El alpinismo, también llamado “montañismo”, es considerada la más antigua y completa de las modalidades deportivas de montaña. Su nombre se remonta a su origen, pues el alpinismo nació en los Alpes, donde los primeros aventureros comenzaron a escalar montañas. Pese a que el ser humano ha tenido que escalar montañas desde tiempos inmemorables, como deporte, el alpinismo surge cuando se empieza a practicar para satisfacer las inquietudes de quienes lo practican y no por obligación.

Hablar de alpinismo en Ciudad Real es hablar de Pilar Agudo Fernández. Nacida en Sevilla, pero con raíces familiares en Ciudad Real, Pilar es profesora de Educación Física, alpinista y guía de montaña en distintos recodos del mundo. A sus 42 años, tiene claro que la montaña es su sitio. “Es el lugar donde estoy bien, me siento a gusto haciendo las cosas que quiero. Es mi aislamiento, mi soledad”.

Un intenso currículum es la base de su actividad. Sus primeros pasos en el apasionante mundo del deporte, cuando tan solo tenía doce años, estarían ligados a la natación, primero en el Club Natación de Ciudad Real y posteriormente en el II Club de Natación, donde se “metió de lleno” en el deporte de competición. No obstante, para Pilar, el alpinismo ha sido su pasión desde bien pequeña y destaca que sus inicios en el mundo de la natación, fueron debidos en gran parte a la escasez de opciones deportivas sugeridas por aquellos entonces. “Era la única opción deportiva que se me planteaba cuando yo llegué a vivir a Ciudad Real con mis padres”.

Pilar luce el pañuelo de yerbas, símbolo de identidad de Ciudad Real. Fuente: Pilar Agudo

Con dieciocho años, la rondeña empezaría a forjar su sueño: la montaña. Sería en Sierra Nevada, Granada, aprovechando que era la ciudad escogida para estudiar su carrera universitaria, donde se lanzaría a practicar el alpinismo.

Aunque reconoce que sus padres fueron pioneros en despertar su pasión por este deporte, Agudo reconoce que siempre ha ido por su cuenta, buscándose la vida. “En mi casa salíamos mucho al monte los domingos, en aquel momento en el que no existían las actividades outdoor como ahora. Iba al monte con mis padres y pasábamos el día subiendo cerros. Pero nunca nadie me llevó a la nieve o a hacer cosas más técnicas. Siempre fui por mi cuenta, en muchas ocasiones sola, buscándome la vida”.

Asimismo, admite que en su juventud, era muy complicado ir acompañada, pues en la mayoría de los casos, eran hombres los que se dedicaban al deporte de montaña y las mujeres no podían ir con ellos. “Hubo una época en la que creo que podría haber hecho muchas más cosas de las que hice, pero la falta de compañeros me limitó en ese aspecto”, sentencia.

Dos años de entrenamiento en Sierra Nevada fueron suficientes para que la joven se lanzase a su primera expedición, el Jbel Toukbal, una montaña ubicada en la Cordillera del Atlas (Marruecos), con 4.167 metros de altitud. “Tenía veinte años cuando fui al Toukbal a investigar y a subir los cerros de allí. Tengamos en cuenta que estamos hablando de hace casi veinticinco años, donde salir al extranjero no era tan fácil ni tan popular como lo es ahora”.

Tras esta expedición, Agudo haría un parón en la montaña para dedicarse al ciclismo de competición. “También hacía cosas en la montaña, pero no estaba tan tecnificada como lo estoy ahora”, afirma.

Sería en el año 2009 cuando retomó el alpinismo, haciendo cosas mucho más difíciles, más técnicas. “Dejé la bici en un segundo plano, solo como vía de entrenamiento y me dediqué mucho más a escalar”.

Como todo deportista en sus comienzos, Agudo Fernández empezó haciendo “cosas facilitas y accesibles”. Primero, Sierra Nevada. De allí, pasó a Marruecos, los Alpes y los Andes, entre otros, hasta que en el año 2012 se lanzó en solitario al Himalaya, “un 6.000 complicado”. Pilar reconoce que ese fue el momento decisivo para comenzar a hacer esas cosas que aparecen en las revistas e imaginas como algo imposible, inalcanzable. “Le perdí el miedo a la montaña. Me vi libre para hacer cosas en solitario sin tener que esperar a contar con un grupo que me llamase. Me lancé sola a hacer mis propios proyectos sin depender de nadie y a partir de ahí fueron surgiendo los 6.000, los 7.000 y los 8.000”.

