No todas las personas somos iguales, tanto en aspecto físico como mental. Pero no por ello somos tan distintas, ya que todas tenemos derecho, y obligación, a ser felices y disfrutar de la vida. Así sería un mundo más justo, pero la realidad se esfuerza en demostrar lo contrario. El término accesibilidad universal, anteriormente conocido como eliminación de barreras arquitectónicas, es una muestra de que el entorno que nos rodea no es igual para todos.

Entendamos dicho concepto como el grado en que las personas pueden desarrollar actividades, ya sea utilizar objetos, acceder a diferentes emplazamientos o, simplemente, pasear por una ciudad. Tareas sencillas para la gran mayoría de los ciudadanos, pero no tanto para las 3,847,900 personas españolas (el 8,5% de la población) que sufren algún tipo de minusvalía física o psíquica [1] .

Para ellas, un solo escalón puede suponer no avanzar. Las llamadas barreras de accesibilidad afectan en menor o mayor medida a estas personas, por lo que se han pensado diferentes ayudas técnicas, como el alfabeto Braille, sillas de ruedas, señales auditivas o la lengua de señas, entre otras. Pero en ocasiones obviamos que una buena accesibilidad beneficia a todos, ya sea por portar a un niño en una sillita, por motivo de alguna lesión o por estar cargado con la compra diaria. Accesibilidad es sinónimo de comodidad.

El buen hacer en los edificios públicos contrasta con otros ámbitos

En Castilla – La Mancha, la normativa que regula este aspecto es el Código de Accesibilidad, 158/1997 de 2 de diciembre. Dicho decreto busca “garantizar a las personas con movilidad reducida o cualquier otra limitación la accesibilidad y la utilización de los bienes y servicios de la sociedad» [2]. En Cuenca, quien busca que se cumpla lo expuesto en dicho código es la‘Asociación Roosevelt’, cuyo objetivo es conseguir una normalización en la vida de las personas discapacitadas.

La preside José María Martínez, que mantiene una lucha constante por ayudar a que la accesibilidad de Cuenca sea mejor. “Es un tema fundamental para la integración social”, afirma. Por su orografía, la capital conquense requiere de más ayudas técnicas que otras de la región castellanomanchega, como Albacete o Ciudad Real. Sus continuas cuestas, la ubicación del Casco Antiguo o la cantidad de barrios antiguos como El Castillo, Los Tiradores o Los Moralejos, sitúan a Cuenca a la cola de las ciudades españolas en cuanto a la accesibilidad, tabla que lidera Pamplona. Según José María Martínez, “hay un estudio integral hecho de la parte antigua de Cuenca, y está metido en un cajón. Ni una sola actuación. Entiendo que tiene un coste, pero que lo planteen a 4 años, por ejemplo”.

La Asociación Roosevelt realizó un informe en el que analizaba la situación de los centros de ocio de la capital [3]. Los datos son devastadores. En las instalaciones deportivas, suspenden el 56% de ellas, en las culturales el 60%, en los centros de ocio el 38%. La falta de plazas de aparcamiento, que no existan rampas en los bordillos o la ausencia de aseos son las causas más comunes. El caso del Auditorio de Cuenca es especialmente preocupante, ya que una persona en silla de ruedas no puede acceder debido a la cantidad de escalones que tendría que superar, y las rampas existentes son con gran pendiente y sin barandilla, además de que dentro del teatro no existen plazas reservadas.

La gestión de los edificios públicos en Cuenca sí está resultando eficiente. Desde la aprobación del Código de Accesibilidad, los problemas que existían en diferentes centros ha sido subsanado. Según José María Martínez, “antes había muchos problemas con los edificios públicos”. Pone de ejemplo el edificio de Sanidad y Asuntos Sociales, cuya entrada consta de algunos escalones, que una vez superados tiene otros 3 en el vestíbulo. La solución fue abrir una entrada secundaria en la calle adyacente. “El más problemático ahora mismo es el Ayuntamiento” afirma el presidente de la ‘Asociación Roosevelt’. El resto de delegaciones provinciales se han adecuado a la normativa, como Industria, Inmigración o Educación, además de que edificios de reciente construcción, como el de Bienestar Social, gozan de todo tipo de facilidades. Los ascensores, muy espaciosos, cuentan con un sistema de voz y los botones en braille para ayudar a los ciegos, además de tener marcado un recorrido en el suelo para facilitarles sus movimientos.

