Los niños y niñas transexuales se enfrentan a un mundo dividido entre hombres y mujeres. Derribar los obstáculos de la discriminación y el rechazo que todavía sufren es su lucha y la de sus familias.

Los insultos, las burlas, los prejuicios y los estereotipos son algunos de los principales obstáculos que los transexuales tienen que sortear a lo largo de sus vidas. Sin ir más lejos, en España hemos asistido en los últimos días a una campaña “sobre ruedas”antitransgénero de la asociación ultracatólicaHazteOír. El autobús naranja, que emprendió su particular cruzada ofensiva por las calles de Madrid con el lema “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”, ha dejado tras de sí una estela de indignación de la mayoría de los ciudadanos y ha instalado el debate en la opinión pública.

Pero a pesar de la contundente respuesta social de rechazo a esta campaña, la identidad de género sigue siendo en nuestro entorno y en otros muchos países un tabú que no solo conlleva rechazo y discriminación, sino que en algunos casos te puede costar la vida. El informe del Observatorio de Personas Trans Asesinadas, actualizado en 2016, revela un total de 295 casos de asesinatos de personas transexuales y género-diversas entre el 1 de octubre de 2015 y el 30 de septiembre de 2016.

También, la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, que llevó a cabo en 2012 una macroencuesta sobre la discriminación que sufre la comunidad LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales) en Europa, coloca a las personas transexuales como el colectivo  más discriminado y perjudicado, por encima de lesbianas, gais y bisexuales. En España las cifras son similares al resto de Europa, en nuestro país el 60% de los transexuales encuestados afirmó haberse sentido discriminado en los 12 meses anteriores.

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) junto con el Colectivo de Gais, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) llevaron a cabo un importante estudio en 2013 sobre discriminación por orientación sexual y/o identidad de género. Este estudio es una radiografía inequívoca de la situación de los jóvenes y adolescentes LGTB en el ámbito educativo, y pone de manifiesto que el 76% de los encuestados reconoce haber sufrido discriminación por el hecho de ser lesbiana, gai o transexual. Otro dato que se desprende de este estudio es que casi el 42% de los alumnos encuestados considera que los profesores hacen poco o nada ante los insultos homófobos en las aulas.

Estos datos son suficientes para atisbar un panorama de exclusión de las personas transexuales, una situación muy preocupante  que debería  disparar las alarmas de una sociedad que sigue dando la espalda al que es considerado, desde la ignorancia en el mejor de los casos, diferente. Un mundo en el que a los niños y niñas transexuales les toca lidiar con un entorno hostil, que en muchos casos se inicia en el ámbito familiar, pero que sobre todo lo sufren de puertas afuera en la esfera social, sanitaria y educativa.

¿Qué significa ser un niño o niña transexual?

En general, existe un gran desconocimiento sobre la vida de los niños y niñas transexuales. Ni siquiera sabemos cuántos hay en nuestro país porque no hay iniciativas destinadas a investigarlo, tampoco sabemos cuáles son las dificultades y trabas a las que se enfrentan para incorporarse a la sociedad, cómo se adaptan al entorno educativo – que mayoritariamente desconoce el problema – y cuáles son sus condiciones reales de desarrollo a lo largo de su vida. En definitiva, un desconocimiento que nos aleja de la riqueza que supone entender la diversidad del ser humano.

Explicar un tema tan complejo como es la transexualidad en términos sencillos es una labor sumamente difícil. Antonio Cubillo, además de trabajar en el colegio público de educación especial Joan Miró en Madrid como fisioterapeuta educativo, es psicólogo clínico y sexólogo e imparte clases junto con otros compañeros y profesores sobre educación sexual y sobre diversidad en colegios públicos. Antonio entiende la educación sexual como “promoción y cultivo de la diversidad” y defiende que se imparta como asignatura desde infantil hasta bachillerato.

Para entender la transexualidad, nos explica que enel momento del nacimiento de una persona podemos hacer una predicción con un grado de probabilidad de acierto muy alto: si tiene pene es un niño y si tiene vulva es una niña. Pero a veces esto no es así, y el sexo biológico que se asigna al nacer no coincide con la identidad de género. Es decir, la designación como hombre o mujer basada en la apariencia de los genitales no siempre corresponde con la identidad de género de esa persona. El sexólogo puntualiza diciendo que la identidad de género es el sentimiento interno que cada uno tiene de pertenecer a uno de los géneros que la sociedad acepta hoy en día, hombre o mujer.

Cubillo niega con absoluta rotundidad que la transexualidad sea una enfermedad o un trastorno, sino que “es un fenómeno propio de los sujetos sexuados que todos somos, sujetos con una experiencia subjetiva íntima que no requiere de criterios externos para reconocerse”. La identidad, el sexo, la autoclasificación como hombre o mujer no sepuede elegir, o decidir, o preferir, es algo que es.

Aunque cada caso es distinto, la mayoría de niños y niñas transexuales comparten historias comunes. La historia de unos padres que no comprenden lo que les sucede a sus hijos, una historia de idas y venidas a psicólogos y profesionales sanitarios en busca de respuestas,  la necesidad de información que ponga nombre a esa situación de incertidumbre y de miedo. Un proceso de enorme dureza que necesita de mucho acompañamiento y apoyo.

