Prácticamente desde el descubrimiento de las primeras vacunas, a finales del siglo XVIII por el científico inglés Jenner, se desató la polémica sobre la necesidad o no de este tipo de inmunizaciones. No obstante, el debate se recrudece cuando aparecen noticias sobre muertes, cuyas causas puedan estar relacionadas con la administración vacunal, o con  enfermedades supuestamente erradicadas, que aparentemente rebrotan porque personas no vacunadas las padecen.

Es paradójico que en el mundo “civilizado” existan este tipo de discusiones, y mientras no se inmunice a la población en el Tercer Mundo por carencia de recursos económicos. Según la Organización Mundial de la Salud, las vacunas evitan entre dos y tres millones de muertes al año, y si la vacunación mejorara en los países más desfavorecidos se podrían salvar un millón y medio de vidas más.

Lo que quizás sí se puede debatir son determinadas actuaciones como las inoculaciones masivas, o bien que en ocasiones se administran cuando todavía sus resultados no se han verificado de forma definitiva. Finalmente están las cuestiones religiosas o éticas, donde se evalúa el derecho individual de las personas a ser vacunado, o el derecho de los padres sobre la vacunación a sus hijos.

Opiniones a favor y en contra

En los últimos tiempos cada vez es mayor el número de personas que de forma individual y a través de asociaciones se posicionan contra la vacunoprofilaxis, incidiendo especialmente en la agresividad de los calendarios vacunales infantiles. Según ha declarado Federico Sánchez, presidente de la asociación Afectados por las Vacunas,  “es innecesaria la vacunación masiva sistemática”, alegando que, las causas reales de la disminución en la incidencia de las enfermedades infecciosas son más que la inmunización de la población, las mejoras enla nutrición y en las condiciones higiénicas.

Estos colectivos además muestran desconfianza en el sistema médico, ya que los organismos públicos deberían advertir de los peligros que entrañan este tipo de inoculaciones, basándose en artículos científicos que mostraban efectos negativos para la salud. Por otra parte muestran reticencias frente algunos de los estudios médicos que avalan los resultados beneficiosos de las vacunaciones, ya que es demostrable, según estas organizaciones, que la mayoría de los mismos se encuentran financiados por los propios laboratorios farmacéuticos que se lucran con la venta de las vacunas.

Otra de las reclamaciones de estos grupos es el derecho individual, en este caso de los padres, de decidir libremente si deben o no administrar estas inoculaciones a sus hijos. Parte de ellos se niegan a las vacunaciones por cuestiones éticas o religiosas, e incluso algunos opinan que las inmunizaciones deben de ser naturales, ya que el cuerpo la asimilará de mejor forma que a través de la vacunación.

La gran parte del sistema sanitario tiene la opinión de que a lo largo del tiempo, las  vacunas  han  demostrado  ser  seguras y beneficiosas, y  que, aunque en ocasiones existen efectos adversos, éstos son cada vez más infrecuentes.

Las estadísticas muestran como las vacunaciones han contribuido, junto con la nutrición y las condiciones higiénicas, a la práctica erradicación de enfermedades infecciosas como la tosferina y la poliomielitis, o al descenso de muertes por sarampión o rubeola. Otros estudios exponen que las personas que no se vacunan se benefician de la inmunidad del rebaño, es decir, el motivo de que no se contagien no lo es tanto por las razones que éstos esgrimen (mejoras en nutrición y condiciones higiénicas), sino por el hecho de que al estar inmunizada la mayor parte de la población, el riesgo de infección disminuye de forma considerable. Es respetable el derecho individual a ser inmunizado, pero debe de prevalecer el bien público, cuando estas decisiones afectan al resto de la población.

En cuanto al posible conflicto de intereses, por las publicaciones costeadas por los laboratorios farmacéuticos, según la comunidad científica es evidente que pueden existir, por lo que la norma debe ser la transparencia, en cuanto a la financiación y el potencial conflicto con los resultados. A este respecto habría que citar que en España existe un grupo llamado “Evalmed-Grade”, compuesto por profesionales de la Sanidad que evalúan distintos ensayos clínicos.

 

Intereses Económicos

Además de salud pública, hay que tener en cuenta la cantidad de intereses económicos que se mueven en la vacunoprofilaxis. Por un lado la industria farmacéutica, que bajo el manto de servicio público es uno de los negocios más rentables. Incentiva sus investigaciones según la posibilidad de ganancias económicas y no prima el beneficio sanitario para la humanidad. El informe “La mejor vacuna” de Médicos Sin Fronteras, expone que las vacunas cada vez son más caras, incluso para los países con menor renta per cápita, lo que hace prácticamente imposible que llegue a los más desfavorecidos. También denuncia que vacunas como la del VPH o la del Neumococo están controladas cada una de ellas por dos multinacionales que las comercializan y que impiden la competencia, de manera que imponen los precios e imposibilitan que estos sean más bajos.

Entre los antivacunas o más en concreto en determinadas personas que defienden esta postura también se han encontrado réditos,  quizás el caso más significativo sea el de  Andrew Wakelfield, autor del informe que relacionaba la vacuna triple vírica con la aparición de casos de autismo. A posteriori se pudieron descubrir varias conexiones de Wakelfield para generar importantes ganancias económicas, tales como su relación con un abogado llamado Richard Barr cuyo bufete representaba a supuestas víctimas que demandaron a las farmacéuticas en base a las teorías de Wakelfield, o la comercialización de pruebas para detectar el tipo de autismo que generaba la vacuna de la triple vírica.

En cuanto a las políticas de comunicación en favor de las vacunas tiene que existir un frente común, cuyo interés  prioritario sea el bienestar general, ya que en ocasiones puede haber otros beneficios,  tal y como manifiesta el epidemiólogo Isidro De La Cruz  en una entrevista “muchas veces la comunicación en Salud Pública parece dictada por las encuestas en periodo electoral como por ejemplo, la inclusión en el calendario vacunal nacional  de la varicela en niños  menores de 15 meses, cuando desde expertos en Salud Pública se ha cuestionado su utilidad”.

El futuro de las vacunaciones parece incuestionable, pero es básica una mayor transparencia de las relaciones de la sanidad pública con la industria farmacéutica, así como la mejora de las políticas sanitarias, donde debe prevalecer el bien común y no el rédito electoral.

 

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Jesus de la Cruz

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