Como un niño con zapatos nuevos

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero en algunas ocasiones las palabras nos sirven para describir lo que vemos y con ello, poder disfrutar de los distintos puntos de vista ante un mismo hecho, como por ejemplo en esta fotografía. Bajo mi punto de vista, esta, es la viva imagen de la felicidad, la cual se dice que está en las pequeñas cosas, y en este caso, ante unos zapatos nuevos.

Se dice que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Hoy en día, acostumbramos a ser infelices ante el más mínimo de los sucesos, además somos una sociedad inconformista, con una felicidad fugaz: un día anhelamos tener un coche nuevo y el día que lo conseguimos, anhelamos algo más y esa felicidad se desvanece entre nuestros pensamientos materialistas. Pero, cuando tenemos todo lo que deseamos, ¿entonces qué? ¿Por qué nunca es suficiente?

robablemente, el protagonista de esta imagen sea un niño con pocos recursos, los zapatos que lleva en sus pies están desgastados por el paso del tiempo, por el uso. Y al poseer unos nuevos es feliz, esboza una gran sonrisa. Puede que no sepamos qué es la felicidad o que para muchos no signifique lo mismo. El diccionario de la Real Academia Española define la felicidad de tres formas diferentes:

1. f. Estado de grata satisfacción espiritual y física.

2. f. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. Mi familia es mi felicidad.

3. f. Ausencia de inconvenientes o tropiezos.

Viajar con felicidad. Considero que la felicidad reside en ser felices con lo que tenemos, en conformarnos cuando hablamos de objetos materiales, en ver el lado bueno de las cosas. Todo aquello que contribuye a hacernos felices nos hace dependientes de algo para alcanzar este estado. Lo material no siempre cubre nuestras necesidades humanas. No necesariamente la ausencia de inconvenientes o tropiezos es felicidad. En la fotografía, podríamos pensar que es un niño con carencias económicas, quizás huérfano o un trabajador, a pesar de su temprana edad. Pero esos problemas no le impiden ser feliz, únicamente hacen que sea más feliz con menos.

Mi reflexión es que quizás debiéramos aprender a vivir con poco para valorar lo que tenemos, o lo que la vida nos brinda. Para aprender a ser más felices, ya que este es el fin que persigue todo ser humano.

Autora: Alba Soledad Moya

Cuentan los cuentos y entre zapatos aparecen los niños

Dorothy buscó al Mago de Oz para volver a casa y sin esperarlo, unos zapatos la llevaron de vuelta a su hogar. La Cenicienta perdió un zapato de cristal huyendo del tiempo. Un gato cualquiera se calzó unas botas y pasó a ser un noble “señor”. Un tal Pulgarcito robó las botas de siete leguas a un ogro que pretendía comérselo y logró escapar de él.

Zapatos, zapatos y más zapatos.

En todas las historias, los zapatos resultan un bien escaso; relativo en su duración; bueno cuando se tiene, malo cuando se va; ciego en los ojos a los que mira y, sobre todas las cosas, inexorable a los niños, pues todos los protagonistas lo son.

Irónico esto se parezca tanto a la libertad.

Este niño podría haber sido un personaje de cuento; al final de la segunda Guerra Mundial,millones de niños podrían haberlo sido. Los tristeza por bandera, ausencia como uniforme, el hambre como discurso y unos zapatos nuevos como símbolo: la libertad.

Todos desean ser algo más, luchan contra los problemas y logran sus objetivos. Así pues, lo único que mueve el tiempo es el reloj; el resto, lo mueves tú y tus zapatos.

Autora: Judit López

En busca de la felicidad abstracta

“No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”. Es increíble cuan poco precisan algunas personas para ser felices. Existen seres que lo que desean es hacerse con más y más bienes materiales para dar por hecho que esa es la cumbre de la felicidad.

En el mundo existe una larga lista de multimillonarios, como puede ser el español Amancio Ortega, Mark Zuckerberg o Bill Gates, que suman millones y millones de dólares, tantos como millones de niños y niñas pobres que hay en el planeta.

Y es que no pienso que sea más dichoso aquel que presuma de tener costosos bienes, sino aquel que colecciona mejores experiencias, recuerdos, momentos y vivencias. Es decir: aquel que disfruta de las pequeñas cosas de la vida y que a pesar de carecer de otras muy importantes es feliz.

Hacer todas aquellas cosas que se desean hacer, como la típica lista de “Cosas que hacer antes de morir”, decir todo lo que piensas, repetir “te quiero” a tus seres queridos, mostrar educación, apoyar a los tuyos, disfrutar cada minuto de la vida, intentar ser positivo en las adversidades e interesarte por las personas más cercanas a ti son algunos de los ejemplos más cotidianos, en mi opinión, para alcanzar la felicidad.

En esas cosas tan simples tan sencillas y tan abstractas es donde me gustaría que se pararan a pensar, a palpar a sentir. Porque en ese mismo momento, en ese micro segundo que ni siquiera el cerebro humano puede captar, nos da un vuelco. Y justo en ese momento hemos podido tocar con la punta de los dedos la cumbre, lo más alto de la pura felicidad.

Los seres humanos aprendemos a dejar de lado el tema de la muerte, no pensamos en ello y nos obligamos a darle la espalda olvidando que tarde o temprano puede llegar ese día y cuando llegue, puede que nos llevemos muchas cosas que hubiéramos deseado hacer o decir. Y es que párense a pensar, si ustedes supieran que van a morir mañana, ¿qué harían hoy?

Autora: Natalia Martínez

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Juan Pérez

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