El deporte escolar es una pieza fundamental para el crecimiento y desarrollo de los niños. Entre este tipo de deportes, los más conocidos resultan el fútbol o el baloncesto, pero tras ambos se esconden otros como el datchball. Este deporte nació en la localidad aragonesa de Ebra durante el curso 2005-2006  de la mano del profesor Roberto Navarro Arbués, pero no sería hasta hace pocos años cuando Jaime Romero Gómez decidió traerlo a los colegios conquenses.

El datchball se trata de un deporte que puede practicarse por un amplio rango de edad. Desde Primero de Educación Primaria hasta los adultos pueden pasar un buen rato practicándolo. Bajo sus reglamentos escolares se divide en cinco categorías. La categoría de iniciación asocia a los niños de Primero y Segundo de Primaria sin importar edades —tan solo cuando se es mayor de edad—. La categoría benjamín recoge a los niños y niñas de Tercero y Cuarto de Primaria. La alevín la conforman los niños del último ciclo de Primaria. A partir de la ESO hasta la mayoría de edad se practica bajo la denominación de Junior. En lo que adultos se refiere  también tienen un hueco en este nuevo deporte que se está expandiendo en la capital conquense y forman la categoría absoluta. Todas estas menos el avance de Junior a Absoluto tienen un denominador común: no importa la edad, sino el curso académico.

Jaime Romero Gómez, pionero en Cuenca

Jaime Romero decidió traer esta novedad Castilla-La Mancha ya que tras acudir como profesor de Educación Física a varios Congresos en la provincia de Aragón, pensó que podría encajar en esta región. “Es un deporte que requiere participación y mucha diversión. Puede jugar todo el mundo y no se necesita una condición física muy grande”. Este fue el principal motivo por el cual desde hace un tiempo, en el Colegio Ciudad Encantada se practica este deporte. “Al principio fue costoso pero ahora tenemos casi cuarenta alumnos”. A pesar de que cualquier novedad necesita un proceso de adaptación, su pionero en nuestra ciudad afirma que cada vez son más el número de niños que sienten curiosidad por esta práctica.

En cualquier deporte la diversidad es una pieza fundamental por lo que este acepta todo tipo de jugadores sin importar la edad que tengan, aunque actualmente se está fomentando en los centros educativos mayoritariamente. ” Los niños se acercan porque no se necesita mucho, un espacio de 15×7, tres balones y amigos para jugar”. De ahí que la ilusión de este profesor por innovar haya llegado hasta tal punto que este deporte se practique en el Centro donde es docente. A pesar de ello, aún queda mucho camino por recorrer para que este deporte se extienda, ya que aunque muchos colegios de la ciudad están interesados en poner en marcha este deporte entre sus actividades, hay que conseguir los medios necesarios para ello.

El Colegio Ciudad Encantada, reserva dos horas cada viernes para que los niños practiquen este deporte bajo las órdenes de Jaime. Durante estas dos horas no solo se dedican a jugar partidos. Aquellos que lo practican mencionan que en esta modalidad los brazos realizan grandes esfuerzos, por lo que también hay que dedicar un hueco a calentar. “Los primeros treinta minutos del entrenamiento entramos en calor y calentamos, luego hacemos juegos de precisión y finalmente se practica el deporte en sí” afirma Romero. Durante estas dos horas, los niños y niñas no solo hacen ejercicio físico sino que además, se divierten.