Sus progresos se comenzaron a notar en 2014 y 2015, cuando se enfrentó al Rocky Summit, una cumbre de 8.035 metros, y al Broad Peak, de 8.047 metros, respectivamente.

Un año más tarde, emprendió al Ama Dablam, situado en el Himalaya Central, Nepal, con una altura de 6.856 metros y una de las montañas más difíciles de escalar, donde consiguió hacer cumbre el 27 de octubre de ese mismo año.

Pilar, tras conseguir hacer cumbre en el Ama Dablam. Fuente: Pilar Agudo

La última expedición a la que Agudo se ha enfrentado, fue el pasado mes de junio, emprendiendo una nueva aventura hacia el Gasherbrum II, un pico de 8.035 metros ubicado en la frontera entre Gilgit-Baltistán y el territorio de Xinjiang. Se trata del tercer pico más alto del macizo de los Gasherbrum, situado en la cordillera del Karakorum.

Para la alpinista, esta última, es la cumbre más complicada a la que se ha enfrentado. “Iba en solitario, sin oxígeno y sin contratar sherpas de altura. Además, había muy poquita gente. Tenía que asegurarme con cuerdas ciertos tramos, buscar compañeros e iba siempre con mucha tensión, pues no podía tomar decisiones por mi cuenta ni arriesgarme a quedarme sola en la montaña en ciertos puntos. La montaña era muy técnica, muy difícil, te podías matar en cualquier momento, pero al mismo tiempo, esa dificultad, la convirtió en apasionante y cautivadora”, destaca. Como resultado, Agudo Fernández se quedó a poco más de 200 metros de hacer cumbre, dándose la vuelta debido al mal tiempo y a su estado de agotamiento físico.

Alpinismo: ¿Un reto, un hobby o una forma de vida?

Para la protagonista, el alpinismo no es un reto, pero tampoco un hobby. Su afición por la montaña va más allá, es una forma de vida. “La palabra reto se utiliza mucho en el mundo del deporte, pero para mí el alpinismo no lo es. Es donde estoy bien, donde quiero estar y donde me lo paso estupendamente. Es una forma de vida simplemente porque me divierte”.

Además, considera su atractivo por la montaña como una manera de focalizar sus intereses. “Me engancha la montaña como me podría haber enganchado cualquier otra cosa. Es una necesidad del individuo buscar ciertos puntos de motivación. En mi caso, los míos siempre han ido por ahí, quizás de una manera un poco instintiva”.

Pero, a su juicio, no todos los momentos son deportivamente buenos ni productivos, pues hay etapas donde prefiere estar alejada de la montaña. Como bien explica, “son ciclos que voy pasando. No estoy al cien por cien todos los días del año. Hay épocas en las que no quiero estar en la montaña sometida a ese estrés”.

Lejos de los cánones comerciales, la alpinista se define a sí misma como una persona polivalente, libre e independiente, exenta a la vida comercial que circula en el mundo deportivo. “Me considero ajena a todos los cánones comerciales que se nos adjudican. Soy libre porque no me planteo objetivos más allá de lo que no quiero. Escalo solo para mí”.

La alpinista en una de las expediciones junto a sus compañeros. Fuente: Pilar Agudo

Docencia y alpinismo

Pilar trabaja como profesora de Educación Física, por lo que le resulta complicado compaginar trabajo y deporte.

Intenta repartirse el tiempo de la mejor forma posible, y aunque a veces le gustaría dedicarse únicamente al deporte, asume que económicamente nunca ha llegado a profesionalizarse, por lo debe continuar en el mundo de la docencia.

La falta de tiempo es una de las circunstancias por las que la docente cree su rendimiento no es todo lo destacable que desearía. “Estoy convencida de que mis resultados serían mucho mejores si pudiese dedicarme exclusivamente al deporte. Pero la situación actual es esta y tengo que aprovecharla lo mejor que pueda”.

Uno de los problemas más grandes que se le plantean en este sentido es no poder escalar fuera constantemente. “Solamente me puedo ir a escalar fuera en ciertos periodos. Además, tampoco puedo pasarme escalando 3 o 4 días, sino que tengo que aprovechar los fines de semana”.

