Jaque Mate
Mi vida era perfecta el verano pasado. Mi mujer, Elena, y yo, solíamos ir a la playa con los niños todos los domingos. Aunque el resto de la semana cada uno estuviera ocupado con sus cosas, esos días conseguían sacar lo mejor de nosotros. Durante el viaje en coche podíamos hablar de todo lo que se nos ocurriese, mi mujer y yo nunca hemos querido censurar ningún tema de conversación y eso hacía que los niños se sintiesen cómodos charlando con nosotros. Hace ya cuatro años desde que empecé a trabajar como arquitecto, y a día de hoy, me sigue encantando lo que hago. Una de las ventajas de este oficio es que nunca paras de conocer gente nueva. A veces, incluso, he llegado a forjar verdaderas amistades que todavía conservo. Sin embargo, lo que al principio era una ventaja, se convirtió en mi ruina. En octubre del año pasado, tras aquel verano estupendo, mi jefa me encargó un diseño muy especial para una joven pareja de las afueras de Madrid. Se iban a casar en dos meses y querían formar una familia algo numerosa, así que llamaron a mi empresa para que les diseñásemos una casa que se amoldara a las comodidades que iban a necesitar. Celebré con ellos algunas reuniones en su pequeño piso provisional para empezar a fijar las claves del proyecto, y la verdad es que nos llevábamos bastante bien. Yo, orgulloso, salía del trabajo cada día con ganas de contarle a Elena cómo íbamos avanzando en el diseño. Mi mujer parecía alegrarse por mí al principio, pero, de un día para otro, a ella le empezó a molestar que yo le contase mis hazañas. La cafetera empezó a sonar y Elena sirvió dos vasos de café. Sentados en la mesa del comedor, me contó que había estado hablando con su hermana y que se había extrañado mucho de que, de repente, yo pasase tanto tiempo fuera de casa. Me confesó que había empezado a dudar de si realmente yo estaba trabajando todo el tiempo que no estaba con ella. Intenté explicarle que ese trabajo era más difícil que el resto y que pasaba el día intentando encontrar soluciones a los problemas que me surgían. Me reunía con obreros, con otros arquitectos, con los futuros dueños de la casa y con otras decenas de personas que me guiaban en el proyecto. Pero, definitivamente, ella no se creía nada de lo que yo le contaba. Pasaron las semanas, y aunque no habíamos vuelto a hablar del tema, cada vez notaba más ausente a mi mujer. El quince de diciembre descubrí qué era lo que le pasaba realmente: creía que yo me estaba acostando con mi clienta, la chica de la joven pareja a los que estaba diseñando su casa. Cuando salí del trabajo la encontré oculta entre dos coches y, furioso, me acerqué para reprocharle que me estuviese siguiendo. Ella lloraba mientras me gritaba que no se fiaba de mí, que me odiaba y que quería que dejase mi trabajo. Me dio un ultimátum: o paraba de trabajar para ellos, o acabaría por pedirme el divorcio. Yo decidí no quedarme atrás, no pensaba dejar lo que más me gustaba hacer en la vida solo porque mi mujer se hubiese inventado una infidelidad. Yo sabía que no había nada entre nosotros dos, y de hecho, llevaba bastante tiempo sin verla. Tras un tiempo de peleas interminables y sin sentido, el veinte de enero todo cambió. Recuerdo oír a Elena bajar por las escaleras haciendo un ruido escandaloso. Me asomé a la barandilla y la vi arrastrar una maleta. Detrás de ella, mis hijos se ponían el abrigo. Cuando le pregunté qué sucedía me dijo que no podía más, que definitivamente no estaba dispuesta a aguantar esta situación en la que yo, según ella, la estaba engañando con mi clienta. Se iba de casa para no volver y se llevaba a los niños. “Jaque mate”, pensé. Su decisión me dejó sin fuerzas para, siquiera, pensar en un argumento creíble que darle para que se quedase. Ya no me apetecía discutir. Mis hijos me dieron un beso y, sin más, los tres salieron de casa y la puerta se cerró. Puede que yo no entendiese del todo a qué estábamos jugando, o quizás tendría que haberme retirado de él hace mucho tiempo. Lo único que todavía tengo claro, es que perdí el juego. Autora: Cristina Sotos
DESTELLOS DE UN DÍA INOLVIDABLE