Otros edificios públicos de importancia son los centros de educación. Los institutos de la ciudad se han adaptado y han subsanado rápidamente los problemas. “La experiencia personal es que, si no hay un problema, el colegio se queda como está. Si hay algún niño con problemas de movilidad, la Administración suele resolverlo en un periodo de tiempo relativamente breve” cuenta Luis Antonio Rosillo, un profesor conquense que ha desarrollado su actividad laboral en diferentes centros de Cuenca y provincia. “Hay algunas rampas que” – prosigue- “están demasiado inclinadas, que a los niños se les hace complicadas, pero por suerte, cada vez pasa menos”.

La problemática de los espacios privados

El panorama es radicalmente opuesto en otros espacios. Aquellos de carácter privado, aunque de uso público, como pueden ser restaurantes, bares, hoteles, etc… no siempre tienen en cuenta su obligación de disponer de ayudas técnicas, a pesar de que la normativa les obliga. “Todo edificio privado que sea de uso público, la ley te obliga a que sea accesible” afirma José María Martínez.

En la Avenida del Mediterráneo se encuentra el Centro de Discapacitados de Cuenca. Las personas que se encuentran en él suelen disponer de dos horas, una por la mañana y otra por la tarde, para pasear por la ciudad. Es habitual que vayan al Bar ‘Casa Adela’, situado a unos 100 metros del centro. ¿El motivo? La facilidad de acceso que permite dicho bar, el cual, por antigüedad, no gozaba de una rampa para minusválidos. El antiguo gerente del bar decidió construir una de madera para ayudarles, y los actuales dueños han mantenido dicha ayuda. “Tienes que dejar de hacer cosas para atenderles, pero lo haces agusto” cuenta emocionada Adela Martínez, dueña del bar al que pone nombre, mientras relata anécdotas con algunos de los internos del Centro de Discapacitados de Cuenca.

Bar 'Casa Adela', con la rampa puesta en su acceso / Foto: Alberto Val

Bar ’Casa Adela’, con la rampa puesta en su acceso / Foto: Alberto Val

 

Si recorremos 100 metros, en la dirección opuesta, podemos ver otros bares que no disponen de una rampa de acceso. Quizás ese fuera el motivo por el que los discapacitados hayan elegido el Bar ‘Casa Adela’ como segunda casa. En otros sitios, como la Calle San Francisco, repleta de bares para tapear, también se pueden apreciar los bordillos en las entradas de los diferentes establecimiento. Para José María Martínez, el problema está claro. “Lo que está haciendo mal el Ayuntamiento es que está concediendo la Licencia de Apertura de Actividad Económica sin reunir las condiciones. Si no tienen salidas de humo no la conceden, pero si no son accesibles a minusválidos sí” dice resignado.

La calle, otro de los enemigos para los discapacitados

Cuenca tiene problemas en otros apartados, como las aceras. No hay zonas adaptadas para personas ciegas, además de que las obras realizadas para los que necesitan una silla de ruedas se encuentran mal rematadas. El presidente de la ‘Asociación Roosevelt’ lo denuncia. “Hacer las baldosas diferentes con una línea recta en su centro ayuda al ciego, pero si no existe, no sabe si hay un paso de cebra. En cuanto a las obras, están mal hechas, como con desgana. Hay sitios donde dejan un pequeño escalón, que puede ser motivo para que una silla electrónica vuelque”. En otros sitios de la ciudad, el pequeño espacio que tienen las aceras hacen imposible el movimiento a los discapacitados. Los barrios de Los Moralejos o Los Tiradores disponen de una acera minúscula, lo que obliga a moverse por la carretera, con el riesgo que esto conlleva. En otros barrios, como la Fuente del Oro, el hecho de que los coches puedan aparcar en batería provoca que éstos invadan parte de la acera, lo que reduce la maniobrabilidad a aquellos que van en silla de ruedas.

Precisamente en este barrio han llegado multitud de quejas por parte de sus vecinos. Los 35 años de vida de esta parcela de la capital han provocado que sus infraestructuras se hayan deteriorado, dificultando el paso a todo tipo de personas, tanto discapacitadas como no. En algunos casos, se pueden ver los andamiajes, como en las escaleras de la Calle San Damián hacia la Avenida San Julián, en las cuales se han producido varios accidentes, con parte de lesiones. Los vecinos llevan 3 años denunciando el mal estado, aunque de momento no se ha puesto solución desde el Ayuntamiento. Desde el Órgano de Gobierno se argumenta que ese terreno no es de su propiedad, mientras que desde la comunidad de vecinos se pronuncian de igual forma.