Otro de los inconvenientes, a su juicio, es el incremento del horario laboral. “Cuando salgo del trabajo, con el aumento de la jornada que tenemos ahora los profesores, no puedo irme a entrenar como antes. Necesito descansar primero y después prepararme”.

A pesar de todo, la docente, se inclina por el lado positivo, pues según afirma, “quien algo quiere, algo le cuesta. No hay nada fácil y es la única opción que tengo. No puedo elegir”.

Respecto a los entrenamientos, la protagonista destaca dos fases diferenciadas: la preparación física y la preparación técnica.

Agudo Fernández en sus entrenamientos. Fuente: Pilar Agudo

Físicamente, mientras está activa laboralmente, se prepara corriendo, con la bicicleta y haciendo escalada en roca.

Técnicamente, escala los fines de semana en Sierra Nevada, los Pirineos, los Alpes o Nepal, entre otras. Según afirma, esta parte, “la tengo mucho más descuidada porque no es tan accesible como salir con la bici o ir a correr”.

De cara a estos entrenamientos, Pilar prefiere hacerlo por su cuenta. De hecho, nunca ha recurrido a la ayuda de un preparador físico, ya que asume ser una persona muy indisciplinada que vive el deporte por gusto. “No estoy dispuesta a hacer nada que no me apetezca. Voy sobre la marca. Además, tengo que ceñirme a mi horario laboral, por lo que el entrenamiento me lo autodirijo yo misma. No llevo una programación estricta porque mi forma de vida me lo impide, pero sí que mantengo los principios básicos del entrenamiento”.

Un deporte extremo

Los deportes extremos son todas aquellas actividades que conllevan un punto de riesgo y peligrosidad para aquellas personas que la practican.

Según el diario ABC, el alpinismo se encuentra entre uno de los deportes más peligrosos, con mayor riesgo de muerte. Cada año alrededor de cuarenta personas mueren intentando lograr tales propósitos. Entre las causas más comunes: la hipotermia, quemaduras de córneas, falta de oxígeno y congelación.

La alpinista durante uno de sus ascensos más complicados. Fuente: Pilar Agudo

Pilar, como alpinista, ha sentido en muchas ocasiones que su vida corría peligro. “Vives constantemente en el filo de la navaja y sabes que si no te caes, te terminarás congelando, te dará un edema, te vendrá una avalancha…es decir, casi todo el tiempo en la montaña grande estás suspirando, viviendo con el peligro al lado”, señala.

Aun así, Agudo Fernández es consciente y asume el peligro que conlleva tal actividad. “Lo acepto, lo asumo. Mi planteamiento es: si de todas formas voy a morir, qué más da un poco antes que un poco después. Lo importante es pasármelo bien”. Así es como la protagonista vive el alpinismo, con un peligro evidente y real, muy cercano todo el tiempo.

De hecho, ha sufrido algunas lesiones que “en España hubieran sido muy escandalosas, pero en la montaña todo se vive con naturalidad”. Según comenta, cuando se encontraba en el Broad Peak, le sobrevino una avalancha y un alud de piedra le golpeó en la cara, incrustándole las gafas. “Tuve que darme seis puntos en la montaña junto con una compañera médico”.

Además, destaca que el pasado año se le congelaron un par de dedos, que ha conseguido recuperar. Todo eso sin olvidar las múltiples roturas sufridas. “Parece que hay ciertas cosas que aquí se agravan mucho, pero en otros países y otros contextos, es lo que hay, por lo que no tienes derecho a quejarte. Nadie vendrá a por ti, toca aguantarse y vivirlo con naturalidad y soltura”.

El papel de la mujer en el mundo del alpinismo
El alpinismo, a pesar de ser una actividad relativamente moderna, ha sido considerado siempre como una práctica eminentemente masculina.

Araceli Segarra fue la primera mujer española en coronar la cima del Everest (8.848 metros) en 1996, considerada la montaña más alta del mundo. Aunque una treintena de alpinistas españoles habían conseguido alcanzar la cima del Everest antes de que Segarra lo hiciese, sería su ascenso el que marcaría un antes y un después en un deporte en el que históricamente ha predominado la presencia masculina.

