Supongamos que la abstención socialista, sea técnica, manual o de cualquier otra índole, se produce finalmente y Rajoy vuelve a ser presidente del gobierno. A partir de aquí, el problema que se plantea ya no es solo cómo se lava y blanquea todo lo que está aflorando en el caso Gurtel. El tema gordo es saber cómo un presidente que gobernó con mayoría absoluta y aprobó por decreto o por rodillo los mayores recortes en derechos y libertades de nuestro periodo democrático, va a conseguir apoyos parlamentarios para su acción de gobierno. Porque, no lo olvidemos, la práctica totalidad de todas estas leyes se aprobaron solo con el voto del PP. Por ejemplo, ¿qué va a pasar con la Lomce, cuya reválida ha generado conatos de rebelión más allá de las escuelas?; ¿qué va a pasar con la reforma de los títulos de grado que acorta a 3 años la duración de las carreras universitarias con la oposición de profesores y estudiantes?; ¿qué va a pasar con la reforma laboral, repudiada por los sindicatos y sufrida por los trabajadores? ¿y con la llamada ley mordaza que tantas movilizaciones sociales generó? Item más: ¿de dónde se van a recortar los 14.000 millones de euros que exige la comisión europea para mantener los fondos estructurales a España?

Vale, abstención y ya tenemos gobierno. Pero qué pasará al día siguiente ¿Se abstendrán los socialistas con los presupuestos que recojan más recortes? ¿Se abstendrán cuando se sigan aplicando y desarrollando las leyes contra las que votaron en contra en el pasado? Y si no se abstienen, ¿qué ocurrirá?, ¿nuevas elecciones…? Los socialistas españoles, aunque no lo sepan, cada vez se parecen más al mito de Sísifo, aquel cuya condena era subir una y otra vez una pesada piedra a la cima.

 

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Antonio Laguna

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