Mientras tanto, el estado de las escaleras sigue empeorando. Mariano López es vecino del barrio. Ha enviado diferentes cartas al Ayuntamiento, tanto en la anterior etapa, con el popular Francisco Pulido al frente, como en la actual regencia, con el socialista Juan Ávila como alcalde. “Yo no sé de quién es el terreno de las escaleras, pero que miren en el registro de la propiedad, o en el catastro. No está claro de quién es, porque si no el Ayuntamiento hubiera obligado a los vecinos a arreglarlo” cuenta. Debido a esa duda, los vecinos de los portales más afectados enviaron una nueva carta al Ayuntamiento [4], en la cual cedían los terrenos, “de forma permanente e irrevocable” al Ayuntamiento de Cuenca.

Desde el Órgano de Gobierno, otorgan la propiedad a los vecinos, aunque han reconocido el uso público de la vía, lo que hace aún más extraño que no se haya arreglado todavía. Si nos atenemos al Código de Accesibilidad, “se consideran vías y espacios libres de uso público […] los que forman parte de bienes de propiedad privada gravados por alguna servidumbre de uso público” [5] , de lo que se deduce que la responsabilidad de su arreglo es del Ayuntamiento, como indica más adelante el propio Código de Accesabilidad. “Los Planes Generales de Ordenación Urbana, las normas subsidiarias y otros instrumentos de planeamiento y ejecución que los desarrollan, así como en los proyectos de urbanización, de dotación de servicios, de obras y de instalaciones, deberán garantizar la accesibilidad y utilización, con carácter general, de los espacios de uso público” [6] .

La colaboración ciudadana es necesaria

Dejando a un lado las infraestructuras, hay otro apartado susceptible de mejora. Se trata de los aparcamientos reservados a personas minusválidas y el uso de sus correspondientes tarjetas. “La gente está utilizando tarjetas caducadas, las pone medio escondidas, las usa quien no debe usarlas… En Cuenca se controla todo, menos las plazas de los minusválidos.

No lo entiendo” exclama José María Martínez. Si bien se puede achacar un problema de control a la Administración, este asunto requiere de colaboración ciudadana, ya que el uso de una plaza reservada para minusválidos o utilizar una tarjeta de minusválidos sin ser poseedor de la misma concierne al ciudadano de a pie. “Como la gente sabe que no pasa nada, pues lo siguen haciendo” dice. La solución a este aspecto podría ser una mano más dura por parte de la Administración. Por ley, además de una multa y el retiro del coche mediante la grúa municipal, también se puede imponer una sanción por utilización de un documento falso, respecto a aquellas personas que lo usan de manera ilícita.

Una vez analizados diferentes aspectos de la capital conquense, es lógico pensar el por qué Cuenca no es una ciudad con una accesibilidad adecuada. La diligencia tomada por parte del Ayuntamiento de Cuenca en los edificios públicos se echa en falta en otros aspectos, por lo que más que un problema de imposibilidad, como podría ser en el barrio de Los Moralejos por su antigüedad, se trata de dejadez, como podemos apreciar en los edificios privados de uso público.

Para José María Martínez, la solución y el problema tienen mismo nombre. “La Administración. Ellos deben hacer cumplir siempre la normativa”.

El próximo 3 de diciembre se celebra el Día Internacional de las personas con discapacidad. Por la cercanía, es imposible corregir los defectos que acumula Cuenca en la materia de accesibilidad, pero no por ello debemos quedarnos de brazos cruzados. Dicha fecha se podría presionar para combatir los problemas con una protesta. No una manifestación ni una convocatoria. Basta con hacerlo desde el anonimato, negándonos a acudir a aquellos lugares que no estén amoldados para personas discapacitadas. Por un día, pongámonos en su piel.

Notas

[1Según datos recogidos en la última encuesta sobre discapacidad del Instituto Nacional de Estadística

[2Capítulo 1. Disposiciones Generales, artículo 1- Objeto.

[3“Estudio sobre la accesibilidad en los centros de ocio de la provincia de Cuenca”, Asociación Roosevelt.

[4La carta, firmada por el presidente de la comunidad de vecinos de los 4 portales afectados, se envió el pasado 5 de septiembre de 2013.

[5Capítulo 1. Disposiciones Generales, artículo 7.

[6Capítulo 2. Disposiciones sobre la accesibilidad urbanística, artículo 11.2.

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