Hoy puede ser un gran día, al menos para los que nunca compartimos la Ley Mordaza que el gobierno de Rajoy planteó en 2013, justo cuando las movilizaciones contra los recortes de empleos, de prestaciones o de servicios públicos llegaban a su máximo nivel. Desde su entrada en vigor, en junio del año pasado, ningún habitante de este país puede hacer ni publicar imágenes o comentarios que la policía considere “una falta de respeto o que puedan atentar a su seguridad”. De esta forma, la libertad de expresión o el derecho a la información, pilares básicos de cualquier sistema democrático, pueden quedar relegados ante el principio superior del interés y criterio policial, máxima de cualquier dictadura bananera.

También quedó seriamente amenazado el derecho de reunión y manifestación, al consignarse multas y castigos para todos los que decidieran formas de protesta alejadas del tradicional paseo por la calle en forma de manifestación tramitada, aprobada y clasificada. Ante el impacto mediático que tenían las protestas contra los desahucios, los miembros del gobierno o contra el Parlamento, la ley estableció multas de hasta 600.000€ -sí, de 100 millones de las antiguas pesetas- para quien promoviese una manifestación sin la comunicación y el visto bueno previo. Es, como recordarán los estudiosos del pasado, el principio de la “libertad dentro de un orden” que proclamó Franco en 1961 y que también hicieron suyo los contrarios al código constitucional en 1978.

Hoy, a iniciativa del PSOE y presumiblemente con el apoyo de toda la oposición, la ley que fue catalogada como represora, reaccionaria, policial o autoritaria, puede tener sus días contados. Hoy puede ser, de nuevo, un gran día para la democracia.

 

Fotografía: Manifestación contra la Ley Mordaza en Madrid el 20 de diciembre de 2014. Carlos Delgado. Wikimedia Commons.

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Antonio Laguna

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