricado de PVC anexo al hospital Virgen de la Luz. Desde la recepción, se puede observar el baño de los usuarios. Con paredes de espejo, su puerta debe permanecer siempre abierta. Pues es el lugar donde los drogodependientes deben orinar, para que se puedan llevar a cabo los análisis toxicológicos. En uno de los cuatro despachos destinados a los empleados nos atiende Ricardo García Gómez, trabajador social de la UCA.

Ricardo arguye que la adicción a las nuevas tecnologías no se puede comparar a la adicción de ciertas sustancias como las drogas. «Además de la dependencia, las drogas pueden llegar a causar unos efectos devastadores en las personas, tanto mentalmente como físicamente. Por esta razón, el tratamiento de estas adicciones será mucho más duro». Sin embargo, a pesar de las diferencias, Ricardo compara ciertos indicadores del uso patológico, que pueden servir para diagnosticar la dependencia de sendas conductas. Uno de estos criterios sería «la necesidad de aumentar el tiempo que se dedica a las nuevas tecnologías, lo que se puede comparar con la necesidad de aumentar las dosis en el caso de las drogas». También es comparable el síndrome de abstinencia, es decir, «el malestar emocional que surge cuando se lleva un tiempo sin consumir». Otra pauta similar desembocaría en «el deseo de querer abandonar estas conductas, pero al mismo tiempo sentirse incapaz de dejarlas». Por último, el principal criterio, señalado anteriormente, es aquel que supondría «dejar de realizar ciertas actividades de la vida cotidiana, como el estudio o quedar con los amigos, en favor de estas conductas».

Según Ricardo, el perfil mayoritario del damnificado por las nuevas tecnologías, a nivel general, suele ser el de «joven varón, introvertido y con dificultades para relacionarse. Este tipo de personas encuentran en las nuevas tecnologías una vía de escape, que les permite establecer vínculos con otras personas». Aunque con ciertas diferencias, M.J.H. encuentra similitud con la personalidad de su hijo, el cual «a pesar de haber desatendido un poco a sus amigos por culpa del ordenador, mantiene buenas amistades desde la infancia». En cualquier caso, explica Ricardo, «el tratamiento más frecuente para éste tipo de adicciones se basa en disminuir progresivamente el número de horas dedicadas a éstas herramientas. Pero hay que ocupar ésas horas muertas. Lo más recomendable es la práctica de cualquier actividad física, aunque siempre se aconseja el deporte en equipo, ya que permite establecer lazos entre las personas mediante el esfuerzo grupal».

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En este contexto en el que las nuevas tecnologías de la comunicación están influyendo en la cotidianidad de los jóvenes de todo el mundo, cabe destacar la necesidad de sentar las bases para la prevención de este tipo de adicciones. Ángel Manuel Turbi Pinazo, profesor de la Universidad Católica San Vicente Mártir (Valencia), propone el modelo de prevención en relación a la drogodependencia de 2002 del chileno José Armando Salazar Ascencio, Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense de Madrid. El modelo de Salazar, identificando los Niveles de Prevención ISA (Información, Sensibilización y Actitud), es adaptable al campo de la adicción a las nuevas tecnologías. Se trata de un modelo de gran relevancia ya que «describe de una forma lineal un modelo preventivo basado en la información (parte teórica), pasando por un cambio emocional (sensibilización), llegando a la acción, plasmada ésta en el cambio actitudinal, motor de la permanencia en el cambio conductual».

Además hemos de tener en cuenta la perspectiva de los factores de riesgo y protección. Como aconseja el doctor Salazar, «realzando los factores de protección y reduciendo los factores de riesgo, tanto personales, familiares como sociales, garantizaremos el desarrollo de aptitudes/habilidades para la vida». Siguiendo el enmarque de este modelo de prevención, en este campo concreto, es de suma importancia trabajar desde el ámbito familiar. «La familia es clave en la prevención de este tipo de conductas, ya que es la propia familia la principal controladora del tiempo, (y forma) que pasan sus hijos/as frente al ordenador, con videojuegos o con el móvil» Algo de lo que están muy seguras las asociaciones que dedican sus esfuerzos a prevenir y paliar estos problemas. Concretamente en Priego de Córdoba, la Asociación contra la droga Clara María, ha organizado varias charlas de concienciación en cuanto a las nuevas tecnologías. La última, el pasado 16 de Abril, consiguió reunir a decenas de padres (no tantos adolescentes, sin embargo) preocupados por la situación de sus hijos y que vieron en la psicóloga que asistió, Esther Montilla, una vía de escape para resolver sus dudas. La experta, rozó temas como la delimitación de una adicción y la problemática que conlleva el que internet y los nuevos aparatos no sean claramente considerados drogas.

Así mismo, el CAID (Centro de Atención Integral a la Drogodependencia), que se integra dentro de la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid, organizó durante 2008 el programa “Avanzamos”, cuyos objetivos eran informar a los más jóvenes sobre los beneficios y los peligros en el uso de las tecnologías. Las charlas fueron impartidas en diferentes colegios de la Comunidad madrileña y estaban dirigidas a niños de 5º y 6º de primaria. Esta asociación dedica su labor a atender las necesidades de todas aquellas personas que puedan padecer cualquier tipo de adicción.

Resulta de vital importancia, además, destacar la necesidad de una alfabetización y educación sobre el uso responsable de las nuevas tecnologías con la finalidad de prevenir la adicción de éstas. Es fundamental que la sociedad comprenda que, como afirma Mariano Chóliz, «la dependencia, cualquier dependencia, es el atentado más estúpido contra la libertad personal».

Con un esfuerzo aunado de todos estos agentes, se podría conseguir que casos como el que se ha mencionado al inicio de este reportaje, fueran tratados a tiempo y de una manera más eficaz, a través de un mayor conocimiento de los tutores a cerca de la patología en sí y valiéndose de los mecanismos que este tipo de organismos (UCA) ofrecen.

Reportaje realizado por Patricia Galiana, Elisa Palomar, Pilar Rodríguez y Andrés Crespo.

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