Las palabras estrés, ansiedad y depresión se han hecho comunes en nuestro lenguaje desde hace ya algunos años. ¿Quién se ha sentido incapaz de superar algún problema en algún momento y le ha generado nerviosismo o incluso tristeza? Pero lo grave viene después. Si ese problema o situación particularmente negativa se alarga en el tiempo, entonces se puede hablar de ansiedad, depresión o estrés.

Diferenciarlas también es complicado. Según la OMS: “La depresión es difícil de diagnosticar, se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración”. Es una enfermedad que puede afectar a cualquier persona -adulto o niño-, tanto a un trabajador como a un parado, a una persona con cargas familiares como a una que vive sola.

La ansiedad “se experimenta como una emoción desagradable, negativa” ante la que el individuo se siente amenazado, y para afrontarla o tratar de reducir sus consecuencias negativas el individuo se pone alerta. “Se caracteriza por la preocupación, hipervigilancia, tensión, temor, inseguridad, que se manifiesta mediante opresiones respiratorias, sudoración, tensión muscular, alteraciones gástricas” y pueden surgir las fobias. Tampoco tiene relación con una causa determinada y puede sufrirla también cualquier persona.

Mientras que la depresión puede identificarse con la tristeza y la ansiedad con la tensión, el estrés se puede manifestar de múltiples maneras: “Las condiciones laborales no sólo causan enfermedades profesionales específicas sino que pueden influir en el estado de salud de un trabajador: los trastornos del sueño, aprensión, ansiedad y formas leves de depresión son relativamente habituales en las personas trabajadoras y con frecuencia indican la existencia de estrés crónico relacionado con el trabajo”.

Inicio de los síntomas

Cuando un trabajador tiene alguno de estos síntomas, ”los trabajadores suelen iniciar la gestión de su enfermedad con el médico de cabecera”, nos indica José Ignacio Mosquera, Director Provincial de la Mutua Universal, en Toledo. Las mutuas son entidades colaboradoras de la Seguridad Social y están obligadas a atender a los trabajadores que están bajo su protección, cada vez que tengan alguna contingencia, generalmente laboral. Y también añade que “en otras ocasiones a los trabajadores se les deriva desde el Servicio de Prevención de su empresa para hacerles un seguimiento oportuno por el Especialista del Sistema Público de Salud. Si surge una  incidencia relevante, la empresa debe actuar revisando la evaluación de riesgos del puesto de trabajo”.

Fachada de Mutua Universal Toledo

Se trata de enfermedades psicológicas relacionadas con el entorno laboral, el cual ha cambiado en los últimos años, pues como dice J.Ignacio Mosquera, en “la actividad laboral han surgido nuevas formas de trabajo que requieren otros niveles de exigencia, de formación, de adecuación a las nuevas tecnologías y normativas”. En resumen, se exige más resultados en menos tiempo, los nuevos tipos de contrato han provocado incertidumbre laboral y es mucho más difícil conciliar el empleo con la familia.

Pero aún siendo enfermedades relacionadas con el trabajo, puesto que “afectan a todos los sectores productivos y a todos los niveles de una empresa”, no se consideran enfermedades profesionales. Para que una enfermedad sea considerada como profesional debe cumplir que sea contraída a consecuencia del trabajo ejecutado en las actividades que se especifican en un cuadro, aprobado mediante “informes pertinentes del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad” y siempre que se pruebe que la enfermedad tuvo por causa exclusiva la ejecución de un trabajo, como regula la Ley de Seguridad Social (Arts.156 y 157). Estas enfermedades psicosociales no aparecen en ese cuadro de enfermedades profesionales, puesto que no se puede generalizar que la realización de un trabajo provoque las mismas alteraciones a todas las personas que se dedican a ello, pero sí se podrían considerar accidente laboral.

Entonces, ¿cómo se contemplan estas enfermedades?

“A nivel laboral no están contempladas como enfermedades profesionales, ni se asumen directamente como accidente de trabajo, pues es difícil determinar que dicha enfermedad psicosocial es sufrida como consecuencia directa del ejercicio del trabajo habitual. La prueba debe aportarla el trabajador, y demostrar al juez que su situación concreta tiene un origen laboral, con la dificultad que esto conlleva. Se debe acreditar fehacientemente la relación causa-efecto entre la realización de un trabajo y la aparición posterior de la enfermedad”, como explica este Director.

Múltiples causas

La Dra. Lourdes Coronado González, médico asistencial de esta Mutua y Especialista en Vigilancia de la Salud, es la que atiende a los trabajadores que llegan a la misma y afirma que: “Pueden presentar sintomatologías asociadas a varias causas, tanto físicas (falta de aire, dolor o presión en el pecho -trastornos cardiovasculares-, problemas digestivos, endocrinos, trastornos músculo/esqueléticos, insomnio o fatiga); como conductuales: actos inseguros, adicciones o toxicomanías, episodios de violencia; o psicológicas: nerviosismo, trastornos del estado de ánimo y trastornos adaptativos”. Y explica que esa dificultad para relacionar esos síntomas con el ejercicio de un trabajo, se debe a diversos motivos, como la carga, el tiempo y el ritmo de trabajo, tanto a nivel familiar como laboral. Además, “suelen afectar más a las mujeres porque siguen realizando y responsabilizándose en mayor medida del trabajo doméstico y familiar, por lo que la doble presencia en la carga asociada a conciliar las tareas del trabajo y del hogar es más prevalente entre el colectivo de mujeres”.

