El origen de la moneda
Todos sabemos que hasta que se inventó la moneda la forma más sencilla de conseguir algo era por medio del truque, este consistía en cambiar un objeto por otro. Pero se dudaba de si el valor de los productos que se intercambiaban sería el mismo o muy parecido, por lo que se buscaron otras formas con las que llevar a cabo estos procesos. Se empezaron a utilizar barras de metal o animales como forma de pago. El “cauri”, que tenía forma de concha, fue el más parecido a la moneda y, aunque solo se extendió por África y parte de Asia, era de gran valor.

La moneda más antigua fue fabricada por orden del rey Alyattes en Turquía. Era conocida como “El León de Lidia” y fue creada como una forma de pago de impuestos y de compras de modo legal.

Ya en el Imperio Romano se creó una moneda única que era común en las distintas poblaciones, conocida como el “denario”. Tenían todas la misma forma y tamaño, al igual que el cuño solía ser de cabezas de ganado o de espigas de trigo. También se usaba el rostro de los soberanos para acuñar las monedas y así poder conocer el honor que esa persona tenía.

A medida que la utilización de estas monedas como forma de pago fue creciendo, se extendió su uso hasta llegar por el Mediterráneo debido a las transacciones comerciales, es entonces cuando llega a España, donde la moneda más famosa es conocida como “maravedí”.

Alba Díaz

 

Encontrada la moneda perdida con la que la reina de Inglaterra intentó envenenar a su marido
La moneda que un día desapareció sin dejar ningún rastro ha sido encontrada por un joven inglés en un pequeño pueblo al sur de Gales.

La moneda tiene un gran valor histórico por su importancia y por la leyenda que esconde. En otoño de 1990, un vecino de Londres que poseía una tienda de consumibles confirmó que la misma reina de Inglaterra se había acercado disfrazada a su establecimiento afirmando que quería comprar el mejor veneno que tuviera para acabar con la vida de su marido, puesto que sospechaba de una posible conspiración por la que la reina perdería el trono. La reina pagó entonces con un billete de diez libras y le fue devuelta una en moneda, una moneda curiosa puesto que fue la única de una libra que fue acuñada a mano.

El 3 de Enero de 1991 el rey consorte fallecía a causa de una parada cardiorrespiratoria que, según los expertos que lo atendieron y posteriormente practicaron la autopsia, afirmaron que la muerte la había provocado un fuerte veneno, que según las leyendas solo se podía conseguir en Londres, en ningún otro lugar.

Pronto las autoridades comenzaron a buscarlo por todos los rincones de Londres, al mismo tiempo la reina en aprovechó el viaje oficial a Gales para deshacerse de la moneda por miedo a que aquella pudiera incriminarla. LA reina cometió un gran fallo puesto que la moneda estaba enterrada en unos jardineas reales pertenecientes a la corana desde hace más de 500 años.

Los investigadores dieron con la tienda que en su día vendió el fatal brebaje a la reina, encontrando muestras de él. Torturado el hombre confesó que se lo había vendido a la reina y ofreció como prueba que la única moneda que había sido acuñado a mano estaba ahora en su poder, asique les animó a buscarla para que se comprobara la verdad.

Esta es la historia que inglés de la pequeña tienda de Londres contó a la policía en más de 20 declaraciones y hoy ha sido confirmada con el hallazgo de la moneda, una moneda que a su vez tendrá su particular espacio en el Museo de Londres por su gran valor histórico.

Ahora los ciudadanos ingleses decidirán sí la reina cometió tal delito o no mediante referéndum puesto que la legislación inglesa contempla que delitos sin resolución en 25 años serán resueltos por los ingleses sí se esclareciese el delito.

Jesús Bustos

 

¿Qué se ve cuando miras a una moneda?
Las monedas se crearon a finales del siglo VI a.C. en un pueblo de Turquía llamado Lidia, que dejaría atrás el anticuado trueque para dar paso a la compra-venta de bienes y servicios a través de objeto simbólico con valor atribuido en la figura de la moneda.

La moneda no sólo es un objeto de valor para obtener bienes y servicios, cada moneda tiene mucha historia. Existen muchos tipos de monedas y todas tienen su serigrafía que te habla de la época a la que pertenece o el año de su acuñamiento, el país de donde procede, el valor que tiene e incluso hace referencia de quien es el máximo representante de la nación. Son datos o información que para la mayoría de la población pasa desapercibida, de las diferentes características nombradas antes sólo nos fijamos en una, en el valor, la vemos como dinero dejando atrás toda la historia que lleva impregnada en su composición.

