Antes de escribir sus duras críticas al estalinismo y al fascismo, que quedaron plasmadas en libros como Animal Farm (Rebelión en la granja), la archiconocida 1984 o Homage to Catalonia (Homenaje a Cataluña), Eric Arthur Blaire carecía de un motivo “verdadero” para escribir. Lo reconoce en uno de sus ensayos más famosos, Why I Write: “Cuando reviso todo lo que he escrito, me doy cuenta de que cuando no tenía un motivo político para escribir solo hacía obras muertas, llenas de frases huecas, de adjetivos decorativos y de auténticos disparates”. [1]

Y es que, desde que era niño, Orwell tenía la firmeza de que llegaría a ser escritor. Sus primeros escritos fueron un poema dedicado a su madre, otro que pretendía imitar el Tiger, Tiger de Blake y un tercero que instaba a los “jóvenes de Inglaterra” a alistarse al ejército británico frente a los alemanes de la Primera Guerra Mundial. No fue hasta los años posteriores que descubrió “el placer de los sonidos” a través del Paradise Lost de Milton, y que escribió una sátira sobre un anuncio de dentífrico (Brush your teeth up and down, brother/ Oh, brush them up and down). Mientras tanto, terminaba una obra teatral en rima, a imagen y semejanza de las comedias de Aristófanes. Con las redacciones que le mandaban en el colegio y los “poemas semi-cómicos” que escribía de vez en cuando, terminó casi toda su producción literaria durante la juventud.

Periodismo como panacea

Aunque la cantidad de páginas que escribió en todo ese tiempo no supera la docena, existe otro tipo de literatura que cultivó desde muy joven. Desde los 10 a los 25 años, Arthur Blaire se obsesionó con la idea de narrar en su cabeza todo lo que ocurría a su alrededor, teniéndose a sí mismo como protagonista. De esta forma, podía ver las escenas y narrarlas con todo lujo de detalles, mediante el truco del estilo indirecto libre. Este es uno de los fragmentos narrativos que pone de ejemplo en el ensayo: “Empujó la puerta y entró en la habitación. Un rayo de sol se filtraba entre las cortinas de muselina y se inclinaba sobre la mesa, donde una caja de cerillas descansaba, medio abierta, junto al tintero. Con la mano en el bolsillo, el hombre se dirigió a la ventana. En la calle, un gato pardo perseguía una hoja muerta”. [2] Su primera novela, Burmese Days (1934), surgió de este esfuerzo narrativo tan escrupuloso, y partió de sus experiencias como policía en la India, que le llevaron a rechazar la corrupción y los abusos de poder del imperialismo británico.

Burmese Days. Editorial Modern Classics. Traducido al español como Los días de Birmania, narra los útimos días del imperialismo británico en la India.

Con la llegada del comunismo estalinista, del nazismo alemán y, especialmente, de la Guerra Civil española (el escritor participó en ella como brigadista internacional y reportero), George Orwell terminó de posicionarse. Entendió que las guerras y las injusticias eran un tema inevitable en el periodismo, y que “cuanto más convencido está alguien de su inclinación política, más posibilidades tiene de actuar sin sacrificar su integridad intelectual” [3]. De forma que se sentó a escribir sus novelas movido por la necesidad de exponer mentiras y de situar el foco de atención sobre hechos de relevancia, que él catalogaba como “injustos”. Su libro sobre la Guerra Civil, Homage to Catalonia, en 1938, nació como protesta contra las voces que acusaban a los trotskistas de haberse confabulado con Franco para derrotar a la República. En Animal Farm (1945), la primera incursión novelística de Orwell en el género distópico, trata de cerdos a los comunistas, y ve en el Sr. Jones al zar Nicolás II. La conducta del Sr. Jones, la de un borracho que desatiende a sus animales y los trata de forma tiránica, pretende asemejarse a la conducta del propio zar con su pueblo. En 1984 (1948) no juega con la fábula de los animales, sino que ofrece un crudo futuro en el que los regímenes totalitarios han tomado el control de las sociedades y mienten a los ciudadanos sobre el progreso de una guerra que nunca termina.

Fotograma de la película 1984. El Gran Hermano, representante del partido Ingsoc, aparece en la televisión. Winston Smith, el protagonista, en la esquina izquierda.

El demonio misterioso

Aparte de su razón política para escribir, el autor expone otra que tiene que ver con su propia personalidad: el egoísmo. “Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos, y siempre hay un misterio detrás de sus obras” [4] , relata, “uno nunca podría escribir una novela si no le guiara un demonio que no puede evitar ni comprender”. [5] Con estas palabras, expresa las dificultades que pasó de pequeño para integrarse en la sociedad, y cómo le afectaron en el transcurso de su vida. El distanciamiento con su padre fue otra de las taras que marcaron su tendencia a la introversión, y que inculcaron en él manías como la de crear personajes imaginarios con los que conversaba largamente en sus ratos libres. La soledad y la infravaloración que vivió durante su infancia tuvieron una gran importancia en el Blaire adulto, que empezó a crear personajes crudos, viciados, con gusto por el tabaco y por la vida antisocial. Para muestra, su primer ensayo, en 1931, The Spike.

¿Por qué escribía George Orwell? Cuando acabó Why I Write, el escritor seguía sin saber cuál de sus motivos era el que más le influía a la hora de escribir. Sin embargo, y echando un vistazo al resto de sus ensayos y novelas, es fácil ver cómo estos motivos mediaron en su prosa. Ahora sabemos que sus grandes dotes de narrador surgieron de las luchas internas contra sí mismo y contra los demás; contra sus propios demonios y contra los demonios de las injusticias sociales.

Notas

[1“And looking back through my work, I see that it is invariably where I lacked a political purpose that I wrote lifeless books and was betrayed into purple passages, sentences without meaning, decorative adjectives and humbug generally”.

[2‘He pushed the door open and entered the room. A yellow beam of sunlight, filtering through the muslin curtains, slanted on to the table, where a match-box, half-open, lay beside the inkpot. With his right hand in his pocket he moved across to the window. Down in the street a tortoiseshell cat was chasing a dead leaf’

[3“And the more one is conscious of one’s political bias, the more chance one has of acting politically without sacrificing one’s aesthetic and intellectual integrity”

[4“All writers are vain, selfish, and lazy, and at the very bottom of their motives there lies a mystery”

[5“ One would never undertake such a thing (writing a novel) if one were not driven on by some demon whom one can neither resist nor understand”

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Juan Pérez

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