FICHA TÉCNICA
Imágenes de portada y cartel: Sony Pictures
Imágenes de portada y cartel: Sony Pictures

Título original: Inferno

Año: 2016

País:  Estados Unidos

Género: Thriller, misterio

Duración: 121 min.

Director: Ron Howard

Guión: David Koepp, basándose en la novela Inferno, de Dan Brown

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Salvatore Totino

Reparto: Tom Hanks, Felicity Jones, Omay Sy, Sidse Babett Knudsen, Ben Foster, Irrfan Khan

Productora: Imagine Entertainment

Distribuidora: Sony Pictures España

Web oficial: www.infernomovie.net

Sinopsis: El experto en simbología Robert Langdon despierta amnésico en un hospital de Florencia, y se ve repentinamente involucrado en una nueva amenaza para la humanidad: un virus que acabará con la mitad de la población. Para detener la conspiración el profesor se valdrá de la ayuda de la doctora Sienna Brooks y una serie de pistas entorno a la figura del poeta Dante Alighieri,  que le conducirán por ciudades como Florencia, Venecia o Estambul.


Siete años después de Ángeles y Demonios, Ron Howard vuelve a adaptar a la gran pantalla una obra del siempre polémico escritor Dan Brown. Esta vez nos trae Inferno, anhelada por millones de fans de la saga de todo el mundo, y que por fin ha sido alumbrada por el ya consolidado dúo que conforman el oscarizado director de Oklahoma y el incombustible Tom Hanks.

El comienzo de Inferno resulta bastante dinámico: una persecución, centelleantes imágenes de lo que parecen ser muertos vivientes bajo una lluvia de sangre , y un profesor convaleciente que se ve obligado a huir de un hospital. Sin duda, una buena carta de presentación. Sin embargo, este frenesí va decreciendo con los minutos y podría decirse que el final de la película es bastante más predecible y descafeinado de lo que cabía esperar.

Este capítulo, fiel a la saga, transmite al espectador un afán erudito constante, siendo uno de sus puntos más fuertes. Regala lecciones sobre simbología e Historia del Arte, incentivando su curiosidad por los misterios ocultos del pasado. Eso sí, estas escenas se antojan menos intensas que en capítulos anteriores. Las constantes referencias al poema de Dante Aliegheri (siendo de especial importancia en la trama el Canto XXV de su obra) así como a la vida personal del genio italiano son de lo más destacado.

Mientras que en El Código Da Vinci las referencias artísticas giraban en torno al museo del Louvre y Da Vinci, en Ángeles y Demonios teníamos el Vaticano, el Castillo de Sant’ Angelo o las esculturas de Bernini, Inferno nos regala los misterios ocultos en  el Palazzio Vecchio de Florencia, la pintura La batalla de Marciano de Giorgio Vasari, que esconde una pista clave en la trama, al igual que los caballos de la Basílica de San Marcos en Venecia. Otras bellas escenas tienen que ver con los canales de esta ciudad, una mezquita en Estambul con el sol poniéndose en un cielo anaranjado… Sin duda, la ambientación y la fotografía, a cargo de Salvatore Totino, constituyen uno de los puntos más trabajados y atractivos del largometraje.

Los célebres caballos de la Basílica de San Marcos, que aparecen en la película
Los célebres caballos de la Basílica de San Marcos, que aparecen en la película. Fuente: InfernoFirenze

 

Hanks en su línea, secundarios discretos

En cuanto a las interpretaciones, Tom Hanks vuelve a cumplir bastante bien, pues su personaje es más humano que en anteriores entregas, evolucionando a través de nuevos sentimientos: dolor físico intenso, una amnesia bastante creíble o incluso algún coqueteo. Sin duda, es psicológicamente menos plano que en las dos películas anteriores. Inferno nos muestra un profesor debilitado, que siente que juegan con él al ratón y el gato, aunque va recobrando progresivamente su lucidez y serenidad. En algunos momentos puede parecer un profesor con un tono de voz monótono y que no sorprende ya, pero Hanks cuenta con una característica muy peculiar: que es imposible no amar sus personajes, debido a esa entrañable esencia que les imprime. Por tanto, en él vuelve a residir una importante parte del atractivo de la película.

El antagonista principal, el excéntrico multimillonario Bertrand Zobrist, es presentado en formato flashback. Un recurso del que se abusa, especialmente en el primer tercio de la obra, y que sirve también para exhibir las visiones apocalípticas que padece el profesor Langdon. Estos retrocesos temporales hilvanan la trama, pero están limitados por un guion poco trabajado (al menos, para haberse basado en un libro de Brown). El recurso de los flasbacks a modo de tutoriales para el espectador se antoja insuficiente. Eso sí, son notables a nivel técnico. Precisamente en el argumento, adaptado a la gran pantalla por David Koepp, resultan demasiado repetitivas las citas lapidarias como hilo conductor, tales como “busca y hallarás”. De igual modo, los diálogos contienen una reducida fracción de la riqueza que hallamos en las líneas del libro.

Ni Zobrist, al que da vida un actor que últimamente está de moda (Ben Foster), ni ninguno de los personajes secundarios poseen carisma ni permiten al espectador empatizar con ellos. En  cierto sentido, es comprensible, ya que se respeta el deseo del autor original de que el lector/espectador no tenga claro quién es “bueno” y quién “malo”. Pero el rival en off de Langdon introduce reflexiones interesantes sobre aspectos de la humanidad, típicas de Dan Brown; en este caso, la problemática de la superpoblación plantea un interesante dilema moral al espectador.

