Cuando la censura aparece en nuestras vidas, la libertad de expresión desaparece

Judit López Martínez/ Eva María Perona Agudo

La censura es un mecanismo de poder que llevan a cabo los estados o instituciones para prohibir la difusión de un libro, película, noticia o cualquier documento que afecte de alguna manera a la idea que tiene el gobierno de su nación.
En España durante el franquismo hubo una serie de restricciones a la literatura infantil. Los decretos de 1938 y 1939, encargados de censurar cualquier escrito que no fuera conveniente en esa época, afectaron fuertemente a la literatura infantil y juvenil. Uno de los referentes más antiguos de censura en España es la obra de Gregorio Marañón, Raíz y decoro de España de 1939.

En 1952 se creó la Junta Asesora de Prensa Infantil cuyo objetivo era informar sobre la orientación y el contenido en referencia a cinco bloques: la religión, la moral, el punto de vista psicológico y educativo, los aspectos patrióticos y los aspectos literarios y artísticos. Estos cinco aspectos tenían que seguirse para publicar cualquier escrito infantil en la época franquista. Durante la década de los 60 y los 70 remitió considerablemente la represión contra la literatura para los más jóvenes. Esto fue posible gracias a diferentes comisiones y leyes, como la Ley Fraga, que se crearon para sustituir la censura por un procedimiento de verificación. La literatura infantil y juvenil se consolidó definitivamente en los años 80, siendo de este género la mitad de la producción editorial que se publicó en España.

Roberto Martínez Mateo en su artículo “Una revisión de la censura en la Literatura Infantil y Juvenil traducida del inglés en España desde la etapa franquista hasta la actualidad” afirma que “la censura se justifica por motivos públicos y morales porque tales ideas u opiniones podrían amenazar tanto la estabilidad como el bienestar de la comunidad.”

La exposición “Literatura y poder. La censuras en la LIJ” culmina de una investigación del Centro de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (CEPLI). Desde el CEPLI han intentado completar el proceso de investigación con una actividad más cultural y asequible a toda la población.

César Sánchez, director de la exposición, afirmaba que la censura sí que es un tema conocido, sin embargo, en el ámbito de la literatura infantil se había estudiado muy poco y eran casi inexistentes las investigaciones.

La muestra, según el catálogo del mismo nombre de la exposición, “nos acerca a una mirada libre y fresca de los detalles más importantes a tener en cuenta para poder comprender y entender en profundidad el poder de la literatura infantil y juvenil”.

La muestra ha podido ser visitada en la sala ACUA, propiedad de la Universidad de Castilla La Mancha, donde encontramos un recorrido por los diferentes tipos de censura en publicaciones de España y algunos países de Latinoamérica: Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Guatemala, México y Venezuela.

La sala cuenta con algunas frases grabadas en las paredes en relación a la censura. Apenas seis o siete palabras dan las primeras pinceladas de la feroz represión que la literatura, en general, y la literatura infantil, en especial, han sufrido durante largas épocas de la historia. “No se estima aconsejable (…) cuentos que fomenten el espíritu crítico de los niños”, rezaba una de estas frases.

Mientras que los Estados han sido dirigidos por líderes totalitarios, la censura ha sido regulada por la legislación, negada o incluso ocultada con las llamadas “censuras soterradas”. A pesar de haber avanzado en numerosos aspectos, en la actualidad continúan quedando restos de la herencia de los regímenes dictatoriales como las restricciones en la producción y circulación de ejemplares en países como Colombia o Guatemala.

Aunque la investigación solo abarca el siglo XX, Pedro Cerrillo, director del CEPLI, relataba en el discurso de apertura del curso que uno de los libros más censurado en la actualidad por los propios lectores en Estados Unidos trata sobre dos pingüinos machos que adoptan un huevo y forman una familia; titulado “Tres con Tango”.