La transición

Tránsito, así se denomina en el argot al proceso en el que se pasa del sexo biológico al sexo sentido cuando ambos no concuerdan.

Javier González es endocrinólogo del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca y explica que es entre los dos y cuatro años, en la primera infancia, cuando se hace la conquista del lenguaje y del conocimiento, cuando los niños son capaces de identificar su género. La pubertad es un momento clave, nuevas experiencias como el primer enamoramiento y el despertar sexual hacen que se reafirme y consolide la identidad de género.

El doctor González dice que, aunque no hay un consenso médico común, la mayoría de los protocolos públicos establecen el uso de bloqueadores o inhibidores hormonales para frenar el desarrollo sexual en la adolescencia. Posteriormente, se comienza un tratamiento con hormonas cruzado (estrógenos para las chicas transexuales y testosterona para los chicos) que hace que estos niños se empiecen a desarrollar en el sexo con el que se identifican. El final del trayecto es la operación de cambio de sexo, aunque según la Asociación Chrysallis solo el 7% de los hombres transexuales y el 30% de las mujeres se operan.

La atención a estos niños se realiza en las Unidades Multidisciplinares de Identidad de Género y en España solo existen en nueve comunidades autónomas (Andalucía, Cataluña, Madrid, País Vasco, Comunidad Valenciana, Aragón, Canarias, Navarra y Asturias), lo que supone que esta prestación no se dé en la mitad del país.

Las leyes

Actualmente, es la Ley de Identidad de Género 3/2007 la que regula la rectificación registral de las menciones al sexo y al nombre, y establece como requisito ser mayor de edad, presentar un diagnóstico de disforia de género (es decir, asumir que padeces una enfermedad) y acreditar que se ha seguido un tratamiento hormonal durante al menos dos años. Pero la mayoría de las comunidades autónomas han desarrollado recomendaciones o protocolos para respetar la identidad de género de los niños transexuales, ya que esta ley no garantiza los derechos fundamentales de los menores de edad.

En España ya hay más de 30 autos judiciales que son favorables al cambio de nombre para los menores trans, tanto para el cambio de nombre como para la rectificación en el registro. En esta misma línea, la Sala Primera del Tribunal Supremo ha planteado en 2016 una cuestión de inconstitucionalidad contra esta ley del 2007. Los jueces creen que la exigencia de la mayoría de edad para cambiar oficialmente de sexo y nombre puede quebrantar los derechos fundamentales de los menores de edad.

La comunidad valenciana ha sido la última en sumarse a la creación de un protocolo sobre la identidad de los niños transexuales en los colegios. Con esta medida, pendiente todavía de aprobación en el parlamento, los centros educativos públicos deberán respetar el género de los escolares trasns en la documentación administrativa, además de respetar la elección de su indumentaria y el uso de baños o vestuarios que quieran utilizar. También la comunidad de Castilla-La Mancha está elaborando un protocolo de actuación en la detección de menores transexuales en educación, un primer paso para desarrollar una futura ley.

Sin duda las administraciones autonómicas están emprendiendo cambios en las políticas de identidad de género, pero la lucha fundamental de asociaciones como Chrysallis o la Fundación Daniela es la creación de una ley integral de transexualidad, para que el futuro de un niño no dependa de la comunidad autónoma en donde vive.

Estos niños necesitan que los apoyemos, respetemos, escuchemos y aceptemos tal y como son. El reconocimiento legal es un requisito indispensable para una igualdad real, pero no  debemos olvidar que estos niños no solo necesitan del amparo de las leyes. La lucha contra los prejuicios es una labor conjunta y que nos atañe a todos, a las familias, instituciones políticas, comunidad médica y educativa y a la sociedad en general.Y por supuesto, a los medios de comunicación.

Respecto a estos últimos, el autobús transfobo ha abierto inesperados debates en todo tipo de medios. Por un lado, el derecho a la libertad de expresión, unaespinosa cuestiónen el que este derecho colisiona con el de la protección de unos menores frente a discursos que pueden generar odio. Pero por otro lado, y al margen de lo anterior, lo que ha conseguido la organización HazteOír ha sido hacer publicidad de algo que seguro no deseaban y no esperaban, una controversia que ha  instalado en las agendas mediáticas un tema que hasta ahora estaba desterrado de los medios de comunicación, la transexualidad infantil.

Sí, esta asociación declarada de “utilidad pública”, condición que le proporcionabeneficios fiscales y asistencia jurídica gratuita,también ha obtenido una publicidad regalada formidable. Pero aquí viene lo positivo, gracias a sus ignorantesprejuicios y a suempeño por negar la existencia de otros seres humanos, miles de personas han oído hablar por primera vez sobre la transexualidad.

La asociación se ha hecho oír, pero el autobús no ha conseguido atropellar la identidad de los niños y niñas transexuales, que paradójicamente han roto su silencio y por fin han conseguido hacerse visibles ante muchos ciudadanos.

 

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Sonia Sanchez

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