Castilla-La Mancha es la comunidad autónoma que más hectáreas tiene de viñedo de España (473.331 hectáreas en 2016), lo que supone un 49,5% de la superficie total de España, que no llega al millón de hectáreas (955.717 hectáreas). En 1980 había 1.642.622 hectáreas de viñedo en todo el territorio nacional, es decir, 700.000 hectáreas más que en la actualidad.

José Miguel Andreu, un agricultor de Valderrobres, municipio de Teruel, comenta que “hubo un año, exactamente en 1977, que la cooperativa de Valderrobres recogió ese año dos millones de kilos de uva. Últimamente se está arrancando mucha viña porque no sale rentable y ya no se puede llegar a esas cifras. Lo normal en esos años era conseguir 1.700.000 kilos pero ese año fue muy bueno. Esos años mi familia aportaba 50000 kilos, algo impensable ahora mismo”.  Esa puede ser una de las razones por las que haya descendido tanto el número de hectáreas de viñedo en España. Estas últimas campañas, José Miguel que cuenta con 2 hectáreas de viña, como mínimo suele alcanzar los 5.000 kilos de uva. Cuando se recogieron esos dos millones de kilos de uva, el agricultor turolense contaba con siete hectáreas.

Descenso en el consumo del vino

Con estas cifras, se puede ver que los tiempos han cambiado, desde el consumo de vino hasta la climatología. Por un lado, si volvemos a la década de los años setenta, “cada español consumía 40 litros, mientras que ahora casi llega a la mitad de lo que se bebía antes, sobre 21 litros. Prefiero pagar 1,50€ por una buena copa de vino que no 1,10€ o 1,20€ por una cerveza. No se puede comparar el trabajo que necesita uno y otro”, expone Pedro Casas, gerente de la bodega turolense Lagar D’Amprius.

El trabajo al que se refiere Pedro Casas es el de estar todo el año pendiente de los viñedos para que la plantación no pueda enfermar y estén en el mejor estado posible para que salga un buen vino. Cuando acaba la temporada de recogida de uva, empieza una nueva temporada para el agricultor, y es que el viñedo tiene que cuidarse durante el resto del año. Tal y como explica José Miguel, “de octubre hasta marzo, hay que remover la tierra, por lo que habrá que labrarla al menos una vez. En marzo, es momento de podar los sarmientos. Luego, los sarmientos se tendrán que retirar de los viñedos una vez estén podados y será momento de labrar de nuevo la tierra”.

Más tarde, dice Andreu que “cuando haya brotes que tengan una longitud de 10 a 15 centímetros habrá que poner azufre y sulfatar el viñedo dependiendo de la variedad de uva para evitar enfermedades”. Habrá variedades que no será necesario utilizar ni azufre ni sulfatar.

Ya será en mayo cuando toque aclarar el viñedo. Habrá que quitar los brotes que no son buenos. Y para finalizar, en junio “es turno de deshojar para que crezca más el sarmiento. Si no lloviera más, ya no habría que hacer nada más hasta el momento de vendimiar, pero en caso de lluvia habría que labrar y sulfatar de nuevo las plantaciones”, concluye el agricultor.

Un aspecto a destacar es la manera en que se recoge la uva. Puede realizarse a mano o con vendimiadora. “Para poder vendimiar con máquina los viñedos tienen que estar plantados en espaldera porque si no la máquina no podría recoger la uva”, afirma Carlos de la Morena, periodista y profesor de la UCLM. Con la vendimiadora se puede ahorrar mucho tiempo; para lo que antes se necesitaba un mes, ahora a lo mejor puede estar recogido en una semana.

Viñedo en espaldera en Valderrobres. Fuente: Christian Serret

Si la forma de recogida es importante, igual de importante es el momento del día en que la uva es recogida. Gracias a la vendimiadora, la recogida nocturna está creciendo. “Si se vendimia por la noche ese problema de altas temperaturas queda solventado y la uva llega fresca a la bodega donde ya se ponen en depósitos de temperatura controlada”, explica de la Morena. La bodega Lagar D’Amprius es una de las bodegas que recoge la uva por la noche desde sus inicios en 2010. “Lo que se evita es que esté la uva expuesta al sol en el remolque de acero donde la temperatura es aún mayor, donde puede llegar a los sesenta grados; de esta manera la uva no llega a la bodega caliente o ya fermentando”, afirma el gerente de la bodega.

Clima seco y campaña de poca cantidad

Este año ha habido un clima muy seco que ha repercutido en que haya poca cantidad de uva respecto a pasadas campañas, debido a que la uva no ha podido crecer. Si José Miguel estos años estaba recogiendo 5000 o 6000 kilos, esta temporada solo ha recolectado 1.500 kilos. Este clima seco ha propiciado que “las horas de sol hayan llegado antes, por lo que se han acumulado las horas de sol en la uva y el grano ha madurado antes”, expone Carlos de la Morena.

