Mirar para otro lado no es la solución

 

La de Amadou es una de esas historias que pasa desapercibida, camuflada entre miles de noticias relacionadas con riñas políticas o corrupción, y que nos llama menos la atención que la portada del periódico deportivo más vendido. Lo de este senegalés de 32 años, casado y con tres hijos a su cargo, es tan real como todo lo mencionado anteriormente . Es una de esas realidades que no aparecerán en ningún telediario, periódico o radio generalista. Lo que a continuación van a leer es la historia de cómo un sueño se convierte en pesadilla con el paso de los años.

Hoy he quedado con Amadou en el portal de su casa situada en el barrio de San Adrià, Barcelona, para que me explique el por qué de su última detención el pasado jueves 11 de mayo a manos de los mossos. A pesar de llegar puntual a mi cita, a las 9:00 de la mañana, Amadou ya me está esperando abajo. Tras el saludo inicial me invita a pasear por su barrio y a sentarnos a tomar un café en el bar más cercano. Por su actitud deduzco que está desesperado, su mirada denota un cansancio y frustración propios de alguien que no atraviesa un buen momento. Le pregunto por lo sucedido el jueves y me hace un gesto indicándome que espere puesto que ha reconocido a un compañero. Tras un saludo efusivo con el que parece ser otro senegalés de más o menos su misma edad, se sienta para responderme. “Lo del jueves fue la tercera vez que la policía nos detiene esta semana, ¿te lo puedes creer?” comenta resignado. “Vender en la calle es el principal sustento de mi familia, si nos ponen tantos problemas no se qué será de nosotros” añade. Conforme avanza en su historia me relata cómo él y sus compañeros se disponían a colocar sus productos cuando, de repente, vinieron los mossos de escuadra y les invitaron a acompañarles. “Hacía tiempo que no pasaban por nuestra calle y cuando parecía que nos dejaban en paz, empezaron a venir de continuo” comenta el mismo Amadou con voz temblorosa. Desde hace año y medio el gobierno de Ada Colau, al frente de la administración catalana, ha sido algo confuso en lo que al problema de los manteros se refiere. “Cuando Ada llegó a la alcaldía nos alegramos mucho porque creímos que iba a intentar solucionar nuestros problemas con la policía, pero pasado este tiempo seguimos en las mismas” comenta el senegalés algo decepcionado con una mujer a la que, pese a todo, dice admirar. Ciertamente, según datos estimativos proporcionados por las ONG de la ciudad condal, habría unos 71.000 inmigrantes en una situación similar a la de nuestro entrevistado. Desde la administración afirman que “es una situación compleja pero la ley por la cual queda prohibido la venta de artículos sin licencia en la calle es clara”.

Antes de despedirnos, me intereso por el pasado de Amadou y su vida antes de llegar a nuestro país. El joven me asegura que la vida en Senegal es “lo más parecido al infierno que te puedas imaginar” y relata que su mujer y él consiguieron llegar a España tras una dura travesía de dos días en patera. Pero su objetivo, como el de muchas otras personas que se ven obligadas a migrar de su país, no era quedarse en la ciudad de llegada. “ Pasado un tiempo en Melilla decidimos venirnos a Barcelona a buscar trabajo pero no tuvimos éxito y tuvimos que buscarnos la manera de subsistir” explica el senegalés. Me cuenta que se mantienen a duras penas en casa de otro compañero, quedando así hacinadas dos familias en apenas 90 metros cuadrados. “No quiero que el día de mañana mis hijos pasen por lo que yo y mi mujer pasamos en Senegal, por eso pido desesperadamente ayuda a la administración y que nos dejen un espacio para poder ganarnos la vida”, sentencia. Tras esto me despido del que hoy ha sido mi entrevistado deseándole toda la suerte para él y sus compañeros y preguntándome qué sería de mí si hubiera nacido en la Senegal de Amadou.

Autor: Andreu Baviera Barberá

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Cristina Dolz

Estudiante de 3º de Periodismo. Entiendo el periodismo como una herramienta imprescindible para resolver preguntas o, al menos, plantearlas. Me gusta decir que soy feminista.
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