No todo exsecretario general de un sindicato puede decir que vuelve a ser un mero militante. José Pascual Rubio Cano, después de ocupar el máximo lugar de representación de CGT Murcia, sigue en sus filas sin atender ningún cargo diferenciado, sin más responsabilidad que la que tiene con su propia persona y con la sociedad como activista.

Si le preguntas por qué nunca ha intentado disputar un puesto de más responsabilidad dentro de la organizació, o por qué no ha apostado por participar en proyectos más grandes, te responderá que, para él, lo que hace cada día en las calles de su pequeña ciudad de residencia, ya es muy grande. Te dirá que formar a los trabajadores poco a poco y conseguir que estos tomen el poder de su vida dándoles a conocer sus derechos laborales y sociales es más importante y determinante a largo plazo que mover masas de personas sin que éstas dejen de ser eso, una masa.

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Imagen cedida por José Pascual Rubio

Él lo tiene claro: anarcosindicalismo, autogestión, acción directa. “Poner en el centro del problema a las personas que están afectadas por el mismo problema”, “participación directa de los sujetos afectados en la resolución de los conflictos que afectan a dichos individuos, sin intermediación de terceros”.

Para Rubio, la CGT “supone un compromiso, y una manera de hacer las cosas” cuyos principios son la honradez, la sencillez y la participación. Contempla otras formas de vivir, aunque confiesa que a veces cuesta, pues entiende que “el sistema te intenta sacar de esa manera de vivir”. Observa el sistema como una amenaza, no solo en el ámbito laboral, sino en todos los sentidos, y lo explica así: “La misma multinacional es la que te exprime laboralmente, la que contamina el medio ambiente, la que reprime a pueblos indígenas en otros lugares, la que te está envenenando con la alimentación y la que te está envenenando con los medicamentos que te vende, también, para quitarte los males que te produce esa alimentación. Es todo un paquete”.

Lo que CGT pretende, ante todo, es conseguir que sean los propios protagonistas de un determinado conflicto laboral o social los capaces de enfrentarse a ese problema y dar la cara, en lugar de encargarse de tutelar la resolución del mismo. Lo hacen, a través de la formación, de la traducción del lenguaje jurídico a un formato más sencillo y comprensible para todos y todas, con el fin de que todo trabajador y/o ciudadano pueda responder a tiempo ante las dificultades o injusticias que se le presenten. “El trabajo más laborioso es crear el clima para que esa persona pierda el miedo y pueda saltar”.

Además, José Pascual Rubio reivindica la necesidad de que cada persona sea protagonista de su problema, “que no vaya un Pablo Iglesias, entre comillas, a ser el portavoz de los Afectados por la Hipoteca, a ser el portavoz de no sé cuánto”. Que “la persona que se está partiendo la cara, la que está sufriendo esa injusticia”, sea la protagonista de su lucha.

“Los derechos que tenemos son fruto de unas luchas y tenemos el derecho de disfrutarlos y la obligación de defenderlos”

Hacia el ecuador de la entrevista, José Pascual Rubio reflexiona sobre la importancia que tiene observar la desigualdad que hay entre empresarios y trabajadores, y advierte que “las generaciones que vienen detrás [de la suya], se van a encontrar con una situación laboral y social peor [que la que ha recibido]”, pues, según él, hay mucha gente que no comprende que los derechos no los hace posibles un determinado partido, sino las luchas de la ciudadanía. “El factor determinante es que hay hombres y mujeres que han dejado la vida en eso. Unos han dejado la vida literalmente. Que los han matado”.

Y hace hincapié en que los derechos no son propiedad de nadie, y que se tiene el derecho –valga la redundancia- de disfrutarlos, pero también “la obligación de defenderlos”.

Sobre la visión que gran parte de la sociedad parece tener sobre el anarquismo –violencia, radicalismo-, se pronuncia con contundencia: “Normalmente es el Estado el que nos acusa de violentos y de desorden. ¿Cómo es posible que nos esté acusando de desorden una instancia que es la propia generadora de ese desorden? ¿Hay algo que desordene más que lo que se está viviendo día a día? ¿A ti, hay algo que te pueda desordenar más tu vida que te echen de tu casa?”. Y cree que, además, esa percepción violenta y de desorden que se tiene sobre el libertarismo es provocada “por los poderes económicos y políticos”, en cuyo fomento colaboran directamente los medios de comunicación.