Este adelanto se ha notado en comunidades como Castilla-La Mancha, donde la recogida de la uva “se ha adelantado dos semanas; normalmente se recoge la uva en septiembre”, comenta Miguel Ángel, trabajador de Bodegas Arúspide de Valdepeñas. Por su parte, en Aragón, la uva es un poco más tardía y “se empieza a vendimiar a finales de septiembre, incluso a principios de octubre”, tal y como dice Luis Deosdad, trabajador de la Cooperativa de Valderrobres. Esta temporada ha dejado buenas sensaciones en comunidades como La Rioja o Castilla-La Mancha, al contrario que en la zona del Bajo Aragón, donde tal y como dice el gerente de Lagar D’Amprius, “la helada que hubo nos afectó poco y donde hubo granizo, esa uva ya no la cogimos. Lo que hemos cogido es sano y bueno. A lo mejor solo cogimos un 25% del total; hemos perdido un 75% este año”.

La bodega Lagar D’Amprius está dentro de la IGP (Identificación Geográfica Protegida) Vinos de la Tierra del Bajo Aragón. El premio más prestigioso que se le ha sido concedido es el que tuvo con Garnacha 2014 con la puntuación de 90 puntos sobre 100 de Robert Parker. Robert Parker es el crítico vinícola más influyente del mundo. “Con esta puntuación, ya se te abre el mercado”, añade Pedro Casas. Esta bodega tiene 40 hectáreas de viñedo, donde trabaja con garnacha y syrah, mayoritariamente garnacha, para vino tinto y con chardonnay y gewürztraminer para vino blanco. Por su parte, Bodegas Arúspide trabaja con diversas variedades, como tempranillo, syrah o merlot para vino tinto y chardonnay, viogner, airén y verdejo para vino blanco. A diferencia de Lagar D’Amprius, Bodegas Arúspide embotella vino rosado, aparte del tinto y blanco. Cabe destacar que en 2011, la bodega castellano-manchega lanzó al mercado el primer vino sin sulfitos. Miguel Ángel explica que “lo pueden tomar los alérgicos, no daña tanto el estómago y no sube tanto a la cabeza”.

Un punto convergente entre estas dos bodegas es el de la uva ecológica. Bodegas Arúspide trabaja con este tipo de uva. “La uva ecológica no necesita ningún trato especial. En la viña sí que necesita más cuidado, pero una vez llega a la bodega el trato es el mismo”, expone Miguel Ángel. También es el caso de Lagar D’Amprius, los cuales llevan dos años trabajando con uva ecológica, “falta otro más para obtener la certificación definitiva para poder producir vino ecológico. Una vez se consiga hay que tener su trato específico, porque por ejemplo, no se puede pasar en una misma máquina uva tratada y luego uva sin tratar”, afirma Pedro Casas. “Lo hemos hecho por concienciación agroambiental y por el tema de la sostenibilidad, además que nos abre puertas en el mercado del centro de Europa como Bélgica, Alemania o Suiza pero en España no, es más, no te lo van a pagar más por tenerlo ecológico”, incide el gerente.

En cuanto a las exportaciones de la uva tradicional se puede ver que cada bodega y cooperativa tiene unos objetivos de exportación marcados. Por ejemplo, Luis Deosdad, trabajador de la Cooperativa de Valderrobres comenta que “la exportación de la cooperativa no va más allá de los pueblos de la zona”. Otra situación es la de Lagar D’Amprius, que exporta a países como Alemania, Estonia o Luxemburgo. “Nosotros a lo mejor acabamos el año con un 50% en exportaciones. Hasta este año exportábamos pequeñas cantidades. La exportación es muy variable”, cuenta Pedro Casas. Por su parte, Miguel Ángel expone que en Bodegas Arúspide “se exporta un 60% de lo que produce la bodega; nuestro mayor consumidor fuera de España es Japón”. Por último, Carlos de la Morena menciona que “muchas bodegas castellano-manchegas viven de la exportación, donde a lo mejor tienen que exportar el 80% de su producción. Diría que el 70% de las bodegas de Castilla-La Mancha viven gracias a la exportación a países como Rusia, China o Alemania”. Un caso que destaca Carlos de la Morena en cuanto a exportaciones se refiere, es el de la bodega Félix Solis, “bodega que exporta mucho y que tiene casi el monopolio en la zona de Valdepeñas, donde el 70% de la uva debe ser suyo, por lo que pone los precios a la baja y hace que la gente esté molesta, pero como hay pocos sitios para llevar la uva pues no tienen más remedio que vendérsela a Félix Solis”.

Esta bodega está entre las cinco mejores del mundo, pero tal y como afirma Carlos de la Morena, “a ojos del consumidor, Castilla-La Mancha no tiene fama de que se hagan buenos vinos y eso es un error. Hay denominaciones de origen como Ribera del Júcar o Valdepeñas que están haciendo vinos muy buenos y la gente no lo sabe”. Pedro Casas tiene una visión parecida a la del profesor de la UCLM: “La gente que no sabe mucho de vinos suele pedir siempre una firma, un Rioja por ejemplo cuando a lo mejor no sabe que hay multitud de clases de Rioja, pero él ya pide el Rioja. Lo que se vende es la firma y ha pasado con Ramón Bilbao, por ejemplo, que ha gastado mucho dinero en propagar su marca”.

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Christian Serret

Estudiante de Periodismo en la Facultad de Periodismo de la UCLM, en Cuenca.
Christian Serret

Christian Serret

Estudiante de Periodismo en la Facultad de Periodismo de la UCLM, en Cuenca.

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