Las organizaciones internacionales llevan años vigilando a las mujeres deportistas con  aspecto masculino. El último caso más sonado, y que reabre el debate sobre la verificación de sexo, es el de la atleta Caster Semenya. Para ella todo comenzó en los Mundiales de atletismo de Berlín 2009. La atleta sudafricana logró ganar el oro en la prueba de 800 metros. En la última vuelta la corredora se situó en cabeza, y con un fulminante cambio de ritmo, dejó clavadas a todas sus rivales. Sin esfuerzo aparente Semenya cruzó la meta consiguiendo la victoria y la mejor marca del año, pero también levantó una gran polvareda en el mundo del deporte que todavía hoy sigue coleando. Todas las miradas se posaron sobre un cuerpo musculoso y de rasgos muy masculinizados, pero con nombre de mujer. Caster Semenya es intersexual, en concreto tiene hiperandrogenismo, circunstancia por la que se cuestiona su condición de mujer. Una sospecha que persigue a esta, y a otras atletas, desde entonces.

Andrógeno es el término que designa a las hormonas sexuales masculinas, entre las que se encuentra la testosterona. Es una hormona que todo el mundo asocia al sexo masculino, pero las mujeres también la producimos, aunque en general en menores cantidades. El problema de Semenya, y de otras atletas intersexuales, es que segrega altos niveles de testosterona, unas cifras superiores a las habituales en las mujeres y similares a las de los hombres. Esta condición se denomina hiperandrogenismo.

Cabría pensar, por tanto, que las mujeres deportistas con hiperandrogenismo no hacen trampas, no se dopan, porque es su cuerpo el que produce más testosterona de forma natural. Pero las autoridades deportivas no creen lo mismo y opinan que podría otorgar una ventaja injusta.

Intersexualidad, ¿qué significa?

En las personas intersexuales existe una discordancia entre el sexo gonadal, el sexo genético y el sexo genital. La OMS cifra en un 1% el porcentaje de intersexuales en todo el mundo, entre ellas, la atleta sudafricana Caster Semenya y la corredora india Dutee Chand.

Según la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP), se distinguen tres fases o niveles de diferenciación sexual: el sexo gonadal (ovario o testículo), el sexo genético (cromosomas XX o XY) y el sexo genital (genitales externos e internos, femeninos o masculinos) que se determinan en el periodo fetal. Javier González, que trabaja como endocrinólogo en el Hospital de Cuenca, explica que “en las personas intersexuales existe una discordancia entre alguno de estos tres factores. Por ejemplo, el sexo genético puede ser masculino, es decir XY, pero la gónada es un ovario o no existe, y el sexo de los genitales es femenino. Hay muchas posibilidades, la intersexualidad tiene muchas causas y cada vez se van descubriendo más”.

La insensibilidad a los andrógenos es la anomalía de la diferenciación sexual más frecuente en las personas con cariotipo XY, es decir, con rasgos característicos de ambos sexos. En estas personas el receptor a esta hormona no funciona y hay una producción de testosterona pero que no conlleva una virilización, es decir, tienen cromosomas XY (propios del sexo masculino) pero tienen un fenotipo o características totalmente femeninas. A lo largo de los años, las organizaciones deportivas se han centrado en estas anomalías para crear las normativas en el deporte femenino de alto nivel.

Los datos de prevalencia de personas intersexuales es una incógnita, la Organización Mundial de la Salud (OMS) cifra en un 1% el porcentaje de personas en todo el mundo. En ese porcentaje se encuentran la atleta sudafricana Caster Semenya o la corredora india Dutee Chand.

Controles de verificación de sexo

En el mundo del deporte la diferencia de sexos y la división por categorías en femenino y masculino se remonta a la propia creación del deporte. Las mujeres participaron por primera vez en los Juegos Olímpicos de Londres de 1908. Las 37 atletas que compitieron representaban menos del 2% del total, en los Juegos de Río el porcentaje de deportistas mujeres alcanzó el 45%. Un dato que explica el gran protagonismo que han adquirido las mujeres en el mundo del deporte.

Desde el primer momento que se incluyeron a las mujeres en las competiciones, las organizaciones deportivas han utilizado procedimientos de verificación de sexo con la finalidad de evitar fraudes e intentar proteger el nivel de juego entre las féminas. La realidad es que la reglamentación y los controles de sexo en el deporte femenino de alto nivel están estrechamente relacionados con la identidad sexual. El debate entre los que apoyan los controles y los que no se reabre en cada competición importante.

La primera normativa de verificación de sexo de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), en el año 1946, obligaba a las mujeres a aportar un certificado médico que constatara su pertenencia al género femenino. La siguiente normativa, en el año 1966,  la llamada “prueba de la feminidad”, las mujeres eran inspeccionadas desnudas frente a un panel de médicas. Una normativa muy controvertida pero que se aplicaba de manera sistemática. En 1967, en la Copa Europea,  se utiliza el análisis de los cromosomas por primera vez. Una prueba muy sencilla y rápida, en la que a través de un frotis en la boca se buscaba encontrar el cromosoma Y en las mujeres. Estas debían tener un cariotipo 46 XX, si las atletas tenían un cariotipo 46 XY –y que una vez más no tenían en cuenta las múltiples anomalías en la diferenciación sexual- se les prohibía su participación.

