Con motivo del 25N la Facultad de Periodismo organizó las jornadas “Representaciones de la violencia de género en el espacio público” que contaron con las ponencias de Elena Casado, Lidia Peralta y Dolores López, tres expertas en este ámbito que incidieron en la necesidad de verbalizar la violencia machista para erradicarla

Promover un nuevo marco de análisis sobre la violencia de género fue el mensaje principal que la socióloga y experta en relaciones de género, Elena Casado, quiso transmitir en las jornadas porque, afirmó, “tenemos un problema grave de diagnóstico”. Y lo demostró con algunos datos del CGPJ de 2016: de las mujeres asesinadas por violencia machista en 2014 el 44% había abierto más de un asunto judicial por este motivo, sin embargo, en 11 casos no se apreciaba o no constaba valoración de riesgo, en ninguno se declaró riesgo extremo e incluso en uno de ellos se dedujo falso testimonio contra ella.

Casado señaló así, que hoy en día aún es muy difícil probar la violencia y el riesgo si no hay daños físicos y que por ello sigue habiendo mucha impunidad en la violencia sexual y habitual. Para conseguir erradicarla el camino es “reajustar el foco” y matizar los significados de forma que se visibilicen las relaciones de poder. “Pensamos que es una anomalía, que no le pasa a mucha gente. Tenemos una visión tan caricaturizada tanto de quién la sufre como de quién la ejerce que no somos capaces de ver la violencia de género real”, explicó.

Algunos mitos de la violencia de género

Solemos atribuir las situaciones de violencia machista a relaciones de género “tradicionales”, de personas por encima de los 50 y probablemente con pocos estudios. Se cree, además, que son acciones calculadas y efectuadas por un sujeto macabro en el espacio doméstico. A pesar de estos clichés la socióloga señaló que el machismo sigue muy presente entre los jóvenes, que la violencia no es muchas veces calculada sino una forma de reproducir la idea de masculinidad, que se da también en los espacios públicos y laborales y que hay de muchos tipos, entre ellas la autoinflingida y la institucional (de la que no se habla apenas).

De esta última destacó la tendencia asistencialista de las políticas públicas, que conducen en muchas ocasiones a la revictimización. “La mayoría de las mujeres ya hablan”, lo que hace falta es educar en cómo orientar mejor nuestras acciones para conseguir ayudar realmente, y acostumbrarnos a normalizar “un lugar donde poner el dolor, donde verbalizarlo para evitar la experiencia de silencio”.

Al mismo tiempo rechazó también el término “lacra” para hablar de los malos tratos, ya que hace recaer la acción en la víctima y refuerza la idea de sujeto depravado que la ejerce. “No es su problema, es nuestro síntoma y está en manos de todos y todas cambiarlo, debemos trasladar el diagnóstico de lo individual a lo social porque, en este caso, lo personal es político”, afirmó.

La violencia legitimada

Lidia Peralta y Dolores López señalaron que, a parte de la violencia física rechazada socialmente, también existen otros tipos de violencia y discriminaciones más legitimadas que perpetúan el modelo patriarcal, los llamados micromachismos (no porque sean pequeños sino por su mayor aceptación social). Para explicarlo partieron de la diferencia entre género (construcción cultural) y sexo (biológico) y de los atributos que falsamente se atribuyen a lo femenino y a lo masculino para atribuir también una serie de roles sociales. Hablaron de la “perversidad” de este tipo de violencia, que es entendida como “normal”, a pesar de que discrimine a las mujeres y las coloque en situaciones de vergüenza al exteriorizarlo, de incredulidad o incluso de culpabilidad por su forma de comportarse o de vestir.

Peralta y López señalaron varios tipos de micromachismos según Emma Bonino: utilitarios (que se aprovechan de las supuestas capacidades femeninas de servicio y cuidado), encubiertos (que buscan la imposición de las “verdades” derivadas de la idea de masculinidad), de crisis (los que surgen cuando ellas intentan romper el desequilibrio) y coercitivos (que tienen como fin limitar la capacidad de decisión en espacios y en tiempos).

Entre ellos incluyeron el lenguaje, que utiliza el masculino como “falso neutro”, ante lo cual López recomienda usar sustantivos genéricos o colectivos, emplear perífrasis y construcciones metonímicas. Por ejemplo: la plantilla de la empresa, el funcionariado, personas licenciadas, la población española o la Dirección del centro. Insistieron además en que es necesario educar en igualdad desde la infancia y en valores de cooperación, empatía y diligencia .

El papel de los medios

También se reflexionó a cerca del papel de los medios de comunicación a la hora de informar sobre la violencia de género. “Es necesario que los periodistas tomen partido y hagan uso de la ética profesional porque no tomar partido es beneficiar al poderoso”, apuntó Casado, aunque sin obviar que cada caso es diferente por lo que es fundamental entrar a evaluarlo y contextualizar. En este sentido surgieron algunas dudas ante el dilema de identificar en las noticias al supuesto agresor y a las víctimas.

Otro aspecto a tener en cuenta por los medios según las expertas es hacer llegar el mensaje de que la violencia de género no es únicamente la violencia contra las mujeres para que de esta manera eviten que se invisibilice el bulling homofóbico y las violencias contra los LGTBI.

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Cristina Dolz

Estudiante de 3º de Periodismo. Entiendo el periodismo como una herramienta imprescindible para resolver preguntas o, al menos, plantearlas. Me gusta decir que soy feminista.
Cristina Dolz

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