El alpinista conquense, nominado al máximo galardón en este deporte, nos ofrece en esta triple entrega sus mejores vídeos, fotos y testimonios.

Los medios suelen hablar de montaña cuando se han producido accidentes. Se asocia a la tragedia, a hechos aislados. Esta asociación debería desaparecer, ya que para nosotros, la montaña no es eso. La montaña representa la naturaleza, representa hitos, hazañas, representa un espíritu de superación y un compañerismo ’salvaje’. Ése es el lado bonito de la montaña, el lado que mejor representa a todas las personas implicadas en ella.

La historia de Pedro Cifuentes bien puede encajar en ese paradigma. Al margen de la aventura que se planteó, detrás de la misma se esconde una historia de perseverancia, preparación y superación. Una de esas historias que magnifican la montaña, pero que suelen quedar en un segundo plano ante cualquier accidente.

Nos vais a permitir una licencia: contaremos su historia como si de una montaña rusa se tratase, con ese continuo sube-baja que bien podría representar a Pedro, tanto por su práctica deportiva como por su manera de ser y hablar. Él es una persona entrañable, con la que es imposible seguir una trayectoria lineal. Siempre tiene anécdotas que contar, un ir y venir en sus historias que te sumergen en su mundo. Es difícil no quedarse fascinado ante su forma de hablar, pensar y vivir. Por eso este reportaje realizará continuos flashbacks, porque es la mejor manera de aproximarnos a cómo Pedro Cifuentes contaría su propia historia. ¿Comenzamos?

«¡DEJA DE SOÑAR!»

El alpinista conquense tiene una filosofía clara de su vida, «viajar y escalar». Todos sus viajes los enfoca de esta manera. Allá donde va lo hace con un petate a cuestas, en el que incluye su material de escalada. Le ha dado muchos problemas en las aduanas, pero es un pequeño lance a superar comparado con las gestas que ha logrado. Yosemite, Brasil, Marruecos, Sudáfrica, Japón, etc,… La lista de sitios en los que ha viajado y escalado es prácticamente innumerable. Pero aquél por el que su nombre va a estar ligado por la posteridad es Patagonia.

Desde Cuenca hasta aquella región nos separan casi 13.000 kilómetros. Esta región geográfica está situada en la parte más austral de América. Aúna territorios del sur de Argentina y Chile. Allí concretamente se encuentra el tercer campo de hielo más grande de todo el mundo, con 49 glaciares. Para que se hagan una idea, cuatro chilenos lo cruzaron en 1999 y tardaron 98 días en ir de un lado al otro. Una región enorme. Entre todos los glaciares, destaca el Glaciar Grey, con sus 6 kilómetros de ancho y más de 260 km. de superficie total. Dicho glaciar pertenece al ’Valle de la W’, en el que además del Glaciar Grey se encuentra el ’Valle del Francés’ y el ’Valle de las Torres del Paine’.

La primera vez que Pedro Cifuentes estuvo allí fue en el 2000. No lo hizo solo, ya que viajó en compañía de Fernando San Isidro y su mujer. La intención de los tres era hacer el circuito de las Torres del Paine, siendo éste uno de los parques más visitados de todo el mundo (el primero es el Parque de Sherwood, conocido por su asociación con Robin Hood). Se tarda unos 10 días en hacerlo, pero engloba otro más pequeño, que es el nombrado ’Valle de la W’.

Su amigo Fernando San Isidro, campeón de España en Lucha varios años y olímpico en Moscú 1980, tiene parte de culpa en que Cifuentes haya conquistado las Torres del Paine.

En ese momento surgió el idilio entre Cifuentes y las Torres del Paine. «El dia que terminamos de hacer el circuito fuimos a las Torres del Paine. Estaba nublado, pero hubo un momento en que la niebla se levantó y se vieron las tres torres. Hacia mucho frío y le dije a Fernando, yo algún día vendré aquí a escalar» cuenta Pedro. La respuesta de Fernando no se hizo esperar. «Me dijo dos cosas que siempre he recordado. Hay que tener dos cosas claras en Patagonia, la primera, ¡deja de soñar!, cuando vas a Patagonia a escalar no vas a soñar, o haces una cosa o haces otra, pero tienes que tener un objetivo claro. La segunda, deja de soñar y vámonos, que hace frío». Y es que en esa región cuando hace frío, lo hace de verdad.

