Ya hemos pasado de pantalla: Rajoy es presidente y, si no decide alargarlo más, lo será de un gobierno a partir del viernes próximo. Pero, ¿por cuánto tiempo? ¿Será capaz un político que ha gobernado en mayoría absoluta de hacerlo ahora en minoría? Es más, ¿Sabrá Rajoy incorporar la palabra consenso a su vocabulario después de 10 meses sentado a la puerta de Moncloa esperando ver pasar los cadáveres de sus rivales? Los analistas de los principales bancos mundiales, esos que normalmente llamamos mercados, han coincidido en señalar que la legislatura no superará, en el mejor de los pronósticos, el año y medio.

Sin embargo, sea cual sea la duración del nuevo gobierno, lo realmente destacable es la posición de fuerza con la que inicia su mandato Rajoy, en claro contraste con su minoría en el Parlamento. Una fortaleza que reside en que, pase lo que pase, la responsabilidad siempre será de un tercero. Especialmente del Psoe. Como en el día de la marmota, todo seguirá dependiendo del voto del PSOE, de lo que haga con los presupuestos, de lo que vote ante las esperables propuestas radicales de Podemos, y de cómo gestione su guerra interna. De tal suerte que, sea un año o dos, los socialistas volverán a aparecer como responsables de unas nuevas elecciones y Rajoy como el presidente al que no le dejan gobernar. Y si faltaba algo, las amenazas independentistas catalanas o las ocurrencias dadaístas de Iglesias llevarán a muchos españoles a repetir, con José Luis Cuerda en “Amanece, que no es poco”, aquello de: todos somos contingentes, pero tu, Mariano, eres necesario. Dure lo que dure, Rajoy gana.

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Antonio Laguna

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