Felicity Jones, a quien últimamente también vemos hasta en la sopa (Un monstruo viene a verme y, próximamente, Rogue One: A Star Wars Story), interpreta a un personaje principal, la doctora Brooks, que ejerce de nueva compañera sexy e inteligente del protagonista. La actriz británica toma el relevo de Audrey Taotou y Ayelet Zurer, con una actuación correcta, pero sin alardes. Otra actriz que, más allá de que su actuación sea algo impostada, se ve condicionada por un cuestionable guion, que diezma un personaje que en la obra literaria es más importante.

Por su parte, el agente especial Bruder, interpretado por el francés Omar Sy (quien brilló en Intocable) no da todo el juego que debería, está muy indefinido y no aporta mucho al reparto. Quizá el guion no jugara muy en su favor, ya que no es de los mejores de la saga. Este nuevo título es más simplón, pero ni así se explica bien la amenaza del virus, y sobre todo se echa en falta una mayor contextualización tanto histórica como de los sucesos que se narran en el filme. La amenaza de la pandemia letal no es del todo verosímil, no da sensación de constituir un verdadero riesgo.

Al menos, Irrfan Khan, a quien vimos en La vida de Pi, realiza un interesante papel, poniéndose en la piel de un empresario sin escrúpulos que tendrá que enfrentarse a sus propias contradicciones, y tiene gran protagonismo en la parte final del largometraje. El personaje de Elizabeth, líder de la OMS, está muy bien encarnado por Sidse Babett, pero sin posiblidad de brillar. Resulta interesante su interacción sentimental con el profesor de simbología.

De izquerda a derecha: Omar Sy, Irfan Khan, Ron Howard, Tom Hanks, Felicity Jones y Dan Brown, durante la presentación de la película
De izquerda a derecha: Omar Sy, Irfan Khan, Ron Howard, Tom Hanks, Felicity Jones y Dan Brown, durante la presentación de la película. Crédito: SGP / BESTIMAGE

Por otra parte, la banda sonora cumple escuetamente, sin grandes alardes. Las melodías son quizá demasiado genéricas. Hans Zimmer, a quien le sobran presentaciones, ni siquiera se atreve a versionar claramente el tema principal de la trilogía. También se echan en falta los cantos corales de la anterior entrega. Las piezas reflejan los distintos momentos de máxima tensión de Inferno pero no es el mejor trabajo del compositor alemán, ni de lejos. Su trabajo en Ángeles y Demonios denotaba una calidad mayor. El montaje sonoro y el doblaje presentan un aspecto muy sólido.

Demasiado parecida a las anteriores

Lo realmente preocupante de esta película es que encontramos en ella muchas escenas parecidas a El Código Da Vinci, y especialmente a Ángeles y Demonos; da sensación de ser una segunda parte de esta, por ambientarse también, mayoritariamente, en Italia. Ejemplos de momentos que resultarán familiares al público aparecen a raudales: Langdon limpiándose sangre, numerosas persecuciones a pie y en coche, despliegues policiales, burocracia, el profesor y su compañera huyendo del peligro alguien dentro de un edificio de carácter histórico, mediante pasadizos ocultos…

El director se preocupa, no obstante, de mantener una cierta cohesión con  las otras adaptaciones que hizo a la gran pantalla de la saga de Dan Brown. Detalles como el reloj de Mickey Mouse, que acompaña a Robert Langdon en todas sus aventuras, tienen un importante valor simbólico y serán agradecidos por los más devotos seguidores.

Como ya se ha dicho, el final no es una gran decepción pero tampoco cautiva. Quizá es demasiado precipitado y el espectador se puede levantar de su butaca pensando “¿eso es todo?”. Además, los fans del libro quizá no entiendan que se haya cambiado completamente el final de la obra, incluyendo al personaje de Sienna Brooks. La película, por lo menos, no aburre en ningún momento al espectador, algo que sí pudo suceder en El Código Da Vinci.

En síntesis, nos encontramos ante un Infierno poco imponente, y que ha sido congelado por un Ron Howard que no lo desata tan bestialmente como hizo Brown en su libro. La película parte con buenas intenciones, con un gran e histórico actor como es Hanks, pero con un elenco de secundarios que no está a la misma altura y, sobre todo, un guion bastante flojo, que no se sostiene y va perdiendo fuelle – y sentido – paulatinamente. Eso no quita que cualquier espectador, sea o no lector de Dan Brown, pueda maravillarse en muchos puntos de la película, repletos de un arte que ha sido rescatado del olvido de la Historia, y que está aderezado con un apartado técnico notable.

¿Habrá una nueva conspiración?

Falta por ver si se adaptará al cine otro libro de la saga, que curiosamente, salió antes que Inferno. Se trata de El Símbolo Perdido, cuya versión cinematográfica fue pospuesta por Sony indefinidamente, prefiriendo rodar la película aquí analizada. Sería interesante ver esta cuarta parte, que podría aportar un broche final más satisfactorio que Inferno. Ésta, sin ser mala película, ni mucho menos, podría haber dado más de sí. Da la impresión de que Ron Howard simplifica mucho la obra de Dan Brown, y esto extraña debido a que el escritor norteamericano es productor de la adaptación en cine. Pero ambos saben que esta saga es una máquina de hacer dinero, y es difícil resistirse a tal tentación.

Quién sabe si, en un par de años, vemos de nuevo al bueno del profesor Langdon resolviendo acertijos a contrarreloj, esta vez en Washington D.C. y con el transfondo del mundo masónico. Mientras tanto, el misterio que queda por resolver es si la crítica y, sobre todo, el gran público, amarán o detestarán esta obra.

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Antonio J. Villena

La verdad es que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial.
Antonio J. Villena

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La verdad es que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial.

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