Todas estas normativas y métodos sobre verificación de sexo supusieron una gran controversia, no solo en el plano técnico, sino también en el aspecto ético. Así, ya en el año 1999, el Consejo Ejecutivo del Comité Olímpico Internacional aceptó las recomendaciones de la Comisión Médica y se decidió poner fin a las pruebas obligatorias generales para los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.  Pero la realidad es que las Federaciones Internacionales se reservaron el derecho de solicitar a ciertos individuos la pertinente prueba, y a partir del año 2006 la IAAF estableció la normativa denominada “Policy on gender verification”. Esta norma se diferencia de las demás en que no se aplica de forma sistemática, solo si existen sospechas sobre la deportista.

Este el caso de Caster Semenya, atleta que generó dudas por su aspecto físico en los mundiales de Berlín 2009. Fue investigada y se le retiró de la competición durante 10 meses. Una filtración a medios australianos reveló que Semenya tenía rasgos sexuales femeninos y masculinos, y que sus niveles de testosterona eran elevados. En 2010 volvió de nuevo a la competición y en 2011 la IAAF diseñó una nueva norma que regula la elegibilidad de las mujeres con hiperandrogenismo para competir en categoría femenina.

Evolución de la normativa de verificación de sexo

Norma del hiperandrogenismo

Fue en mayo de 2011 cuando la IAAF incorporó la regla para la participación de mujeres con hiperandrogenismo: “Una mujer con hiperandrogenismo que es reconocida legalmente como mujer será elegible para competencias atléticas femeninas siempre que tenga los niveles de andrógenos por debajo del rango masculino (medido en función de niveles de testosterona en suero) o si, en caso de tener los niveles de andrógenos dentro de los parámetros masculinos, tiene una resistencia a los mismos que significa que no hay ninguna ventaja competitiva”.

Con esta norma se pretende verificar el nivel de andrógenos producidos naturalmente por la deportista y su sensibilidad a esos andrógenos. La finalidad de la normativa de la IAAF es la de mantener la equidad en la competición femenina, ya que consideran que los altos niveles de testosterona –fuera del rango femenino- constituyen una ventaja competitiva.

La IAAF establece el límite inferior de testosterona en hombres como límite superior de testosterona en mujeres. Este límite es de 10 nanomoles por litro (nmol/L) en sangre. Es decir, si una atleta tiene niveles superiores a 10 nmol/L no podría competir, a no ser que redujera sus cifras mediante tratamientos con fármacos o cirugía. El rango típico en las mujeres es de 1,0 a 3,3 nmol/L.

2011: Límite de testosterona permitido por la  IAAF competiciones femeninas: 10 nmol/L

Desde 2015 la norma del hiperandrogenismo está suspendida, después de que la atleta india Dutee Chand –retirada de la competición nacional e internacional por sus elevados niveles de testosterona- recurriera ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo de Lausana. Finalmente, el TAS obligó a la IAAF a suspender durante dos años la aplicación de la norma hasta que demuestre, con evidencia científica e informes de expertos, que el rendimiento de las mujeres con hiperandrogenismo es superior a las mujeres sin hiperandrogenismo.

El plazo se ha cumplido en julio de 2017. Ese mismo mes, La IAAF ha presentado un estudio de los médicos deportivos Stéphane Bermon y Pierre-Yves Garnier, publicado en el British Medical Journal, en el que afirman que los niveles elevados de la hormona testosterona otorga una ventaja significativa en estas atletas. Para María José Martínez Patiño, la única asesora científica española del TAS, “el estudio es incompleto y no demuestra nada”. Actualmente la norma está suspendida y en plazo de alegaciones y, por lo tanto, cualquier atleta puede competir.

María José Martínez Patiño, la gallega que cambió las reglas

“Cuando te cruzas a un gallego por la escalera, no sabes si sube o baja”. Este estereotipo no encaja en la personalidad de María José Martínez Patiño. Esta mujer, explusmarquista nacional de 60 metros vallas en los años ochenta, atleta internacional y mundialista, sabe muy bien lo que es tomar una decisión.

Hace ya más de 30 años, la campeona de vallas española se quedó a tan solo 4 centésimas de acudir a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84, y ya tenía la mirada puesta en los Juegos de Seúl 88. Pero en 1985, en un control de sexo en la Universiada de Kobe (Japón) se le retiró la licencia. En ese momento se truncó su sueño olímpico, su prometedora carrera y su trayectoria vital.
“El caso de Semenya y el mío no es el mismo. La diferencia entre hiperandrogenismo y las mujeres como yo, con SIA, es que no tenemos ventaja deportiva. Yo logré volver a competir porque todos los científicos decían que algunas mujeres con cromosomas XY no tienen ventaja deportiva ninguna”. Albert de la Chapelle,  científico finlandés ahora retirado, fue el que marcó la pauta para demostrar la tesis de Patiño. “Él, junto con otros, demostró al COI que las mujeres con SIA no teníamos ninguna ventaja competitiva”. María José tiene una alteración cromosómica, una mutación genética que se denomina Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos (SIA). Pero según la normativa vigente en esa época se le prohibió competir, para la Federación “no encajaba en la etiqueta de mujer”. Se le expulsó del equipo nacional, de la residencia Blume y le quitaron la beca. Pero Patiño nunca se rindió, emprendió su particular -y costosa- batalla legal y al final logró vencer la injusta norma de la todopoderosa IAAF. Ahora, paradojas de la vida, es la única española asesora científica del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS).

