Hablar a día de hoy de crisis en el periodismo no es algo nuevo, sino algo normal. Tampoco se trataría de una opinión sino más bien de información. Las tiradas de los periódicos descienden año a año. Según AEDE en 2015 se distribuyeron en total 2,1 millones de periódicos, un 8,7% menos que en 2014, lo que quiere decir que su caída sigue en picado. En cuanto a la inversión publicitaria, se ha apreciado un ligero incremento y las previsiones para el pasado año (del que aún no se han publicado las cifras) parece que continuará al alza. El atisbo de mejora podría deberse a cuestiones coyunturales. Las razones, (y esto es opinión) bien pueden ser una mejora en su estrategia de mercado, porque ha habido varios procesos electorales en los últimos dos años que crean la necesidad de informarse al ciudadano para “ejercer la democracia”, u otras que se encargarán de analizar las empresas editoras para encauzar sus negocios.

Sin embargo, una de las dimensiones más graves de la crisis y la que quizá más están obviando los medios es la pérdida de credibilidad entre su público. Las condiciones de trabajo, las presiones políticas, la dependencia económica, depender casi en exclusiva de los ingresos por publicidad o simplemente la línea editorial de la empresa informativa hacen que se olvide o se deje a un lado la importancia de la credibilidad para el medio.

Es en este punto donde juega un papel imprescindible la ética del trabajador, el jefe de sección, de redacción, el editor, el director… y así hasta el representante principal del medio. Resulta algo esencial que los trabajadores de un medio no olviden cuál es su labor y tengan presentes unos principios éticos a la hora de elaborar una información. Aunque es fácil que estos sean olvidados nada más salir de la facultad, ya que una vez examinados, estos principios van desapareciendo uno tras otro a medida que las nóminas van llegando cada mes.

En el Observatorio de problemas éticos, en la asignatura de Ética y Deontología Profesional de la Facultad de Periodismo de Cuenca, se trata de evaluar los artículos de periodistas con una serie de ítems (como diferenciación entre opinión e información, si ataca o defiende a alguien por sus intereses, si el autor utiliza un lenguaje del odio y del enfrentamiento, si discrimina por razones de sexo, raza o religión, etc.) y se puntúa positiva o negativamente en la medida en que cumpla o no dichos parámetros. De esta forma se puede cuantificar si un artículo está mejor o peor escrito desde un punto de vista ético.

Para hacerlo, cada alumno evalúa un artículo escogido, ya sea porque esté bien o mal escrito (siempre desde un punto de vista ético) y se le pone una nota, siendo aprobado a partir de 5 puntos. Para que la puntuación no baje mucho, se parte de 50 puntos, sumando o restando según se cumplan o no los ítems establecidos con su puntuación. Pero las cosas se entienden mejor con ejemplos:

Resulta algo esencial que los trabajadores de un medio no olviden cuál es su labor y tengan presentes unos principios éticos a la hora de elaborar una información

El artículo escrito por la columnistas del medio digital Okdiario Liberal Enfurruñada El odio que mueve a Pablo Iglesias, se podría observar un claro ejemplo de cómo no ha de escribirse un artículo si se quiere hacer de una forma mínimamente ética. En el Observatorio, otros alumnos se encargaron de puntuar dicho artículo concediéndole una media de 1,3 puntos (3 alumnos en total le dieron 1, 1,2 y 1,5 puntos), lo que suspendería a su autora y casi le haría devolver puntos. Pero leyéndolo se entiende que no le preocuparía mucho a su autora, sino más bien se sentiría orgullosa.

Al analizarlo, los alumnos coincidieron en que el artículo incitaba al odio por su lenguaje, no diferenciaba entre opinión e información, discriminaba por ideología, no era imparcial a la hora de elaborar la información y así hasta llegar a su puntuación casi negativa. De esta forma se trata de evidenciar que un artículo así no es apto para ser publicado ya que incumple varios principios éticos.

Con este ejercicio, se aprende a identificar cuáles son los principales fallos (intencionados o no) a la hora de realizar un artículo. Y lo más importante es aplicar estas correcciones para no incurrir en estos errores que, volviendo al tema de la credibilidad, repercuten negativamente tanto en las ventas como en el prestigio y se acusa (como se suele hacer) a toda la profesión cuando tan solo son un puñado quien utiliza los medios para sus intereses particulares o los que les dictan quien les paga.

Esta actividad ayuda a recordar que para poder llegar a ser un buen profesional, en este caso del periodismo, es imprescindible tener en cuenta unos valores como la verdad, la justicia, la responsabilidad o el compromiso que ayuden a recordar la importancia que tiene el ejercicio de esta profesión y poder ejercerla de una manera eficaz. De lo contrario, no habrá forma de garantizar que el encargado de vigilar el buen funcionamiento de una democracia así lo haga y la consecuencia será el mal funcionamiento de este sistema de gobierno, al no haber nadie que vigile a los responsables de hacerlo funcionar.

Fotografía de portada: Red Cross Wait for Press, de Bansky.

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