En este momento, Pedro nos remarca la figura de Fernando San Isidro, muy importante para él. Se trata de una persona muy entrañable, campeón de España en Lucha varios años y que logró competir en las olimpiadas de Moscú en 1980.

«Yo he luchado muchas veces contra él. Nunca le he tumbado» dice riéndose Pedro. San Isidro tiene buena parte de culpa de que Cifuentes haya conquistado las Torres del Paine. Esas dos cosas que le dijo allá en el 2000 nunca se le olvidaron a Pedro. Bien podrían incluirse en el ’Tablón de la Motivación’ que guarda Cifuentes en su casa, con las frases que más le ayudan a motivarse.

Espectacular imagen del Glaciar GreyRetour ligne manuel
Espectacular imagen del Glaciar Grey.

«ESO SON SUPERHOMBRES, ¿NO?»

Sería injusto acordarse solo de Fernando San Isidro. Ha habido otras personas importantísimas en la vida de Pedro para acabar siendo un alpinista de élite. Para ello, debemos remontarnos a sus primeros trabajos.

Con 16 años empezó a trabajar como botones. Una época que recuerda con ternura y que califica como «una de las mejores etapas de mi vida», ya que se encontraba siempre en la calle. Fue cuando tuvo el primer contacto con la montaña. Su amigo Carlos Navarrete le traía revistas de montaña, y Pedro las devoraba. Si Fernando le ’descubrió’ las Torres del Paine, Carlos le ’descubrió’ la montaña en general.

Cuando cumplió los 18, tuvo que realizar la mili. «Estábamos 15 días en el cuartel y otros 15 en el campo, donde formábamos trincheras. Eso me gustó mucho, el contacto con la naturaleza. La mili no, eso creo que no vale para nada, pero el hecho de irte al campo, de planificarlo… salía al campo y me lo tomaba como un juego. Me aportó mucho.» dice el alpinista. Esa organización le ha servido en un futuro, cuando tenía que planificarse sus expediciones.

Con 16 años empezó a trabajar como botones. Su amigo Carlos Navarrete le traía revistas de montaña.

Al regresar, le metieron a trabajar en una oficina de seguros. Encorsetado, maniatado, en un sitio fijo. Va contra natura del propio Pedro. Era cuestión de tiempo que buscara una salida. Y la encontró. «Ese trabajo me quitaba la vida» recuerda Pedro, «hasta que me dijeron lo de los bomberos. Estaba en Palomares, el novio de una amiga mía se estaba preparando para bombero. Le dije ’eso son superhombres, ¿no?’. Curras un día, tienes cinco libres… eso fue en agosto, pues el 1 de septiembre estoy apuntado en el gimnasio. Desde ese día, me tiré 6 años preparándome, ya nunca deje el gimnasio. Iba todos los días. Para mí, fue tener un objetivo y luchar por él». Y es que en tozudez no suelen ganarle a Pedro. Da todo lo que tiene por sus objetivos y podrá conseguirlos o no, pero nunca le quedará la duda de si podría haber hecho algo más.

Pedro Cifuentes y las Torres del Paine:

«¡JODER, QUÉ MOVIDA!»

Cuando consiguió ser bombero, Pedro Cifuentes comenzó a escalar en serio. Lo hizo primero con sus amigos, escalando en el Alfar o en la zona de Paules. Fue cogiendo nivel y ya emprendió empresas mayores.

Después de ir con Fernando San Isidro a la Patagonia, decidió volver en más ocasiones, pero tuvo problemas para escalar solo. Fue en noviembre de 2005 cuando el alpinista conquense llegó acompañado del brasileño Lineo, ya que ambos bajaron juntos en autobús desde Río de Janeiro (Brasil), un viaje que duró cinco días con sus correspondientes noches. «Nunca más volveré a hacerlo. Cogeré un avión e iré a Patagonia, pero nunca más lo haré de esa manera» reflexiona Pedro. Una vez llegaron a la Patagonia, conocieron a unos chavales que querían escalar. Ellos eran Tomas Marussy, Ivo Kusanovich y Nicolás Secul, quienes también estaban construyendo una cabaña. Pedro se quedó con todos un par de meses, volvió a España para trabajar un día y regresó otra vez con ellos.