Siguiendo el recorrido de la exposición, descubrimos paneles divulgativos que cuelgan por toda la sala. El comienzo está dedicado al periodo de la dictadura franquista en España desde 1959 hasta 1976. La legislación vigente en la época y algunos títulos censurados, a lo que se suma un escritorio cargado de documentos, una imagen de Franco, cuadros del dictador y una máquina de escribir que ambientan a la perfección el paseo por la persecución a todo lo ajeno al régimen.

Paneles divulgativos y ejemplares originales. JUDIT LÓPEZ MARTÍNEZ/ EVA MARÍA PERONA AGUDO
Paneles divulgativos y ejemplares originales. JUDIT LÓPEZ MARTÍNEZ/ EVA MARÍA PERONA AGUDO

La región latinoamericana ocupa el segundo espacio, donde cada país tiene un lugar propio que explica sus características personales acompañado de ejemplares originales censurados.

Argentina inicia un proceso para recuperar los valores de la civilización occidental, como consecuencia directa y anteriormente ignorada, se utiliza la censura en la literatura infantil. Utilizando este método como forma de influenciar y adoctrinar a los más pequeños.

En Chile, el golpe de Estado de Pinochet acabó con lo que algunos denominaron “el sueño de Allende” y una de las primeras medidas fue la toma de la editorial gubernamental que había nacido en el mandato pasado representando la unidad popular y los logros del país.

Colombia establece censuras previas influenciadas por la Iglesia Católica; según un ilustrador, Sergio Truijillo, “no era de sus gusto las posiciones del cuerpo de la mujer y los trajes de tela a la rodilla”. Más tarde, con el golpe de Estado comenzará a haber una legislación.

En el caso de Cuba, los documentos oficiales que justifican la censura son mínimos. En este país la censura va más allá y se instala una “macrocensura” que afecta a todos los ámbitos de la cultura cubana.

Guatemala veta la institucionalización de la alfabetización, las bibliotecas públicas y los círculos de escritores y lectores; se trata de una forma indirecta de coacción. Tras un golpe de Estado, se instaura una censura que marcaba el cómo debía ser la producción de literatura infantil.

En México la censura vino impuesta por dos bandos: por un lado, el Estado; y por otro diferentes instancias como las escuelas privadas, la Iglesia o la propia sociedad mexicana.

Por último, Venezuela se expande de la censura como un mecanismo para sembrar ideológicas y mantener en el poder a quien le plazca en este momento. Multas, persecuciones o decretos son las formas más comunes de eliminar aquello que se sale del guion totalitario.

Ejemplares originales censurados. JUDIT LÓPEZ MARTÍNEZ/ EVA MARÍA PERONA AGUDO
Ejemplares originales censurados. JUDIT LÓPEZ MARTÍNEZ/ EVA MARÍA PERONA AGUDO

La principal consecuencia de la censura infantil es la coacción de la libertad de expresión, y como resultado directo la eliminación del espíritu crítico y de la imaginación innata en los niños. El precio más alto que pagamos por la censura es impedimento del buen desarrollo cultural de niños y mayores alrededor del mundo.

En la actualidad, escritores como Perry Nodelman, en su artículo “Children’s Literature Association Quarterly 8, 1 (Spring 1983) 2”, hablan de la censura no solo culpando a un órgano de gran poder, sino de que de alguna manera todos somos culpables de esta censura.

Este autor distingue la censura en tres grados, en el primero encontramos a los miembros del consejo de colegios, en el segundo encontramos estudiantes y por último en tercer grado encontramos a bibliotecarios y profesores. Todos son culpables de creer que los niños, al vivir en su inocencia, no son capaces de ver la realidad de los adultos y que por ello hay que privarles de disfrutar de algunas lecturas que los harían crecer como personas. Como afirma Nodelman “el tercer grado de la censura es perpetrada por personas que odian apasionadamente la censura”.

También podemos ver cantantes como Mercedes Sosa, que se refieren a ella culpándola de que detendrá el desarrollo cultural de un pueblo; y escritores como Jonathan Swift, indignados por el tema, hablan de él diciendo que “la censura es el impuesto que paga el hombre a la sociedad por ser eminente”.

 

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