 “Ahora, como asesora del TAS, tengo que velar por la ética de las normativas”

“Ahora, en mi actual situación como asesora del TAS, tengo que velar fundamentalmente por la ética de las normativas, atender a un lado pero atender también al otro. Es un tema muy complejo, las mujeres con hiperandrogenismo, con niveles de testosterona altísimos con respecto a la población normal y que están fuera del rango femenino, puede suponer una ventaja deportiva”.

María José afirma que “tiene que haber algo que regule a las deportistas que consiguen récord, o que consiguen medallas, o que van a ganar dinero con esto. Tiene que haber un procedimiento de verificación que impida que se vaya a cometer fraude”. Con respecto a la aplicación de normas, Patiño está totalmente en contra de que de manera sistemática se realicen controles a todas las mujeres: “No puede ser así, porque estás poniendo al pie de los caballos a todas las mujeres que hacen deporte, y muchas de ellas no van a llegar a batir ningún récord, ni van a ser finalistas, solo se deberían hacer controles en las competiciones de altísimo nivel”. Su opinión es que “los controles se deberían realizar en un rango que incluya a las 12 primeras, lo que realmente pudiera ser significativo”. Apunta que por ahí van los tiros y que ese podría ser el futuro de la normativa, de hecho actualmente están trabajando en esa línea.

“El deporte es uno de esos lugares donde es susceptible y posible el engaño”

Muchos expertos afirman que el nivel de testosterona no es el único factor que causa mejoras en el rendimiento deportivo. Aunque se demostrara que el hiperandrogenismo proporciona una ventaja competitiva –cosa que todavía no ha ocurrido- , surge la gran duda de que fuera una razón válida para negarles el derecho a competir. Sobre este tema, María José dice que “hay que escuchar a todas las partes, en las que se incluyen un colectivo de mujeres cuyos niveles hormonales son muy bajos”. “La testosterona influye en el rendimiento deportivo,  las personas que han hecho una transición de hombre a mujer, si no se establece un rango hormonal para poder participar supondría desvirtuar el deporte tal y como está concebido, esto se podría convertir en un coladero, porque el engaño es consustancial al ser humano y el deporte es uno de los lugares donde es susceptible y posible el fraude”. “Si no existiera la posibilidad de que hubiera fraude, mi opinión es dejar competir a todo el mundo, sin normas, pero no puedo decir eso”.

“Pero tiene que haber una legislación, tenemos que anticiparnos al problema, no se pueden hacer normas que no sean eficaces y pensar en clave de futuro”. Para Patiño “el futuro pasa por que las pruebas se hagan después de haber competido, en el marco de la privacidad que soporta un control antidoping, como una prueba más y solo para un grupo muy concreto de deportistas femeninas”. Patiño no está de acuerdo con la norma de hiperandrogenismo tal y como está planteada ahora, y piensa que “todos los análisis tienen que hacerse después de haber participado, no antes”.

Gracias a María José Martínez Patiño, pionera del cambio de una normativa claramente injusta, se ha conseguido que las personas con cromosomas XY puedan participar en las competiciones deportivas. “Yo luché por lo que consideraba que era justo y por una injusticia que se estaba cometiendo conmigo, y luego esa lucha ha servido para que otras mujeres compitan de forma anónima sin ningún tipo de problemas”.

Equidad y justicia

La competición de élite se alimenta de cuerpos con características excepcionales, los atletas olímpicos son un portento de la naturaleza. Sin embargo, ¿alguien cuestiona la tremenda fuerza muscular de Usain Bolt, o la ventaja de Pau Gasol frente a jugadores más bajos, o el desproporcionado “cuerpo de pez” de Phelps? Creo que no, ninguna voz se alza para acusarlos de disfrutar de una ventaja injusta. Al contrario, son atletas aclamados por su físico imponente. Sin embargo, cuando una mujer destaca por su físico fuera de los estándares establecidos, enseguida sobrevuela la sospecha y se le somete a pruebas. Estoy muy de acuerdo con María José Martínez Patiño cuando dice: “hay una línea muy fina y, si alguna mujer se sale de esa línea estándar, del estereotipo de lo femenino, es analizada, observada, mirada y criticada”.

Es legítimo que las organizaciones deportivas insistan en buscar la equidad y la justicia en las competiciones deportivas, y nadie duda de la complejidad que conlleva este cometido, pero este ideal de justicia nunca debería chocar con los derechos a una identidad sexual o de género y con el derecho a la intimidad.

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Sonia Sanchez

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