En esa ocasión, también encontró a su amigo americano David Griffith, uno de los mejores escaladores en Yosemite. Se propusieron escalar una torre, pero esa época fue una de las peores en cuanto al clima. Estuvieron dos meses para poder escalar solo un día. El resto de días los pasaron encerrados en una cueva «en la que no puedes ponerte de pie. Es de metro y medio de alto por 3 metros cuadrados» cuenta Cifuentes. Lejos de desanimarse, en su cabeza solo rondaba un pensamiento, «tengo que volver».

Estuvimos dos meses para poder escalar solo un día. El resto del tiempo, encerrados en una cueva en la que no puedes ponerte de pie: 3 metros cuadrados y metro y medio de alto.

Hasta el 2008, regresó un par de veces pero no escaló mucho. Fue en ese año en el que logró ser el primer español en escalar las tres torres, cuando primero subió a la torre Norte, posteriormente a la Sur y finalmente conquistó la Central. Lo hizo con más gente, y de una manera distinta al reto que se planteó en este 2013. Escalaba una torre, bajaba, volvía al campamento y a esperar que hiciera otro buen día. La torre Central la escaló con Ivo y Nicolás. «Fueron los primeros magallánicos que la escalaron» cuenta Pedro, en una de sus innumerables anécdotas.

Entonces, el alpinista conquense cambió de objetivo, por poco tiempo. Se enfocó más en Yosemite, donde realizó muchas vías, pero en su cabeza ya estaba rondando algo. Él seguía viajando y costeándose todo, pero entonces pensó, «¿por qué no me busco un patrocinador?». Claro que para ello necesitaba tener una buena idea. Fascinado como estaba con las Torres del Paine, el desafío tenía que estar relacionado con ellas. Además, se trata de una zona con un clima extremo, peculiar, que resultaría interesante promocionar y costear. Así se le ocurrió realizar la Travesía Integral de las Torres del Paine, consistente en enlazar las tres vías. Único, peculiar, en un sitio extremo, un buen proyecto sin lugar a dudas. Cuando le vino a la mente ese desafío, Pedro solo pudo pensar «joder, qué movida, ¿no?».

Faltaba conseguir un patrocinador. No tardó en conseguirlo. Habló con uno de sus amigos, Gerardo, quien regentaba una conocida tienda de alpinismo en Madrid, «El rincón de la montaña». Pedro contó su idea y entre ambos decidieron ponerse en contacto con la marca RAB. Uno de los representantes de la marca, Marc, lo llamó, hablaron del proyecto y le empezaron a dar forma. Paralelamente, también se habló con la Federación de Montaña de Castilla-La Mancha, cuyo presidente por aquel entonces era el conquense Paco Durán. Cuando Pedro le exponía su proyecto, Paco le miraba asombrado, pensando en la «locura» que se le estaba ocurriendo a aquel tipo. También es cierto que estaba motivado de que alguien de Cuenca tuviera semejante proyecto, interesante a nivel mundial. El apoyo desde la Federación de Montaña de Castilla-La Mancha y de la marca RAB fue desde el primer día.

«HAY QUE SALIR DE LA ZONA DE CONFORT»

Cuando a Pedro se le ocurre este desafío, le surge un problema, tiene un montón de tiempo libre. En las fiestas de Palomares, le pilló un toro y se lesionó gravemente en un tobillo. Tuvo que estar 3 meses llevando muletas, aunque eso no impedía que el alpinista siguiera entrenando, ya que se marchaba desde su casa (por aquel entonces vivía en Carretería) hasta el alfar. Incluso subía hasta el sexto piso, donde estaba su casa, por las escaleras.

En principio, no tenía en mente hacerlo en solitario. Así fue como ’engañó’ a Adrián Ayllón, otro conquense que se unió a la aventura. Entre los dos, empezaron a darle forma y apenas unos meses después partirían hasta la Patagonia para tratar de completar este desafío. «En 2011, solo hicimos una torre, pero abrimos la vía ’Cuenca es Única’. Aquel descenso, fue bastante dramático. Sufrimos congelaciones en los pies, tuvimos que ir a Zaragoza con el doctor Arregui, toda una eminencia en estas cosas» cuenta Pedro.

