La comarca de Andorra-Sierra de Arcos es una comarca de la provincia de Teruel que tiene una población en torno a los 11.000 habitantes y su capital es Andorra, que tiene un poco más de 8.000 habitantes. Esta comarca está situada en el llamado Bajo Aragón Histórico. Aunque es una comarca con economía basada en la agroalimentación y en materiales para la construcción, su economía se basa principalmente en el sector de la minería y en los empleos que ésta genera por la central térmica de Endesa situada en Andorra.

Esta central térmica entró en funcionamiento en 1981 y usa el carbón lignito como combustible que aportan Samca y la Compañía General Minera de Teruel. Por un lado, Samca tiene minas en las poblaciones de Ariño y Foz Calanda y por otro, la Compañía General Minera de Teruel tiene una mina en Estercuel. Si se realiza un recuento de las personas que trabajan en las minas de carbón y en la central térmica se llegaría a las 700 personas aproximadamente.

Joaquín Noé es el alcalde de Ariño y trabaja para la empresa Samca. Ha estado catorce años trabajando en la mina de carbón de cielo abierto de Ariño y lleva seis años trabajando en la mina de interior de la misma localidad. El 31 de diciembre del año pasado esta mina interior ya cerró sus puertas, pero los trabajadores seguirán trabajando dos años más pendientes de las prejubilaciones hasta su cierre definitivo. Por su parte, “la mina de cielo abierto de Ariño está funcionando a pleno rendimiento”, comenta. El carbón que se extrae de la mina de Ariño va en su totalidad a la térmica de Andorra. “Actualmente, es imposible llevar el carbón a otro sitio que no sea la central térmica de Andorra. No sale rentable y habría que cerrar las minas, a no ser que se encuentre un nuevo uso para el carbón”, afirma el alcalde.

Futuro poco esperanzador

Ahora mismo el futuro de la central es una incertidumbre porque esta necesita una inversión de 190 millones de euros para adaptar las infraestructuras a la normativa medioambiental europea. Tal y como señala María Quílez, periodista del grupo de comunicación La Comarca, “en principio esta inversión la tiene que realizar la dueña de la térmica que es Endesa. Esta normativa entra en vigor en junio de 2020. Hasta ese año, Endesa se ha comprometido a comprar carbón. A partir de esa fecha no se sabe nada. Eso sí, si llegamos a junio de 2020 y no se han realizado estas obras para reducir estas emisiones contaminantes, la central térmica tendría que cerrar”.

Cabe recordar que Endesa era una empresa pública española, que luego con el gobierno de Zapatero pasó a ser privada y se vendió a una empresa pública italiana llamada Enel. Carlos Aser García, ingeniero de minas de Tayser, subcontrata de Samca, expone que “hace unos años se hizo una inversión muy fuerte para la desulfuración del carbón pero ahora la Comunidad Económica Europea ha hecho otra gran inversión con la inclusión de filtros para quitar los nitritos, que contaminan mucho menos que los sulfuros pero que supone una inversión de 190 millones de euros”. Ante esta situación, “Enel ha expuesto que tal y como están las cosas no va a hacer tal inversión, pero que la haría si hubiera un marco regulatorio que garantizase una compra de carbón”, prosigue García.

Ahora mismo es complicado sacar adelante un plan energético, ya que hay partidos políticos que ven al carbón como una energía sucia y contaminante, pero por otro lado, desde Teruel ven la descarbonización como una pérdida importante de empleos en la provincia. “Sería bueno acordar un plan energético entre los partidos mayoritarios del Congreso para que éste fuera estable”, expone María Quílez.

Endesa quiere garantías. “Lo que pide Endesa al Gobierno es que haga un plan nacional energético de aquí a treinta años, en el que se especifiquen unos porcentajes de energías alternativas y que se le dé cabida al carbón”, afirma Quílez. Lo que no quiere Endesa es invertir la cantidad de 190 millones de euros y luego que no se le compre carbón. “Si en 2021 el Gobierno le da entrada a otras energías como el petróleo y no da entrada al carbón las térmicas van a tener que cerrar”, explica la periodista.

La central térmica de Andorra en funcionamiento. Fuente: Christian Serret

Aun así, todavía hay esperanzas. “Parece que el nuevo ministro, Álvaro Nadal, (ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital) está dispuesto a llegar a un acuerdo, mientras estamos buscando alternativas por si acaso, pero nuestro objetivo es alargar todo lo que se pueda la vida del carbón” dice el alcalde de Ariño. Aunque tal y como dice María Quílez, “vamos hacia la descarbonización en torno al 2050 según el Tratado de París. La idea es que el carbón tiene que desaparecer y que funcionemos con renovables”. Es por ello por lo que aunque es inevitable que el carbón desaparezca, lo que se pretende es alargar el tiempo de la central para que haya un margen de tiempo para reindustrializar la zona. Se trata de ganar tiempo para que la gente que perdiera el trabajo, pudiera quedarse en la zona y tuviera otras oportunidades laborales.

Ante esta incógnita del carbón, Carlos Aser opina que “el carbón en España tendría que declararse como reserva estratégica porque en España la única fuente de energía autóctona es el carbón; todo lo demás es comprado, por lo que si algún día hubiera algún conflicto internacional nos quedaríamos sin el resto de recursos y solo podríamos vivir del carbón nacional”.

Graves consecuencias

Este hipotético cierre de la central térmica de Andorra provocaría una pérdida importante de empleo en la comarca de Andorra-Sierra de Arcos, así como en el Bajo Aragón. En torno a 700 personas perderían su trabajo de manera directa. “El mayor problema no es que dejen de trabajar estas personas, ya que se les compensaría en prejubilaciones y finiquitos; el problema es que ya no habrá nadie que supla a esa gente y esos empleos se pierden y afecta a la zona. Esta gente consume y deja dinero en la zona; compra ropa, come en restaurantes, y este dinero con el cierre ya no se quedaría en los pueblos mineros. La economía de la provincia de Teruel sufriría un varapalo muy grande”, añade Joaquín Noé.

Si cerrase la central térmica, la gente se tendría que ir y este aspecto repercutiría en la población, donde habría pueblos pequeños que desaparecerían: “La zona de Teruel capital se vería afectada pero no tanto como el Bajo Aragón, donde quedaría arrasado; Andorra se quedaría en la mitad de lo que es, los pueblos más pequeños de la zona de Andorra se reducirían a la mitad y hasta desaparecerían. Por su parte, Alcañiz que es una ciudad que vive de dar servicios a los pueblos de alrededor perdería influencia”, expone el ingeniero de minas.

Un claro ejemplo de lo que le puede suceder a Andorra y a los pueblos que tiene alrededor si cierra la central térmica es el caso del pueblo de Escucha, municipio cercano a Andorra. “Hace 20 o 25 años era un pueblo muy próspero y ahora es un pueblo desierto. En su día, cuando estaba la minería en auge, no solo era uno de los pueblos más ricos de Aragón, sino también de España. Ahora es un desierto, con las infraestructuras paradas e incluso con gente que vive de ayudas; todo el mundo se ha ido”, informa Carlos Aser. Es por ello por lo que es importante que finalmente se pueda llegar a un acuerdo para que esta zona bajoaragonesa que se dedica principalmente al carbón siga con el principal motor de su economía para evitar la despoblación del territorio.

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Christian Serret

Estudiante de Periodismo en la Facultad de Periodismo de la UCLM, en Cuenca.
Christian Serret

Christian Serret

Estudiante de Periodismo en la Facultad de Periodismo de la UCLM, en Cuenca.

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