Es 18 de septiembre, y nos encontramos en la suelta de vaquillas, en las fiestas de San Mateo, de la ciudad de Cuenca, en Castilla -La Mancha. Ahora llegamos a la ciudad antigua, o alta como rezan los carteles de la zona. Cuando subimos empezamos a sentir el leve hálito del olor a alcohol que baja por las principales calles del casco antiguo. De este modo, comenzamos a vislumbrar personas cuyas caras empiezan a denotar embriaguez y descontrol, pero, por otro lado, parecen alegres, inclusive, me piden fotos, y que me deje contagiar al igual que ellos por el alcohol, pero yo he venido a otra cosa.

Una vez, nos encontramos en la plaza percibimos como la tradición de la vaquilla parece ya una entelequia de la Edad Media. No digamos ya otras aberraciones como el Toro de la Vega. Esto es la preminencia de la tradición y la barbarie, sobre la razón y la lógica. Y es que, la opinión general de la gente con la que he podido hablar sobre el tema, se resume en que “es tradición”, pero también lo es para una parte de los árabes la mutilación genital femenina… Pero bueno, eso es otro tema. Ahora, continuamos en la plaza mayor de Cuenca intentando hacer alguna foto al astado. Y entonces, casí que sin darme cuenta la veo ahí, es de color marrón y está dentro de un corro, tirada en el suelo, sin ganas de nada, mientras que la cogen de los cuernos, de la cola…. Es más, se cae al suelo cuando corre, y no se cae solo una vez, si no hasta en cinco ocasiones y es que el suelo está impregnado de una mezcla de vino, zurra y arena que convierten el adoquinado en una superficie muy resbaladiza, así que la vaquita se cae varias veces. Por otra parte, el maromero (persona que lleva a la vaca atada por la cabeza a una soga) dice que: “ respeten a la vaquilla, que es un ser vivo y que no la toquen solo está para correr. El que se pase lo echan de la plaza”.

Por otro lado, el ambiente está un poco disperso, los niños con sus padres y sus abuelos se esconden detrás de las vallas. Mientras que son los jóvenes y los no tan jóvenes los que molestan y perjudican con tironcitos de rabo, de orejas, o de cuernos a la pequeña vaca. Después, la ternera se levanta y corre por la plaza para malograr algún intento de arremeter contra alguien, Esto es algo que a la gente parece no importarle, y en cambio beben y se emborrachan con una irresponsabilidad desmesurada sin preocuparse por nada de los cuernos de la vaca. Ahora tenemos la ocasión de hablar con Marcos un estudiante de una peña que nos cuenta que: “La única regla es: que si ves correr, corre tu también y da igual en que dirección, tu solo corre, si la gente corre, tu corres.” Marcos, del grupo “La vaca loca” se muestra recalcitrante en el hecho de que hay que correr.

En estos momentos, sale la segunda vaquilla del día, cuando son las 5 de la tarde, en este caso es negra y sale con mucha más energía que su predecesora. La gente corre como alma que lleva el diablo, hasta yo corro igual cámara en mano. Esta vaca es una locura, no para de correr por la plaza y cuando va a salir de la plaza mayor, atisba a un chico ebrio que desgraciadamente cae al suelo, y en ese momento cuando la vaca se va precipitar sobre el muchacho, es cuando aparece el maromero que venía corriendo a toda velocidad por la plaza hacia abajo detrás de la res para finalmente con gran fuerza conseguir agarrar y controlar la soga que el vacuno llevaba suelta. Finalamente, el estudiante se levanta y corre calle abajo. Y la vaquilla vuelve para arriba, hasta que se topa con otro grupo de estudiantes ebrios que salen disparados hacia la parte alta. De nuevo, otro joven cae al suelo y la vaquilla se dirige para cornearle, pero otra vez, el maromero logra enganchar la soga. Ya cansada la becerra se recuesta en medio de la plaza mayor de Cuenca, a la vez que otro grupo de universitarios borrachos vuelven a incordiar la vida del pobre animal. En fin, estas son las fiestas de San Mateo, un año más, una barbarie más.

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