Para Pilar, existe un machismo social muy patente, aunque queramos ocultarlo. Y en el deporte, se da con mucha más frecuencia e intensidad. Aunque la alpinista destaca que la sociedad ya ha aceptado que el deporte también es cosa de mujeres, aún siguen existiendo muchas desigualdades en este ámbito, especialmente a la hora de recibir subvenciones o valorar lo que hace un hombre frente a una mujer. “Aunque una mujer y un hombre hagan exactamente lo mismo, siempre parecerá mucho más difícil lo que ha hecho un hombre”, subraya.

Como bien asegura, las mujeres “nunca damos confianza. Se fían mucho menos de nosotras en cuestiones técnicas, de rendimiento. Si llegamos a una cumbre o conseguimos un logro, piensan que es porque un hombre nos ha ayudado”.

Pilar muestra su lado más femenino con la montana de fondo. Fuente: Pilar Agudo

En cuando al tema de las subvenciones, como destaca Pilar, las mujeres están muy desfavorecidas y más en un deporte minoritario como lo es el alpinismo. La protagonista, nunca ha recibido ayudas económicas, a diferencia de algunos de sus compañeros.

Aunque las prestaciones económicas han sido nulas, sí ha obtenido por parte de empresas ciudadrealeñas y del Ayuntamiento, material necesario para la montaña, de lo cual se muestra muy agradecida. “El Ayuntamiento de Ciudad Real me dio un teléfono satélite, con el que durante las seis semanas que estuve en el Gasherbrum II pude comunicarme con mi familia y con los medios”.

Por tanto, a la hora de visualizar el estado del alpinismo femenino español, Agudo Fernández lo define como “invisible”. “Tenemos escaladoras muy buenas, como Silvia Vidal, que ha conseguido hacerse un hueco en el mundo internacional. Pero se le ha empezado a hacer caso y a sacarla en las revistas cuando ha hecho cosas impensables para cualquier persona. Ha tenido que realizar cosas muy elitistas y durante mucho tiempo para que se le tenga en cuenta”.

Asimismo, Pilar destaca que si ese trabajo lo hubiese hecho un hombre hace un año, ya se habría adentrado en el mundo de la fama. “El alpinismo en España ahora mismo, si miramos las revistas de este deporte, las mujeres quizás puedan aparecer en un 5% de las publicaciones como mucho. Somos mucho más invisibles, esa es la palabra”.

No obstante, la rondeña se muestra optimista de cara al futuro, confiando en la posible popularización del alpinismo femenino. “Quizás aún necesitemos tiempo, pero puede que el alpinismo femenino sí llegue a popularizarse. Confío en que la situación se pueda ir haciendo mucho más homogénea entre hombres y mujeres y que con el paso del tiempo y las nuevas generaciones, vayamos abriendo camino”.

¿Un futuro en la montaña?

La protagonista tiene en mente un próximo proyecto grande, ir en primavera al Cho Oyu, considerada la sexta montaña más alta de la Tierra, llegando a alcanzar los 8.021 metros y situada entre Nepal y Tíbet. “Me gustaría hacerlo con un compañero de Ciudad Real. Nos iríamos a principios de abril, finales de mayo. Pero como vine de un 8.000 en agosto, necesito recuperarme económicamente. Confío en que para la fecha tenga la motivación y el dinero suficiente para poder ir”.

Sin embargo, no ve su futuro más allá de tres meses. “Vivo al día y nunca me imagino haciéndome mayor ni pienso en lo que voy a hacer dentro de diez años, porque nunca veo más allá de tres meses. Vivo con la muerte al lado, con el peligro y no me planteo más allá de un futuro a muy corto plazo”.

La protagonista, haciendo un descanso en la montaña. Fuente: Pilar Agudo

Como consejo a aquellas personas que tengan motivación en integrarse en el mundo del alpinismo, Pilar recomienda hacer lo que cada uno quiera, alejándose de las influencias de terceros. “Si quieres escalar poquito, hazlo. Si quieres pasear por el monte, pasea. Si quieres correr y machacarte durante diez horas, hazlo. Que cada uno viva su deporte y su vida en general a su manera, libre de influencias externas, porque muchas veces acarreamos miedos o nos dejamos arrastrar mucho por lo que otros esperan de nosotros”.

 

González Camacho Victoria

González Camacho Victoria

Estudiante de periodismo en la UCLM.

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