Empieza el día y el sol penetra a través de la ventana del despacho del presidente de “Gran Corporación” iluminando las páginas de la prensa económica que éste hojea mientras espera la entrada en su despacho del director de comunicación. “Jeff Bezos compra The Washington Post”..¿Pero este tío no tenía una tienda?”. Confuso, desvía su atención a otra noticia que habla del último lanzamiento comercial de su competencia, a media página. Abre el resumen de prensa escrita que descansa sobre su mesa y confirma lo que el día anterior ya se podía leer en internet.

Alguien golpea la puerta. Es su director de comunicación que, temeroso, avanza hacia la mano que le muestra fotocopias de hojas recortadas de periódicos con el nombre de su más duro competidor escrito en letra capital. “¿Y por qué no aparecemos nosotros en estas informaciones?, ¿Por qué no nos hemos adelantado a ellos?, pregunta el máximo directivo. “Te envié la vigésimoquinta versión del comunicado, ya revisado y comentado por los responsables de los siete departamentos implicados, para que dieras tu visto bueno hace dos días, pero no me respondiste”, se excusa el comunicador. “Ahí lo tienes”, dice señalando a un papel que asoma bajo una montaña de carpetas identificadas con etiquetas: Finanzas y Contabilidad, Recursos Humanos, Marketing…y, al final, Comunicación.

Contrariado, el máximo responsable de la compañía pregunta “¿Y ahora qué?, ¿Qué tenemos para comunicar?. Llevamos tiempo sin aparecer en la prensa”. “Bueno –se defiende el comunicador- es que, con la crisis que tienen encima cada vez es más difícil aparecer: hay menos medios y las redacciones se están despoblando de periodistas..Pero en internet tenemos buena presencia y creo que estamos aprovechando bien nuestras acciones en redes sociales”. Incrédulo, el presidente, espeta: “¿Redes sociales?, ¿Internet?…¿Estamos locos o qué?..

“Bueno, podríamos retomar el lanzamiento que teníamos previsto… Si lo hacemos rápido podríamos presentarlo como una guerra en el mercado. Además, creo que deberíamos hacer un comunicado oficial sobre los 250 despidos porque ya se empiezan a leer comentarios en internet y me parece peligroso no decir nad…” ”¿CÓMO?, interrumpe con un grito el presidente. “¡De ninguna manera!. Ese asunto hay que tratarlo con total discreción para que no se entere nadie. Ya esta la cosa bastante mal como para que, encima, vayamos nosotros contándolo por ahí, así que silencio hasta que pase”.

Inquieto, el presidente se levanta de su silla y empieza a dar vueltas por su despacho. Distraídamente, coge un palo de golf que descansa en un rincón y, con gesto reflexivo, golpea una pelota imaginaria. Un rayo de sol reflejado en la superficie pulida del palo ilumina su rostro y la sonrisa que, poco a poco, se va dibujando en él.

“¡Ya lo tengo!”, dice mientras se vuelve hacia el director de comunicación que aprovechaba el ensimismamiento de su jefe para leer, en su smartphone, los titulares del día. “¡El golf!”, exclama el presidente con aire triunfal. “Hace mucho que no concedo una entrevista y podrías buscarme algo más informal, más original, un reportaje de los que sacan de vez en cuando con un perfil personal y profesional de los grandes directivos de las compañías del país. Algo grande, he mejorado mi swing y se tiene que notar”, explica entre risas el presidente. “Pero te van a preguntar sobre los malos resultados del último trimestre, sobre nuestro retraso en responder a la competencia, quizás sobre los despidos…”, empieza a objetar un aturdido comunicador.

“Eres un cenizo”, corta el presidente. “Elige uno de los periódicos en los que estamos metiendo más anuncios y, si es necesario, le dices al director de publicidad que hable con sus comerciales para que avisen al redactor de que no sería conveniente que hurgara en ciertas heridas..Es fácil, ¿no?. Ve hablando con el medio y me cuentas. Puede quedar muy bien..¿No dicen que hay que mostrar el lado humano de las empresas?

