Cuenca, por sus condiciones físicas, siempre ha sido un lugar con tradición de pesca. Pasear y encontrarse a gente en el río Júcar practicando este deporte era una imagen muy habitual en la capital.

Con la desaparición de la trucha, todo eso se perdió y la gente fue disipando la afición por esta actividad. Hubo varios intentos por recuperar la trucha, pero todos ellos sin éxito, ya que está no se adaptaba a su nuevo hábitat y otro motivo, es que la gente que la cogía no la devolvía al río.

“El gran problema que existe en esta ciudad, a parte de la situación y limpieza de los ríos, es que no se conoce otros tipos de pesca. Por eso, desde la asociación CuenCarp, queremos promover una nueva modalidad de pesca deportiva para que esta actividad continúe en la ciudad de Cuenca, el Carpfishing” aseguraba Francisco miembro de dicha sociedad. A pesar de que este modo de pescar llego hace poco a Cuenca, su origen se remonta al año 1978 en Inglaterra de ahí su denominación Inglesa.

El carpfishing tiene como finalidad la captura de grandes peces como son las carpas y los barbos. Lo más impactante de esta modalidad, es que los peces son devueltos al agua, después de realizarse una fotografía con ellos. Estos bajo ningún concepto deben tocar el suelo, si no que se deben depositar sobre una especie de colchón que todo practicando tiene, donde se le curan las posibles heridas que hayan podido sufrir a la hora de ser cazados, y una vez curados se vuelven a depositar al río.

Esta técnica es totalmente distinta a la de la trucha, técnica habitual en Cuenca. En primer lugar el anzuelo es de mayor tamaño y visible. Hay una gran cantidad de cebos, pueden ser dulces y salados, los primeros son mejor para primavera y verano, y los segundos en otoño e invierno, aunque en palabras de los mejores expertos, en este caso los niños, “si solo quieres usar unos son mucho mejor los salados, cuanto peor huelan más les gusta al pez”. Las cañas también son distintas, estas disponen de un formato más inteligente con alarma incluida para indicar cuando los peces estén comiendo del cebo.

Para esta modalidad, a pesar de la creencia que existe entre los conquenses, Cuenca se convierte en una ciudad idónea para la practicarla. En el río Júcar además de truchas también se encuentran una gran cantidad de barbos y carpas, aunque es cierto que estos son de menor tamaño dentro de la ciudad, solo es posible cazar especies de unos 2 a 6 kilos de peso. Mientras que en los pantanos, los kilos puedes ascender a unos 20.

Un grupo de amigos con una gran idea

La asociación, CuenCarp, está compuesta por 5 amigos Jaime, Fernando, Francisco, José Luis y Adrián, con la idea de que la pesca no se perdiese en la ciudad. Es una sociedad deportiva sin ánimo de lucro, creado por y para este deporte. En la actualidad no recibe ninguna ayuda, y todo el material utilizado es abonado con el propio dinero de los fundadores.

CuenCarp / Fuente Júcar Sport

Su principal objetivo es que los más pequeños cojan esta afición y tengan hábito de ir a disfrutar de la naturaleza, y de este modo se relacionen y conozcan las distintas especies que hay en el territorio. Aunque la asociación tiene poco más de un año de existencia, ya han conseguido grandes cosas como la organización de varios torneos en la capital con un buen recibimiento entre el público.

En mayo de este mismo año, decidieron realizar un cursillo para que los más pequeños se animasen a probar esta técnica. La respuesta fue tan buena, que han sido los propios chiquillos los que animaron a Jaime, propietario de Júcar Sport, la tienda donde suelen reunirse para planificar los torneos y las salidas a los pantanos para conseguir carpas de mayor tamaño, a que organizará el primer torneo junior de Carpfishing en Cuenca, disputado el pasado, 18 de noviembre en el recinto del Sargal.

Para el torneo, la asociación pidió al Ayuntamiento de Cuenca el recinto de “El Sargal” donde se iban a poner los puestos para las parejas. Al consistir en un torneo Junior, los participantes eran menores de edad. La pequeños respondieron, y se presentaron siete parejas entre las cuales una de ellas estaba formada por dos chicas. Y gracias a la buena relación que existe en este deporte, y las redes sociales, vinieron de varios puntos de la Comunidad e incluso de Madrid. Una pareja era de Guadalajara, otra de Tarancon y la última, venía de un pueblo de la capital española, Arganda de Rey.

A pesar de que las ganas y la ilusión de los niños no podían ser mayores, corriendo de unos puestos a otros cuando sonaban las alarmas o intercambiando cebos y opiniones para ser los primeros en cazar algo, no hubo éxito. Desde las 9:00 de la mañana, que se sortearon los puestos de cada pareja hasta las 17:30, que acabo de forma oficial el torneo, cada uno con su “chiringuito” en su zona correspondiente, nadie tuvo el placer de tener que hacer esfuerzos con su caña para llevarse la victoria.

