En el año 1966, Fernando Zóbel instaló en Cuenca el Museo de Arte Abstracto Español con la colaboración de artistas como Gustavo Torner y Gerardo Rueda. Fue el paisaje conquense lo que cautivó al artista filipino y lo que marcó la madurez de uno de los pintores más relevantes de la historia del arte abstracto español.

 

Esta pieza forma parte de una serie de reportajes titulados 2016: 50 años del Museo de Arte Abstracto.

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