Como vemos en la imagen, la moneda nos dice que es del Reino Británico donde su máxima representante es la reina Isabel II y data de la última década del siglo XX, el valor no lo podemos identificar que puede ser por dos motivos, el primero y el más probable es que se encuentre en la cara que no se ve, y el otro motivo puede ser por desconocimiento, es decir, en muchas cultural se diferencian los valores a través de la composición de la moneda, por el color o el tamaño de misma.

Por eso la moneda no es sólo dinero, es evolución, es cultura, es historia y es, sobretodo, comunicación que llega a ser el primer paso a la globalización como lo conocemos hoy en día, porque el mundo se mueve por los mercados financieros donde la moneda de cada estado o nación juega un papel vital.

Alberto López

Maldito oro
Vivir en el siglo XXIII es más complicado de lo que yo pensaba: el oro ha perdido su valor. Ya no tiene ningún mérito tener millones de euros guardados debajo de la tierra al más puro estilo de Pablo Escobar, ya no tiene sentido discutir con familiares en la herencia por ver quién se lleva el reloj de oro de la abuela, ni siquiera tiene valor la corrupción. Claro, a quién le importa ahora en el año 2246 que un tal Bárcenas financie de manera indebida un partido político.

El dinero provocó hace dos siglos sentimientos que nunca deberían haber despertado. El egoísmo, la rabia, la envidia, la pobreza y el odio. Pero sí, al parecer los ciudadanos despertaron. Esos ciudadanos que seguían votando al partido más corrupto de la historia, aquellos que parecían no darse cuenta de nada y eran tratados por las grandes instituciones como tontos; se levantaron. Tiraron todas sus pertenencias al río y empezaron a dar valor a cosas más importantes.

Y oye, la vida siguió mucho más fácil. Creedme, ahora los ladrones de abrazos están mucho mejor vistos que los ladrones de bancos y casas. Ahora se aprecia la amabilidad, las gracias y los buenos días, los abrazos y las miradas de complicidad. La única pelea que hay en un grupo de amigos por la mañana se debe a ver quién abraza primero o ayuda antes, es competitividad, sí, pero no me negarán que es maravillosa.

En un siglo distinto al que yo nací, ahora que sigo viva y aún no se por qué, supongo que alguien tendría que comparar una época y otra en tiempo presente. Me resulta muy difícil vivir así, ir a la frutería y no poder pagar con monedas porque prefieren unos buenos días con un café y una charla amena; me parece demasiado bueno para ser real. Tengo que admitir que la frutera es graciosa y oye te hace una sesión de risoterapia mañanera que ni cuenta te das. Me preguntareis cómo se mantiene un país, una ciudad o una familia solamente con abrazos, yo tampoco lo sé…

En ese momento mi madre me despertó teníamos que ir a pagar el alquiler del piso. Al restarlo con el dinero del mes se nos quedaba una cuenta vacilante para comer todo un septiembre. Abrí los ojos y pensé: “maldito oro”.

Ariadna Burgos

La última libra
Paul Starkey se aferró a su última libra, era un día de principios de 1774 y el tiempo en Londres era tan gris como siempre. Ni siquiera la llovizna podía limpiar los pensamientos lúgubres de la cabeza del inversor británico. Hacía ya unos meses que había invertido gran parte de su fortuna en la Compañía Británica de las Indias Orientales y se había sumido en una espiral de autodestrucción en las tabernas.

Starkey se había dado a los placeres de la carne en expectativas de que sus negocios en las colonias salieran bien. ¿Qué podía salir mal?; el Acta del Té beneficiaba con creces su gran apuesta y todas las posibilidades estaban a su favor. Pese a aquello,  el hombre sentía un picor en la conciencia por primera vez en meses, algo le daba mala espina.

Jugando con la única moneda que le quedaba en el bolsillo, resultado de una mala partida de cartas, se dirigió a su vivienda en Throgmorton Street. Llegando a su casa pasó por delante del Banco de Inglaterra y pensó en cómo de lejos estaba ahora su fortuna de la que almacenaba aquellas arcas, solo un golpe de suerte podría sacarlo de su miseria.

Al llegar a su casa le esperaba correspondencia desde el otro lado del Atlántico. Algo horrible había sucedido un 16 de diciembre de 1773 y sus esperanzas se desvanecieron para siempre. Su última inversión estaba en el fondo del mar, junto a unas cajas de té.

Daniel López

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Daniel López

Periodista todoterreno, hombre orquesta. Compact Cheese, La Cueva del Río, y Cop-On TV. Todo lo demás en danilopgon.lacuevadelrio.es
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