Los peques no perdieron la sonrisa en ningún momento y fueron los socios de CuenCarp lo más decepcionados con el desenlace final. Fernando admitía “que había sido un palo el resultado, porque si algo atrae de verdad de este deporte es sacar grandes peces”, José Luis por su parte señalaba que “poco sirvió los esfuerzos y el dinero empleado durante la semana por cebar la zona y que hubiera presas para este día. Pero bueno ha sido una competición bonita, todos se lo han pasado bien y eso es lo importante”.

Raúl, de treces años que había venido expresamente de Guadalajara con su tío, aficionado a este deporte también, nos decía que el día la competición no era una buena mañana para pescar porque era hacia un buen clima “y la mejor época para pescar son los días nublados con la presión atmosférica más alta”.

Y es que no hay nada como pasar una buena mañana con el tiempo acompañando, en la naturaleza. A falta de buenos resultados, bienvenido sea una gran comida entre todos los aspirantes y es que una de las mejores cosas de este deporte es la unión que se crea entre los pescadores. Raúl de Guadalajara,  y Pablo de Cuenca, durante la comida, decían que se habían conocido el día del torneo y que ya se habían vuelto amigos, organizando quedadas para ir juntos a enseñarse mutuamente los lugares donde ellos suelen ir a practicar este deporte.

Preparando la comida durante el torneo / Fuente propia

Y es que los aficionados a este deporte son una gran familia, y si este evento había tenido esta buena repercusión se debía a esa buena relación que existe entre los fundadores de CuenCarp con el resto de pescadores de la zona. Al final los premios se sortearon y todos acabaron con ganas de más, por lo que no es de extrañar que de aquí a unos meses se produzca una segunda edición.

Afición de tradición

Pero, ¿Qué tiene este deporte que crea un vínculo tan especial? Cualquiera que le guste este mundo, diría que la adrenalina de coger grandes peces y de ir superándose poco a poco. Ir a otros lugares, conocer otros pantanos/ríos, respirar el aire puro, la tranquilidad, estar en contacto con el medio ambiente que es algo, que para sorpresa mía, los niños valoran casi más que los mayores.

La gran mayoría de los niños comparten la pasión por este deporte como una tradición familiar, que se ha ido pasando de padres a hijos, o de tíos a sobrinos. Solo una pareja de ellos, señala que se aficionaron a este deporte por voluntad propia. Alejandro y Carlos, que cuentan que se engancharon a este deporte de manera aislada. Carlos, el más joven, de once años, le exige a su padre que “después de jugar al fútbol los sábados, le lleve los domingos al río a pescar”. Su padre que lo miraba desde el puente el día del concurso admitía que “no tengo ni idea de pesca, desde que se aficiono en casa vamos aprendiendo todos poco a poco.” Y respecto a la afición de su hijo con este deporte, apunta “no sé de dónde le viene, solo que desde bien pequeñito, con cuatro años, nos pidió su primera caña. La verdad que nos viene bien esto, porque gracias a él nos hemos obligado a disfrutar de la naturaleza que es algo que aquí en la ciudad lo vas perdiendo”.

Valores importantes en lo más pequeños

En palabras de los niños, “lo que más me gusta de este deporte es que a diferencia del resto, con este deporte te encuentras en pleno contacto con la naturaleza, además nosotros no cazamos ni les hacemos daño a los animales, nosotros tras pescarlos los curamos y los devolvemos al agua. Además al terminar siempre recogemos los que ensuciamos porque nos gusta que el río este limpio para poder venir y pasar el tiempo aquí” decía Alejandro de 13 años que admite que su pasión es tal “que muchas veces he llegado a bajarme hasta con los libros al río porque vivo muy cerca del Júcar”.

Algunos concursantes durante el Torneo Junior / Fuente propia

Este posee una cuenta de youtube, “carpfishing a tope” junto a su gran compañero Carlos, de 11 años, el cual señala “que aunque juega al fútbol siempre saca un hueco para venir a pescar,  porque lo que más le gusta de este deporte es poder disfrutar de la naturaleza”, además añade que “lo que me engancho al carpfishing  es que se respeta a los animales y no se les hace daño y que se cuida la naturaleza”. https://www.youtube.com/channel/UCWHuh3U0ed8RNWKe2SWOUmA

Es cierto que aunque ahora todos los niños practican esta modalidad, no es con la que empezaron, en los inicios recomiendan pescas más pequeñas como la del corcho con cañas más pequeñas y manejables.

Cuidar la naturaleza y sus especies, valorarlas y disfrutarlas, y que los niños de hoy en día tomen conciencia de esto es muy difícil. Pues todo esto lo aporta la pesca, además les enseña a cuidar y respetar el medio ambiente porque una de las primeras reglas, es recoger lo que uno ensucie y lo que vea que este sucio también. A los valores típicos del deporte como el compañerismo, justicia y la cooperación, habría que sumarle los propios del  Carpfishing como el respeto y el cuidado al entorno y a los animales.

 

 

 

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