Horas después, el jefe de prensa de la compañía marca el número de teléfono de Julian Gutiérrez, un veterano periodista de su sector que sobrevive, a duras penas, al tsunami digital que está barriendo todas las redacciones. “¿Qué tal va la cosa?”, saluda. “Pues si quieres te digo bien o si quieres te cuento”, responde el periodista. “Si olvidamos que ya llevamos tres rondas de despidos en la redacción, que me he quedado solo para llenar todas las páginas de mi sección cobrando menos pasta, que solo me falta pasar la fregona por el suelo de las oficinas, que me ha bajado el número de followers en Twitter, que cada vez vendemos menos papel, que la web no acaba de dar dinero, que mi blog no lo lee nadie y que las empresas no ponéis un duro…Si olvidamos todo eso, y que llevo lustros sin dar una noticia en condiciones, pues entonces estoy bien, no me puedo quejar”.

Al otro lado de la línea, el jefe de prensa mira al techo y toma aire antes de empezar a explicar al periodista el motivo de su llamada. “O sea, que no me sueltas ni una palabra sobre la mierda de resultados que estáis teniendo, ni sobre esos rumores de despidos que ya me han llegado de varios sitios…y me ofreces una entrevista sobre golf con tu jefe. ¡Grandioso!”, suelta Julián, sarcástico.

“Mira –añade-, no te mando a donde tú ya sabes porque somos amigos y aquí está la cosa muy mal, así que no es el mejor momento para enfadarse con un anunciante..pero, la verdad, es que lo que me dices parece una broma. De todas formas, déjame que lo hable con mis jefes y te digo algo”.

Días después la entrevista tiene lugar y el presidente puede ejecutar su “swing” frente al periodista que toma, con su móvil, las fotografías que ilustrarán el intercambio de preguntas y respuestas. “¿Nos pasarás el texto de la entrevista antes de publicarla?”, pregunta el director de comunicación. “No sé si me dará tiempo, pero haré lo posible. Si no, mañana la verás”, responde el periodista con una sonrisa extraña.

El día siguiente amanece nublado. En el suelo del despacho del presidente, la página de un periódico y, en ella, una fotografía que le muestra mirando a la cámara, sonriente, mientras lanza un “approach”. Sobre ella, el siguiente texto:

250 EMPLEADOS, AL HOYO

Madrid, Julián GutiérrezRetour ligne automatique
Malos tiempos para “Gran Corporación”. Su incapacidad para responder con agilidad al órdago reciente lanzado por su competencia es la enésima muestra de las razones que han llevado a la compañía a su mala situación actual. Su valor en bolsa sigue cayendo por una pendiente que parece no tener fondo y los despidos son el último intento desesperado por revertir una situación generada por la gestión errática de los últimos años. Según ha podido confirmar este periódico, la compañía ha despedido en los últimos días a 250 personas. Mientras el presidente de la compañía afina sus habilidades con el golf en una de las más exclusivas instalaciones de la ciudad, cientos de familias temen por su futuro más inmediato.

En la redacción del periódico, Julián disfruta de la repercusión que su artículo ha tenido en internet, puede suponer un nuevo impulso a su declinante carrera. El contador de visitas de la web no deja de aumentar y múltiples comentarios de lectores indignados ya circulan con profusión por las redes y el texto es “trending topic” mundial. Tecleando “Gran Corporación” en Google aparece como primer resultado. Orgulloso, busca la información en la “home” de la edición “online” de su periódico. Es fastidioso tener que esperar a que desaparezca la intrusiva publicidad que inunda la página antes de poder empezar la lectura pero, qué caramba, no están las cosas para quejarse de los anuncios.

David Martínez Pradales

www.davidmartinezpr.com

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