El regreso fue muy duro. Pedro Cifuentes se encontraba algo desmotivado y muy preocupado por las congelaciones. Finalmente, se curó sin problemas y volvió a suceder lo mismo que un año anterior. Disponía de mucho tiempo libre. Así pues, llegó a esta conclusión: ¿por qué no hacerlo solo?. Si yendo dos ya era un proyecto interesante, solo sería inaudito. Así que el protagonista de esta historia se preparó durante todo el 2011 para hacerlo en solitario. «Este año estuve mucho tiempo entrenando, mañana y tarde. Por ejemplo, en verano me iba a entrenar a la zona de Paules, una zona de sombra, más fría». Pero cometió un error del que aprendió en un futuro. Al llegar a casa, se ponía junto a la estufa, calentito, y en Patagonia la acabó echando de menos. Allí, escalaba todo el día, pero cuando llegaba la noche se preguntaba dónde estaba la estufa. Qué necesidad tenía de pasar frío, pensaba. «Hay que salir de la zona de confort» concluye Pedro.

En 2011, solo hicimos una torre, pero abrimos la vía ’Cuenca es Única’. Aquel descenso fue bastante dramático, sufrimos congelaciones en los pies.

Aquella experiencia previa le sirvió para el futuro. Esa primera intentona en solitario le gustó, se sintió bien haciéndola. Pero aparte del tiempo, imprevisible en esa zona y que ya echó al traste sus dos primeras aventuras, debía perfeccionar todos los detalles que de él dependían.

«A PATAGONIA HAY QUE IR GORDO»

El entrenamiento del 2012 fue distinto. Por ejemplo, cuando regresaba de escalar, en vez de meterse en la cama junto a la estufa, lo que Pedro hacía era abrir las ventanas de par en par y abrigarse con solo una manta. «Este año, cuando llegué a Patagonia, ya estaba aclimatado. Me ponía el saco y decía, ¡si estoy mejor que en mi casa!» apuntilla. Pero la preparación no se enfoca solo en escalar, hay otros factores igual de importantes.

Uno de ellos es la comida. Pedro Cifuentes pesa de normal entre 68-70 kilos, pero necesitaba engordar para realizar la aventura, ya que él mismo afirma que «la protección natural es la grasa». Le costó 4 meses alcanzar los 74 kilos, a pesar de comer cinco veces al día, a rajatabla, con una dieta que incluía continuamente bacon, chorizo, panceta… Pero en su cabeza solo pasaba ganar peso. «A Patagonia hay que ir gordo» afirma.

Otros detalles a tener en cuenta son los referentes al material. Cuenta Pedro que «pesaba todo, hasta el tornillo más pequeño». Y es que el equipo es muy importante. Estudió mucho el material que debía llevar, con continuos cambios y buscando reducir al máximo posible el peso. «Buscar el saco perfecto, los aparatos, casi todo modificado. Voy a un sitio que es extremo, mi equipo tiene que estar amoldado a ese clima. Con la experiencia previa he ido amoldando mejor, los pies de gato de Boreal son especiales, con lo que me aseguro es especial, la hamaca igual. Con Adrián ya reventamos una, por culpa del viento» recuerda Pedro.

Cuando regresaba de escalar, en vez de meterse en la cama junto a la estufa, abría las ventanas y me abrigaba solo con una manta. Cuando llegué a Patagonia, ya estaba aclimatado. Me ponía el saco y decía, ¡si estoy mejor que en casa!

Una forma drástica para reducir peso fue el agua. En vez de llevar reserva, lo que hizo fue coger una botella de dos litros que iba rellenando, ya que por las anteriores escaladas que realizó sabía dónde buscarla. Algún día no encontró, pero la mayoría de días sí. Finalmente, el peso del petate era de 50 kilos, más otros 20 que llevaba encima. Imaginad si se moja. «Tengo una cuerda que pesa 3 kilos, si se moja, absorbe… pues igual llega a pesar 7-8 kilos» nos cuenta Pedro.

Planificó su estrategia, también distinta a otros años. Sabía que no podía arrastrar el equipo durante las tres torres, pero tampoco podía usar la misma estrategia que en el 2012. Por aquel entonces, trató de dejar dos depósitos en los collados, pero para acceder a uno de ellos, era necesario escalar y no se lo pudieron llevar. Así pues, en el 2013 cambió y pensó en dejar solo uno. También llevó hamaca, cosa que no hizo el año anterior. «He estudiado absolutamente todo» afirma rotundamente.