El 11 de septiembre, los habitantes de Torremolinos en Málaga, vivieron una experiencia inolvidable. El reloj marcaba las siete de la tarde y el campeonato mundial de Ajedrez abría sus puertas a todos sus participantes. Estampas de la Virgen del Carmen, amuletos de la suerte y supersticiones varias se podían observar al lado de cada jugador. Paciencia, concentración y seriedad se respiraba a cada palmo de la sala. Miradas intensas entre los participantes. Algunos se dedicaron algún que otro comentario fuera de lugar. Todos sabían a lo que venían y solo podía quedar el mejor. Eran muchas las horas dedicadas a este juego que comenzó siendo un pasatiempo para la mayoría pero que finalmente se había convertido en uno de sus medios de vida. En el colegio, admitía alguno que otro, cuando el sol menguaba, quedaban para jugar en la esquina de la iglesia en un tablero de madera y con las fichas que con mucho esfuerzo le había hecho su abuelo. En cada una de las piezas encontraban una solución y un mal movimiento podía tomar el rumbo de la partida tanto positiva como negativamente. Jugadas lentas, pero de gran calidad, horas y horas de pensamientos, el recinto estaba repleto de sentimientos totalmente opuestos, mientras que un jugador pasaba con alegría a la siguiente fase, el contrario pasaba a la grada con grandes sollozos. La final llegaba de la mano de “Venus” y “Marte”, partida impecable, limpia en todos los movimientos. Juzgar vosotros mismos, entre la jerga de los jugadores se denominaba como “La Inmortal”;1.e4 e6 2.Cf3 Cc6 3.Ac4, dama contra rey y…. ¡Jaque Mate! Algo tan breve literalmente hablando, duraba cuatro horas y media para los jugadores terminando con un resultado impecable para Venus que se imponía como el mejor jugador del mundo en este juego de mesa. Autora: Ana Molina
Última noche en Auschwitz
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Adam en el momento en que el rey blanco cayó rendido sobre el tablero. Acababa de perder la partida de su vida, literalmente, pues en ella se había jugado el cuello contra un teniente de las SS que predijo ser mejor que él. Sí, Adam era judío y sí, se encontraba en Auschwitz. La prepotencia de aquel general era lo único que podía salvarle de la muerte. Como buen judío confió en sus dotes, pero tras haber evitado su sentencia tres noches seguidas, esta vez se dejó llevar por la confianza. Con un nudo en la garganta volvió a su celda, con la agonía de esperar una noche en vela para ser fusilado. Adam era un ente vacío que tras haber perdido a su familia solo pensaba en salvar su pellejo. La leve esperanza de salir un día de aquel infierno y retomar su vida se acababa de esfumar, ese maldito movimiento de caballo que dejó indefenso a su rey lo había sentenciado. El teniente abandonó los calabozos dejando tras él un irónico “buenas noches”. La puerta se cierra y Adam queda totalmente solo en el calabozo, a oscuras, lo único que ve es la luna entre barrotes. Una luna que estaba cansado de ver, hasta hoy, pues esta noche brilla de otra forma, como un candil que no quiere apagarse. Pero por lástima se apagará y vendrá su última mañana. Para no pensar en este momento Adam hace memoria y piensa en lo que ha vivido, su infancia, su adolescencia, su boda, hasta el maldito día en que un tal Hitler ascendió al poder. Intentando pensar en sus seres queridos y no en el amanecer se queda medio dormido en modo de alerta. El canto del gallo lo saca de su estado y lo regresa a la cruda realidad. De repente se escucha como una mano acciona el picaporte y se dispone a entrar, la luz del sol ciega a Adam que no distingue a adivinar de quién es esa silueta. Todo está perdido, ya no hay nada que hacer, agacha la cabeza y se dispone a salir por la puerta. La sombra se disipa y de la silueta aparece la cara del teniente, que con tono sereno le dice “Buenos Días, juguemos la revancha, te doy otra oportunidad”. Adam ha perdido la esperanza, sabe que no huirá y se niega a jugar. Ante la negativa el teniente avisa al guardia para llevarse a Adam. En ese momento la puerta se abrió de una patada, tres soldados entraron de golpe y abrieron fuego contra el teniente. Estos soldados no hablaban alemán, eran rusos. Auschwitz acababa de ser liberado por la URSS. Con una sensación de discreto alivio y mirando al teniente, Adam dice con orgullo “tanto en el ajedrez como en la vida hasta que no cae el rey no se acaba la partida”. Autor: Julián Martínez
Jaque Mate
