Las filtraciones por lluvia han dejado en mal estado la parroquia de Piedrabuena

Eran las nueve y media de la mañana de un caluroso cuatro de agosto en la pequeña localidad de Piedrabuena. Gran parte de la población se acerca a la plaza del pueblo a observar un hecho que causa una gran curiosidad: las cubiertas de la iglesia deben ser reparadas y, a causa de éstas, parte de las torres, también.

La capilla, de estilo neoclásica, data de finales del siglo XVIII y los materiales empleados en la época eran de muy mala calidad. Los años y el agua han hecho pasar factura al edificio. La última obra que se llevó a cabo en la Iglesia fue en el año 2006, también por problemas de filtración y humedades. “Hicimos lo urgente, pero llegó la crisis y había otras prioridades”, argumenta el párroco Julián Valverde.

La empresa Meica es la encargada de llevar a cabo el largo y costoso procedimiento. El tamaño y el peso de las cubiertas son tan grandes que necesitan ponerse en contacto con otra empresa para que les proporcionen una grúa más grande a la que poseen. Además, debido a la dificultad y el poco tiempo del que disponen los constructores para finalizar esta primera parte del proyecto, cuentan con un equipo total de diez trabajadores, un jefe de obra y nueve peones que trabajan arduamente en sus labores.

Llega el momento de bajar los elementos al suelo de la plaza para facilitar su reparación y los espectadores comienzan a sacar los teléfonos móviles de sus bolsillos para capturar el instante. La plaza está saturada. Desde los balcones del Ayuntamiento, situado enfrente de la Iglesia, el alcalde de la localidad, José Luis Cabezas Delgado; Rafael Sánchez Fernández, Teniente del alcalde; el personal y dos cámaras observan al detalle la situación. No cabe un alma en las ventanas y balcones de las casas lindantes al lugar.

Los coches, impotentes al no poder seguir su trayecto, comienzan a pitar a los vecinos, pero éstos hacen caso omiso a los conductores.

Los andamios, situados alrededor de las torres, se alzan por encima de los veinte metros; la altura de estas es asombrosa, tanto, que los propios albañiles, subidos al final, reflejan miedo y sus movimientos son muy cautelosos, a pesar de llevar arneses de protección. “Impone bastante estar a tantos metros del suelo, pero las vistas desde allí arriba son increíbles”, ha afirmado Antonio Hernández uno de los obreros.

Las cubiertas se encuentran bastante deterioradas. Las maderas de sus bases están podridas y no hay ningún material que los proteja de las lluvias. “Este edificio es muy simbólico para Piedrabuena y la obra nos parece muy adecuada para acabar con los problemas de filtraciones que la han deteriorado con el paso del tiempo”, argumenta el alcalde de la localidad, José Luis Cabezas.

Los materiales que componen el tejado de la ermita son muy sencillos: una estructura de madera podrida por el paso del tiempo y las filtraciones de lluvia; y, una envoltura compuesta por tejas negras de uralita. Sin ningún tipo de aislante que proteja el techo, el arquitecto que lleva a cabo el proyecto ha afirmado que habrá que cambiar la base por madera nueva, a la que se le añadirá una tela asfáltica a modo de interceptor del agua y, por último, las tejas serán cambiadas por otras nuevas de chapa de aluminio.

El párroco Julián  Valverde ha corroborado que se realizará una segunda fase en la reparación de la Iglesia a la cual se destinarán, aproximadamente, otros 200.000 euros que serán invertidos en el frente del edificio para darle más vivacidad a la plaza. “Primero arreglaremos el tejado y lo pagaremos, y cuando podamos empezaremos con la fachada”, declara el cura.

 

 

 

 

 

 

 

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Monica Rivero

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