Durante este año, Pedro Cifuentes estuvo entrenando en Taghia (Marruecos). Casi no lo cuenta.

ESCALANDO LA BUROCRACIA

Pedro estaba preparado, el equipo estaba más que revisado, su preparación había sido minuciosa y su motivación no podía crecer más. Era el momento de afrontar el reto, acudir a la Patagonia y hacer frente al desafío de las torres. Pero una vez allí no solo tuvo un reto a la hora de escalar sino para conseguir los permisos que le dieran acreditación para ello.

Para poder escalar, primero es necesario un permiso DIFROL tramitado desde Santiago que es necesario para acceder al permiso CONAF con el que te dejan a entrar a escalar. «El proceso burocrático es lento, el permiso se retrasó un montón» se queja Pedro. Pero algo que Pedro lleva aún peor es la necesidad de tener un seguro de rescate. «Para qué quieres un seguro de rescate si no hay un equipo de rescate».

Mientras esperaba a que el proceso burocrático se completase, Pedro se iba poniendo más y más nervioso: «Miras el tiempo, ves que hace bueno y no tienes permiso para escalar, es frustrante». Finalmente, el permiso llegó el día en que el alpinista se iba para el Parque de Las Torres por lo que pudo respirar aliviado sabiendo que ya iba a poder y despreocuparse de la burocracia para meterse de lleno en lo que a él le gusta y para lo que había ido a Patagonia: escalar.

Aún así, Pedro insiste en recordar su incomprensión hacia las dificultades que se ponen a los escaladores: «Deberían darnos más facilidades, si consigues hacer algo lo van a publicar en medio mundo. Estás haciendo una publicidad encubierta y no te facilitan ningún tipo de permiso».

Miras el tiempo, ves que hace bueno y no tienes permiso para escalar, es frustrante.

«LOS AMIGOS DAN CALIDEZ EN LA MONTAÑA»

El objetivo era ambicioso, el proceso duro, las condiciones extremas y la montaña fría, pero los amigos suavizan siempre los malos momentos. Pedro Cifuentes lo sabe, y por eso se rodea siempre de los suyos cuando se embarca en cualquier proyecto.

El último pueblo antes de llegar al parque, es Puerto Natales, un pintoresco lugar que es considerado puerta de entrada al parque natural de las Torres del Paine. Pedro afronta su reto solo, pero en los momentos previos siempre se acompaña de su gente y en Puerto Natales también optó por una estancia más familiar. «En Puerto Natales yo no voy a hostales sino que voy a casa de mis amigos. Este año he ido a casa de mi amiga Lulú, la francesa que tiene una pastelería. No es lo mismo ir a un hostal que es algo frío e impersonal, que la calidez de tus amigos que te abren su casa y comparten momentos contigo».

Retour ligne automatique
Pedro Cifuentes, acompañado de sus porteadores.

El alpinista recuerda mucho su estancia con su amiga francesa de la que dice ser un gran apoyo a la hora de afrontar su reto: «Lulú me ha ayudado mucho con palabras de ánimo o invitándome a un pastel de su pastelería San Valentín que es magnífica». En casa de Lulú, ultima la preparación de los materiales, el gas, un poco de comida y guardar todo bien en los macutos. Con el equipo preparado ya solo queda desplazarse al parque. Desde la hostelería de Las Torres hasta el chileno necesita que el equipo se suba con caballos y ahí Pedro demuestra que ya es conocedor de la zona y de sus gentes: «A los chicos que transportan el material en caballo les regalo alguna cuerda o tengo algún detalle con ellos».

Pero si hay algún elemento en el que para Pedro es imprescindible unir trabajo y amistad es la labor de los porteadores. Ángela, Guaren y Juanjo son los encargados de llevar el material de nuestro alpinista y esa labor requiere de cercanía y confianza. «Valoro mucho el trabajo de los porteadores y prefiero que sean amigos por el hecho de compartir momentos. Prefiero subir yo el material que dárselo a alguien que no conozca». Es la calidez de los amigos en medio del frío, es la compañía ante la soledad de la montaña, son inyecciones de fuerza en los momentos en que más se necesita.