Niños practicando datchball en el Ciudad Encantada / Fuente: Mireya Sánchez
Niños practicando datchball en el Ciudad Encantada / Fuente: Mireya Sánchez

Todo trabajo tiene recompensa y gracias al esfuerzo de profesores con ganas de innovar en sus actividades, equipos como el de este colegio, han conseguido llegar a algunos torneos. Estas competiciones —nacidas y celebradas en su mayoría en Aragón— han unido a equipos poco conocidos como este con La Asociación Internacional de Datchball entre otros, encargada de unir a todos los clubes existentes actualmente y promotora de las funciones de lo que conocemos en otros deportes como Federación. Por si fuera poco, han podido jugar el Campeonato del Mundo. “Aunque seamos pocos siempre te alegran este tipo de participaciones”. Jaime hace hincapié en la necesidad de abrir el abanico de oferta de deporte extraescolar. “Queremos que nazca un club y una liga escolar para poder darlo a conocer en los colegios. Estamos elaborando un dossier con opciones para ir a Centros a explicar en qué consiste y poder crear una Liga”.

Por desgracia, en Castilla-La Mancha este deporte no está federado como ocurre en Aragón y todavía no se ha expandido en los programas educativos como gustaría. Las ganas e ilusión por fomentar esta nueva manera de divertirse y practicar ejercicio no cesan entre profesores.  “Quiero que el datchball tenga su Federación y necesitamos apoyo” declara Jaime.

Jaime Pérez y Rafael Roche/ Fuente: Mireya Sánchez
Jaime Pérez y Rafael Roche/ Fuente: Mireya Sánchez

El trabajo para poder llevar a cabo este deporte en algunos centros no resulta del todo complejo, pero la falta de entrenadores especializados en él hace que sea más costoso. En nuestra región no existe todavía ningún centro que ofrezca formación en este deporte. Por ello, tan solo Jaime Romero Gómez y Rafael Roche cuentan con los conocimientos necesarios para desarrollarlo, hecho que complica su propagación. “Cada vez hay más niños y necesitamos a más gente” afirma Rafael quien acompaña a Jaime en los entrenamientos en el Ciudad Encantada. El trabajo, la constancia y la esperanza por conseguir algo son tres factores que su pionero castellano-manchego tiene muy claros para conseguir que este deporte logre el reconocimiento que se merece. De momento, veinte son los clubs que conforman la Asociación y seis son las ciudades en las que está considerado deporte.

 

 

¿Cómo se juega al Datchball?
El datchball procede del deporte americano dodgeball o lo que en nuestro país conocemos como balón prisionero. Este se practica en un espacio de 15×7 —varía según la categoría— y delimitado por líneas que señalan los límites y la separación de ambos equipos. El terreno se compone por dos campos, uno por equipo. Los equipos están formados por tres chicos y tres chicas cada uno—para que resulte un deporte igualitario con ambos sexos—.

El desarrollo de la partida comienza con cada equipo en una parte del campo. Al escuchar por parte del árbitro la palabra datchball, ambos equipos deben ir al centro del terreno para conseguir hacerse con el máximo número de pelotas que puedan teniendo en cuenta que suelen haber tres como reglamento. Para conseguir eliminar a uno de los participantes, la pelota lanzada por el equipo rival, deberá darle en alguna parte del cuerpo al adversario —previo bote o no— y caer al suelo o tocar alguna pared. Cuando uno de los miembros esté muerto, podrá salvarse si sus compañeros atrapan un balón lanzado por el contrario, antes de que este toque el suelo.  Este jugador podrá incorporarse una vez toque la línea o pared trasera de su campo.

A diferencia de los deportes que se asemejan a este, el datchball se juega en un espacio indoor para que las pelotas reboten y el juego tenga un mayor dinamismo. A pesar de la cercanía entre equipos que suponen las dimensiones del campo, los participantes también podrán defenderse de los tiros rivales despejando los balones con las pelotas que posean consiguiendo así desviarlos. Cada partida dura tres sets de alrededor de diez minutos cada uno. Como curiosidad, cabe destacar que si pasado el tiempo ningún equipo logra vencer, el árbitro marca nuevas dimensiones del campo y este se reduce entrando en juego dos líneas rojas que acercan más a ambos rivales. De esta manera, todos tienen mayor posibilidad de ganar. “Es muy divertido y nos lo pasamos muy bien” incide uno de los niños que lo practica. 

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Mireya Sanchez

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