Lo que se defiende desde la CGT es la democracia directa, lo cual conlleva un alto nivel de participación ciudadana, que, a su vez, necesita de un espacio de tiempo mucho más pausado que los ritmos que marcan las agendas políticas de los partidos. Observa Rubio a partidos como Podemos “encasillados”, pues, según explica, “tú en esos ritmos no puedes funcionar como estás diciendo que quieres funcionar. No puedes funcionar democráticamente si tienes que estar compareciendo ante los medios cada 20 minutos”.

Reivindica la necesidad de que haya mucha más participación, pero lamenta que “todo está montado, en definitiva, para que eso no se produzca”.

Desobediencia es una palabra que suena varias veces durante la entrevista. Rubio opina que “para realizar una transformación social –transformación, no renovación-, hay que hacer un ejercicio colectivo de desobediencia”. Y recordó el caso de Grecia, donde la población, por medio de un referéndum, dijo “no” al pago de la deuda, en otras palabras, dijo “sí” a la desobediencia, y su presidente del Gobierno se vio, finalmente, obligado a claudicar ante la Unión Europea.

Apostilla, a partir del ejemplo, que la desobediencia hay que organizarla, hay que emplear recursos en ello, en  “que la gente diga «hasta aquí hemos llegado», que la gente esté dispuesta a desobedecer, que la gente esté dispuesta a decir: «huelga general de dos semanas»”.

Reinventar el sindicalismo

El sindicalismo no está pasando por sus mejores momentos. La imagen viciada de algunos sindicatos mayoritarios –como consecuencia de algunas acciones llevadas a cabo- ha frustrado, de alguna manera, la pureza de la lucha obrera en las calles. Como dice el exsecretario general de CGT Murcia, “antes, el sindicalismo estaba vivo en las fábricas”, ahora no se tiene tanto esa apreciación.

Y al hilo de ello, afirma que uno de los mimbres básicos que han perdido algunos sindicatos –refiriéndose a los mayoritarios- es “el asamblearismo en las fábricas y en los centros de trabajo”. Y a ello se ha llegado, según él, porque “igual que hay una casta política, existe también una casta sindical”. No duda en referirse a UGT y CC.OO., no como cómplices, sino como parte del problema, como responsables de la situación laboral y social que vive el país actualmente, pues, según interpreta, “ellos tuvieron que llegar a un acuerdo con el poder político, que es el que usa el poder económico para gestionarnos, y acordaron la paz social. La paz social implica desmovilizar, que no haya conflictos. Y tú para que no haya conflictos no tienes que tener a sindicalistas en las empresas, tienes que tener personas que no se cuestionen nada. Te tienes que cargar el asamblearismo, te tienes que cargar la participación”.

¿Se pueden recuperar los valores perdidos? Él responderá que “no es cuestión de creer, es cuestión de necesidad”, pues “nuestra pasividad no solo es la fuerza del enemigo, es una actitud suicida”. Y ejemplifica con un detalle llamativo: “¿Tú puedes comer tomates si no plantas tomates? De ninguna manera”.

No se despide sin antes denunciar que “la represión es el lenguaje que utiliza el poder” para hacer ver a la población “quién manda”. “Si no lo entiendes, te hincho a palos. Y esa represión te la llevo hasta el infinito. Porque te hincho a palos, te llevo a juicio y te meto siete años de cárcel. Y, si sigues, te meto en aislamiento en régimen FIES. Y, si sigues, te torturo y te anulo como persona, y te hincho a fármacos dentro de la cárcel. Y, si sigues, te suicidas. Es así”.

Con esas duras palabras manifiesta su repulsa a la coacción, a la opresión y al poder violento que ejercen los poderes del Estado, recordando algunos casos concretos que se han dado y se dan en la realidad político-social.

Hablábamos de la sociedad, y lamentaba una actitud que cree bastante generalizada con un ejemplo: “La gente entra a un cajero y alguien que no tiene dónde caerse muerto le apunta con una navaja y le quita 30 euros, y monta un pollo de la hostia. Y su jefe le está quitando 300 pavos todos los meses y está callado”. Hacen falta más espacios de “participación real”, apuntó.

¿La España de sus sueños? “No sería España”.

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Andrea RD

(Casi) periodista, activista, feminista, antifascista, scout y unas cuantas cosas más . Escribo para poder respirar, publico para intentar ser útil. También hago radio con micros morados. La indiferencia me causa pavor, por eso vierto mi rabia diaria en Twitter. Siempre en mi memoria: "porque fueron somos, porque somos serán".
Andrea RD

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