«NUESTRO REFUGIO»

Valoro mucho el trabajo de los porteadores y prefiero que sean amigos por el hecho de compartir momentos

Todo estaba preparado; Pedro, acompañado de sus tres porteadores, pasó el último control del parque por donde solo se permite pasar a los escaladores. Todavía quedaban muchas horas de viaje hasta presentarse en las torres por lo que hacía falta realizar una parada para descansar. Esa parada se hace en el campamento japonés que es el campamento base. Es un cobijo específico para los escaladores que se antoja especial por ser una zona en la que se consigue agua fácilmente y por ser totalmente reservado a la gente que va a escalar. «Es un sitio espectacular con un encanto especial ya que ahí solo van escaladores y no está masificado. Es un refugio nuestro».

Allí Pedro lleva a cabo junto con sus amigos porteadores un ritual mágico, la bebida del mate. El mate es una infusión que se toma caliente y, en el campamento japonés es un ritual de obligado cumplimiento que Pedro recuerda con cariño: «Una de las cosas a las que más importancia le doy es al momento de beber el mate. Es como un ritual, con amigos, el fuego y la bebida caliente antes de llegar al frío de la montaña.»

El campamento japonés está a casi un día caminando del último reducto antes de llegar a la base de la pared, el campamento de altura. En todo este tiempo caminando, Pedro no veía las torres porque hasta el último momento no se vislumbran, pero en su mente las tres siluetas de la pared estaban totalmente nítidas.

TODO O NADA

Ahí estaba Pedro, a tan solo unas horas de su reto, a tan solo una caminata de ver las torres, a tan solo unos compases de intentar hacer historia.

La primera vía que se abrió en las torres fue la Monzino a la que fueron 16 hombres para abrirla. Pedro ahora iba solo a enfrentarse, no a una torre sino a tres. Pero, ¿qué sentimientos pudieron abordarle antes de enfrentarse a las paredes?.

El alpinista dice que en ningún momento se planteó abandonar, era su reto, en el que había trabajado muchos años y con el que había soñado lograr. «No me planteé nunca el hecho de no ir, llevaba dos años con este proyecto y si no, tarde o temprano, alguien lo iba a hacer». Además, añade que este tipo de lances requieren de decisión y personalidad: «O vas a hacerlo o no vas a hacerlo, pero no dudes porque entonces la cagas».

Pero también reconoce y confiesa algo: «Este era mi último año: o lo hacía o no lo hacía, pero ya no lo iba a volver a intentar. No quiero estar toda mi vida ahí. Hay mil montañas y sitios preciosos para ver y escalar». Era duro pensarlo, pero Pedro llevaba una cosa clara, si esta vez no lo conseguía, cejaría en su intento. «Yo no podía estar haciendo varios intentos, cuando fui a la pared iba con todo; si tenía que abandonar ya no volvería a las torres».

El alpinista conquense posee unas condiciones excelentes para la escalada y siempre va inmejorablemente preparado a sus expediciones, pero Patagonia y las Torres del Paine no conceden nada y el tiempo atmosférico que ofrecen es extremo. Los problemas que Pedro había tenido en anteriores empresas no habían sido de escalada, ni de falta de disposición sino del tiempo. Cuando en ocasiones anteriores se le ha preguntado por qué no pudo conseguir el objetivo, su respuesta ha sido clara: «por el tiempo».

Esta vez ocurría lo mismo, no había posibilidad de que abandonara por otra circunstancia, pero era sabedor de que a veces el tiempo juega en contra. «Si no lo hubiera hecho era por el tiempo, porque es lo único que yo no puedo controlar. Psicológicamente te cansa y es frustrante no poder conseguir algo que sabes que puedes, pero que el tiempo te lo impide».

Aún así, Pedro Cifuentes iba con todo dentro del macuto: ilusión, fuerza, condiciones y esmero, por lo que se fue hacia la pared de la Torre Norte el día 13 de enero. «No sabía si meterme o no pero vino un día bueno y decidí ir adelante».

Campamento Japonés

Campamento Japonés
Fotografía: P.Cifuentes

Pedro en el llamado «campamento japonés», con todo su material, junto a sus porteadores.

¿Quieres saber cómo continúa la historia de Pedro? No te pierdas la siguiente entrega (2ª de 3) de este Reportaje Multimedia, ¡en próximos días en Observador.info!

The following two tabs change content below.

Leave a Response