España es un país donde la cultura vinícola y el manejo del cultivo de la vid es uno de los principales recursos que brinda nuestra tierra. En época de vendimia, la uva se convierte en la protagonista principal de la actividad laboral para la sociedad española y como no, también de los castellano-manchegos.

Según Vinetur, la revista digital del vino, Italia, Francia y España son las principales regiones que acaparan más cultivo del planeta, aunque países como China y Argentina están irrumpiendo positivamente en la producción de esta bebida. Además, como indica el propio Instituto Nacional de Vitivinicultura (O.I.V.), España posee más de un millón de hectáreas, cifra que ha ido in crescendo en los últimos años. Aunque el director de este organismo intergubernamental, Jean-Marie Aurand, -que ocupa el cargo desde 2013-, afirma que aún queda trabajo por hacer, puesto que los precios del vino en la península siguen siendo más baratos que algunos países de la Unión Europea. Por ello, a pesar de que la crisis económica mundial sigue azotando a los ciudadanos, la producción, la venta y el consumo de vino se han convertido en una de las labores más concurridas del sector primario a nivel nacional e internacional. Esta última afirmación la corroboran -además de expertos, técnicos y científicos asociados al asunto-, diversos medios españoles, entre ellos elmundo.es, que el pasado mes de abril publicaba que Estados Unidos se ha convertido con la entrada de año en el mayor consumidor mundial, aunque no obstante España sigue siendo el líder en viñedos, con un 13,6% de la superficie global.

Éstos son algunos datos que se han recogido en primera instancia para poder emprender el tema y con ello conocer la importancia económica, social y laboral que tiene la cultura vinícola. Ahora bien, ¿estamos realmente familiarizados con el tema? ¿Saben cómo es la calidad y la producción del vino en nuestra región? ¿Alguna vez se han parado a pensar cómo pueden afectar las máquinas nocturnas de recogida de vid al medio ambiente? Estas serán algunas cuestiones que intentaremos resolver a continuación.

Según Antonio Casas Torres, ex trabajador de la Cooperativa de San Isidro, -ubicada en el municipio toledano de Miguel Esteban-, asegura que tanto los toledanos como los manchegos están habituados a la recolección de uva puesto que este trabajo se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos desde hace más de una década. En la zona, abunda la variedad de uva blanca conocida como airén, siendo ésta la más cultivada en Castilla-La Mancha y curiosamente en el mundo, como indica la Asociación de Enólogos de la comarca.  Asimismo el socio de esta cooperativa añade:

“en contraste con la uva blanca, se encuentra la variedad de cencibel o tempranillo, una tipología de uva tinta que ocupa más del 40% del territorio miguelete”

Tras quince días de recolección, la vendimia está siendo climatológicamente perfecta y los agricultores son optimistas con respecto al resto de campaña. Según informaba el diario.es el pasado mes de julio, la producción y la calidad de la cosecha preveía ser bastante alta y el hecho de que haya menos cantidad de uva no concurriría en un problema, sino todo lo contrario, ya que esto significa que la venta de vino y su comercialización en el mercado habrían sido óptimas.

Mecanización y medio ambiente

Frente a los sistemas tradicionales en la recolección de uva, se han ido imponiendo en poco más de una década los cultivos emparrados ya que los viñedos de secano han ido dando menos fruto debido a temperaturas cálidas y muy elevadas. Según la televisión local teleroda.es, en Castilla La Mancha el emparrado ocupa ya más del 36 % total de viñedo, por lo que esta práctica ha ido consolidándose entre los agricultores. Ahora bien, puesto que la máquina realiza un ruido entre 90 y 100 decibelios, como estima Emilio Villar, -dueño de una máquina nocturna-, ¿podría afectar al ecosistema y al medio rural?

Pues bien, en Miguel Esteban se encuentra una de las reservas ornitológicas más importantes de la región llamada “Los Charcones”. Este humedal, que recibió el Premio Nacional de Medio Ambiente en 1996, está rodeado por un lado, de viñedo tradicional y por otro, por cepas emparradas que, como hemos mencionado anteriormente, se vendimian con maquinaria.

El inconveniente de esta práctica es que debido al excesivo ruido, algunas aves pueden verse afectadas y deciden emigrar durante estos días de vendimia. Frente a ello, el primer teniente de alcalde y concejal de Obras, Servicios Generales, Agricultura y Medio Ambiente de Miguel Esteban, Emilio Lara Patiño, niega que esto pueda perjudicar a la fauna a pesar de estar el viñedo emparrado a poco más de 100 metros de la laguna mayor de decantación. “Las aves están acostumbradas durante todo el año al ruido y tránsito de vehículos. Eso se percibe si observamos como ellas tratan de anidar en las zonas más alejadas a estas vías de tránsito”.

El concejal de 49 años de edad, lleva desde el 2015 al frente de esta concejalía y afirma que desde su breve elección, está haciendo todo lo posible por conservar y apoyar el humedal social y económicamente. “Precisamente el año anterior finalizamos una inversión superior a los 500.000€, de los cuales alrededor de 190.000€ procedían de fondos europeos”.

En esta reserva se encuentran más de 140 especies diferentes de aves, entre ellas, la famosa Malvasía Cabeciblanca, -declarada en peligro de extinción- y toda una variedad de flora y fauna que pueden distinguirse fuera del centro urbano del municipio.

Desde su cargo, Emilio Lara procurará estimular en un futuro cercano Los Charcones a través de campañas de difusión en los medios de comunicación, realizar charlas/coloquios con profesionales tanto en colegios como en institutos colindantes, potenciar las visitas para conocer el complejo lagunar y su vegetación en tiempo real o intentar desviar el tráfico de vehículos por otros caminos alternativos.

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Carolina Cicuéndez Muñoz

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