La mañana del lunes 10 de octubre del pasado año sucedió un hecho histórico en nuestro país. El nacimiento del jaque a la corona más inesperado de la historia. El reloj marcaba las 8 de la mañana cuando una voz anónima llamó uno a uno a todos los medios de comunicación nacionales. Una voz fría y rasgada, con un tono serio, informaba, en escuetas palabras, que iban a tomar la casa del Rey para acabar con la monarquía de los Borbones. Los medios dudaron sobre la veracidad de este hecho y pocos fueron los que se desplazaron hasta el domicilio real. Solo los que sí creyeron en las palabras del misterioso hombre anónimo vivieron en primera persona lo ocurrido. Poca gente creyó lo que finalmente sucedió a los 30 minutos exactos después de la llamada. Tanto la policía como los medios que se acercaron a La Zarzuela llegaron tarde para impedir el ataque.Una banda organizada compuesta por 30 personas, 20 hombres y 10 mujeres de nacionalidad española, había tomado el Palacio de La Zarzuela y había secuestrado a la familia real al completo. Dicha banda era relativamente nueva, pues este fue su primer ataque. Además, se dice que fue creada exclusivamente para llevar a cabo la misión de acabar con los Borbones. Poco más se supo sobre esta nueva organización, de la que se desconocía el nombre, solo que su cerebro era una mujer que presuntamente había tenido una relación estrecha con la familia. La policía barajaba y especulaba sobre varios nombres pero no salió ninguno a la luz. Aunque la llamada se produjo a las 8 de la mañana y la totalidad del país se enteró sobre las 8 y media aproximadamente. La toma de La Zarzuela fue a las 6 y media de la mañana, hora a la que las cámaras del palacio dejaron de grabar. Por el momento había 15 víctimas mortales, los cuerpos correspondían a los miembros de seguridad de la familia real. Dentro del palacio se encontraban todos los rehenes, Su Majestad el Rey Felipe VI, la Reina Letizia, las Infantas Leonor y Sofía, los Reyes Eméritos Juan Carlos y Doña Sofía y por último los componentes del servicio. Habían pasado exactamente 12 horas de lo ocurrido cuando los secuestradores se pronunciaron. Esta vez volvieron a utilizar el teléfono como instrumento de comunicación con el exterior. Eligieron el teléfono del despacho del Rey, dónde la organización se había montado su fortaleza. El mensaje volvió a ser claro y conciso, no querían dinero, solo querían acabar con la monarquía, pero la familia real no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente. Por lo que las negociaciones seguirían y no iban a cesar su empeño en conseguir su objetivo. También advirtieron que si no lo conseguían emplearían otros medios. Y con esa amenaza cortaron la llamada. El Palacio de La Zarzuela se mantuvo blindado y a sus puertas se encontraba la policía nacional y el ejército español, a esperas de que alguien les autorizara la entrada para salvar la corona española. Las horas pasaban pero todo seguía paralizado, se iban a cumplir 24 horas del secuestro y no se había aclarado nada. A las 28 horas de retención volvió a sonar el teléfono de la policía, esta vez era Felipe VI que ordenaba la retirada de las tropas del ejército y la policía. Nadie entendía nada pero todos acataron las órdenes del Rey. Cuando la entrada de La Zarzuela estuvo despejada, salió la familia real al completo para informar que todo había sido un simulacro para estudiar el rendimiento de la seguridad española. Esta declaración de su majestad causó un gran revuelo durante semanas, este suceso copó todas las portadas de medios nacionales e internacionales. Algunos defendiendo la iniciativa de la Casa Real y otros tachando a esta de ofensa hacia las fuerzas de seguridad del Estado. La realidad fue que la declaración salió muy cara a la Casa Real ya que enfadó mucho al ejército, que estuvo un año entero planeando en secreto un golpe de estado que finalmente tuvo lugar el mismo 10 de octubre. Un golpe de estado serio en el que la dinastía de los Borbones desapareció por completo de nuestro país. Autora: Irene Tello
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Jose Miguel Martin

Futuro proyecto de periodista nacido en Benidorm y residente en Daimiel. Sin miedo a los retos y con ganas de superarme a mi mismo día a día. Enamorado de la radio, pero sobretodo del periodismo. Español, Ingles y Frances son tres plumas que puedo esgrimir a la hora de elaborar cualquier texto.
Jose Miguel Martin

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Futuro proyecto de periodista nacido en Benidorm y residente en Daimiel. Sin miedo a los retos y con ganas de superarme a mi mismo día a día. Enamorado de la radio, pero sobretodo del periodismo. Español, Ingles y Frances son tres plumas que puedo esgrimir a la hora de elaborar cualquier texto.

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