Hoy comienza en Marrakech la vigésimo segunda Cumbre Internacional del Clima (Conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático). Un año más, cientos de dirigentes internacionales, junto a expertos en la materia vuelven a reunirse entorno al gran debate que sigue estando presente, catástrofe tras catástrofe, indicio tras indicio: el cambio climático y sus adversos efectos en nuestro planeta. Un año más, son las autoridades políticas las que tras reunirse tendrán que llegar a unos acuerdos, cuando todavía no se han cerrado ni siquiera las acciones que pactaron los países que se reunieron en el “Protocolo de París”, que se quedaron en unas líneas generales.

Nuevas reflexiones y nuevos retos se darán cita en una de las ciudades turísticas más importantes del continente africano. Ha pasado casi un año desde que se llevaron a cabo los Acuerdos climáticos más importantes a nivel mundial: París (2015). Allí se volvió a alertar sobre los graves efectos que año tras año la contaminación iba trayendo a nuestro planeta. Efectos producidos por la mera acción humana. Efectos que, un año más tarde, siguen ahí. Los países reunidos se comprometieron a firmar los acuerdos, meses más tarde en la ciudad de Nueva York (abril 2016), pero la realidad es distinta. Ahora el objetivo de esta COP22 es ratificar (de facto) este acuerdo, aún cuando pocos países han dejado plasmado su interés real por contribuir a parar los efectos de este cambio del clima que cada vez deja más patentes sus efectos, no solo en las zonas con temperaturas más gélidas, donde estos cambios son más evidentes.

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¿Cómo se llegó a la COP21? Fuente: AFP

“Reorientar la economía mundial hacia un modelo bajo en carbono era el deseo expresado por los 150 jefes de Estado presentes en la COP21” es lo que se nos recuerda con la convocatoria de esta nueva cumbre climática, como uno de los antecedentes de esta reunión anual que ya llega a su vigésimo segunda edición. Las partes que se dieron cita en París tenían -y tienen- un año para ratificar esos acuerdos, pero la pregunta de “¿por qué no lo han hecho ya?” sigue latente. Entre ellos, reiteramos, España -recordemos que ha estado todo este tiempo con un gobierno en funciones y que ahora el Ministerio competente tendrá que ponerse al día con todos los retos que se manifestaron no solo en esta cumbre, sino también impuestos por la Unión Europea-. Según el presidente francés François Hollande, anfitrión de la pasada cumbre mundial, en esta nueva reunión mundial toca afrontar las soluciones que ya se decidieron en la capital francesa hace apenas once meses.

Con un buen número de retos a afrontar -obligados por las cifras que nos ofrecen las estadísticas y por los diferentes efectos que ya se notan en nuestro planeta debido a la acción del ser humano, mayoritariamente- lo cierto es que esta Cumbre llega a Marrakech cuando las Partes implicadas en un buen número apenas han mostrado su capacidad de hacer frente a los diferentes problemas que a día de hoy existen, que son patentes y que se tendrían que paliar. En los próximos cinco años muchos son los objetivos, y más las medidas a realizar entre los países implicados, también en la Unión Europea, pero son muchas las preguntas que nos surgen a día de hoy sobre la capacidad de los países para cumplir sus propósitos presentados en el Acuerdo de París.

En este año de reflexión y de decisión, numerosos han sido los encuentros y ponencias que han dejado entrever un valioso debate no solo sobre el cambio del clima, sino también sobre el modelo energético de nuestra zona, así como el modelo económico o el estilo de vida asumido mayoritariamente en la zona occidental. También esta cita llega cuando Estados Unidos, uno de los representantes más importantes en el Acuerdo, va a elegir a su futuro presidente (o presidenta). Esto también tiene su importancia dado que el bloque norteamericano y su capacidad de decisión pueden influir en las acciones llevadas a cabo por otros muchos países y de esta manera el debate puede suscitar nuevos cambios, nuevas posturas o propuestas.

Como ya indicábamos en este artículo, “los países asistentes deben avanzar juntos hacia un objetivo común”, para tratar de paliar los efectos que cada vez son más visibles (y muchas veces, más irreversibles) a partir de nuevos planes estratégicos y nuevas políticas que sean adecudas para aminorar las consecuencias de la contaminación (un claro ejemplo es lo que está pasando en Madrid estos últimos días). Pero además, para que el Acuerdo de París fuera efectivo, era necesaria una ratificación por parte de 55 países, que se completó el pasado viernes con la suscripción de algunos países de la Unión Europea al texto redactado. A pesar de esta aceptación de los países del Tratado, diferentes expertos explican que el texto solo establece unos parámetros generales, es decir, se trata de un acuerdo vinculante, sí, pero luego tendrá que ser desarrollado por cada continente y cada país en concreto. Lo que es lo mismo: el Acuerdo de París no estará vigente hasta que no empiecen a desarrollarse las medidas estipuladas para la regulación y disminución de emisiones, así como el cambio en escala hacia un modelo energético más sostenible.

El presidente de la COP22, Shalaheddine Meouzar, junto a la Secretaria Ejecutiva de la CMNUCC, Patricia Espinosa Foto: COP22
El presidente de la COP22, Shalaheddine Meouzar, junto a la Secretaria Ejecutiva de la CMNUCC, Patricia Espinosa
Foto: COP22

Con la COP22 aquí y con el reto del cambio climático cada vez más presente, los países que forman parte de esta Conferencia tendrán que empezar -si no lo han hecho ya- a modelar, diseñar y ejecutar nuevas prácticas, políticas y planes. Uno de los objetivos es a corto plazo, pero el gran objetivo a conseguir a mediados de siglo (reducción total de emisiones de carbono) no se va a cumplir “por arte de magia”. Es preciso, por lo tanto, que los países implicados lleguen a nuevos acuerdos -como por ejemplo que la Unión Europea realizara un nuevo Tratado en esta materia que incluyera lo pactado- para que sean reales los diferentes esfuerzos para conseguir ese reto, que a día de hoy, parece bastante fácil de conseguir (y ello lo medimos por la confianza de los países en no bajarse del vagón).

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Pseudoperiodista y músico. Me gusta escribir, y aquí podéis comprobar qué es lo que hago. “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”. Albert Camus.
Jose Verdugo

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