Mañana hay manifestación, lo dicen los carteles. Los siete. De diferentes colores y tamaños, cada uno nos recuerda amablemente las actividades de la importante jornada reivindicativa. O al menos de la suya.

Si echamos cuentas, hay programadas tres cafetadas, dos concentraciones con posterior lectura de manifiestos, cinco asambleas informativas, y una divertida performance en la que José Ignacio Wert es representado como un oso hormiguero. ¿Pero la marea educativa no era una y verde? Verás que lío mañana.

Se oye un solo grito, pero se ven siete grupos, tras siete pancartas diferentes. Las asambleas independientes, la delegación de alumnos, los sindicatos estatales de estudiantes, las juventudes de los partidos y los alumnos que no agarran ninguna bandera, pelean todos por lo mismo, pero han leído un manifiesto diferente, han conversado en una asamblea diferente y han saboreado un café diferente. Decir que la unión hace la fuerza no es más que un tópico, pero afirmar que las manifestaciones se miden en términos cualitativos, pluralidad de ideas consensuadas, y cuantitativos, cantidad de gente que asiste, es una realidad que nos obliga a aceptar que, por ejemplo, convocar tres concentraciones diferentes el mismo día es siempre un error.

Las manifestaciones se miden en términos cualitativos y cuantitativos: convocar tres concentraciones diferentes el mismo día es siempre un error.

Una única voz para combatir por todos los objetivos, pero también un alumnado que luche por cada uno de ellos. Parafraseando al pastor alemán Martin Niemöller, primero se cargarán a los Erasmus, pero no nos importará porque nosotros no lo somos; luego eliminarán las becas, pero no nos preocupará porque nosotros podemos seguir pagando la matrícula; después prescindirán de carreras, pero no nos inquietará por que no es la nuestra; y al final acabarán con el futuro de todos, pero ya será demasiado tarde para reaccionar. Ir a una concentración para luchar contra la privatización de las residencias universitarias, aunque tú no estés en una, es batallar por la educación pública y de calidad de todos. Puede que mañana seas tú el que necesite ayuda.

El objetivo: tan solo unos mínimos de coherencia. Es obvio que muchos de los estudiantes que son activos en las protestas también militan en diferentes organizaciones. Todos tenemos ideas propias y hemos de defenderlas, pero cuando se está luchando por un objetivo común como la educación, estas deben priorizar la viveza de un debate en el que cualquiera tenga cabida. De igual forma, el estudiante no militante debe atreverse a participar activamente en las protestas aunque no tenga un color definido. Y es que hay un riesgo importante, puede acabar por darte más miedo una opinión diferente sobre educación que quedarte sin ella.

Es un paisaje abigarrado pero lleno de color, y el reto está en que cada estudiante sea protagonista. Tanto el que enarbola la bandera de su partido a mitad de una manifestación, como el que la mira con reparo unos pasos atrás. También los que son ajenos a asambleas y concentraciones pero organizan un mercadillo solidario. Quien lleva toda la vida en un sindicato y quien su mayor acercamiento al activismo ha sido un tuit. Con todos y pensando en todos. Si el objetivo es una educación pública y de calidad no nos preguntemos de dónde venimos, sino adónde queremos llegar.

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Angel Marzal

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