“En las enfermedades psicosociales, el origen, es decir, la relación causa-efecto con el trabajo, y que ocurra en el tiempo y lugar de trabajo, es difícil de determinar. En España, tanto el Moobing – que tiene la tipificación de delito penal – como el Síndrome del Quemado, han sido reconocidos en algunas ocasiones por la vía judicial como trastornos derivados de los riesgos psicosociales profesionales”, ha detallado el Sr. Mosquera.

Hasta un 30% de los trabajadores encuestados en 2015 ha afirmado sufrir estrés siempre o casi siempre en su puesto de trabajo.

Según el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, “hasta un 30% de los trabajadores encuestados en 2015 ha afirmado sufrir estrés siempre o casi siempre en su puesto de trabajo; y el estado general de salud de esos trabajadores, comparado con la anterior encuesta del 2010, se podía percibir cierto empeoramiento”. Llegan a ser síntomas cotidianos, mal o difícilmente percibidos por los médicos de cabecera por la variedad de sintomatologías, pero que son reconocidos como clásicas enfermedades del estrés. Debido a ello, pueden perturbar y hacer sufrir considerablemente al paciente, resultar muy costosos para la comunidad y causar pérdidas importantes a las empresas, ya que “las bajas por estas enfermedades tienen una duración mínima de 90 días, pero muchos procesos alcanzan los doce meses”, ha puntualizado J.Ignacio Mosquera, puesto que aunque no son causa de incapacidad, pueden llegar a serlo si persisten en el tiempo y no se tratan.

Lo mejor es prevenir

No todos los empleos están relacionados con alguna enfermedad de este tipo, pero para que no ocurran, lo mejor es la prevención. Son medidas que se realizan desde la Mutua, como explica su Director: “Hay que reforzar la gestión del riesgo psicosocial y la prevención del estrés a través de servicios-productos-actuaciones, como el Programa de Prevención y Gestión del Estrés en la Empresa (Programas Mindfuldness). Es muy recomendable que la empresa realice una Evaluación de Riesgos Psicosociales para prevenir aquellas condiciones que puedan generar incidencias de este tipo”. Las principales recomendaciones que deben darse para prevenir los riesgos psicosociales profesionales son: “La evaluación de estos riesgos, una vigilancia de la salud periódica, la adaptación de puestos o reubicaciones en situaciones concretas, fomentar la conciliación laboral y la estabilidad de los puestos de trabajo. También la realización de evaluaciones de desempeño, promover la diversificación de tareas, realizar protocolos de riesgo de acoso o fomentar técnicas de gestión del tiempo y de entrenamiento en habilidades sociales”. Y en la misma línea lo afirma la Dra. Coronado: “Recomendando a la empresa que realice las medidas preventivas con una adecuada planificación, implementando las actuaciones necesarias que requieran los sistemas organizativos, promoviendo un adecuado ambiente físico de trabajo”, pero también se recomienda a los trabajadores que “actúen con responsabilidad para minimizar el riesgo de padecer alguna de estas enfermedades”.

Consulta en la que se diagnostica a los trabajadores que acuden a la Mutua

En este tipo de enfermedades, hablando coloquialmente: ‘pagan justos por pecadores’. Hay personas con estas enfermedades psicosociales que lo sufren en silencio, ya que muchas veces se han utilizado como excusa para no trabajar y seguir cobrando de las bajas, y si están enfermas realmente, no se las toma en serio o incluso no comentan sus síntomas para no ser estigmatizados. Al hablar de ellas se suele decir que tienen la “enfermedad de moda” o son personas desequilibradas, solitarias, cuando no siempre es así.

Son muchos los síntomas y las causas que motivan el estrés laboral, por eso es necesario la colaboración de todas las partes, por lo que los trabajadores podrían realizarse reconocimientos médicos periódicos, sobre todo a nivel de posibles problemas laborales, familiares o sociales, a fin de detectarlas cuanto antes, e incluso acudir al médico si sufriera alguno de los síntomas y se los atribuyera al trabajo. Las empresas podrían tomar medidas de prevención del estrés de sus trabajadores, mientras que los sindicatos deberían incluir estas medidas de prevención en los convenios colectivos y vigilar su aplicación. También los Servicios Públicos de Salud podrían formar a los facultativos en la detección de estas enfermedades. Y sobre todo el apoyo de las familias, ya que estas enfermedades, en la mayoría de las veces, son percibidas por los familiares, y además pueden ser los primeros en sufrir con ellos, por eso existe la posibilidad de que puedan dar la voz de alarma a nivel médico por si un familiar pudiera estar sufriendo estrés laboral.

*Foto principal de Flickr

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Beatriz Guerrero

Lectora compulsiva. A veces escribo, y de vez en cuando duermo. Estudiante de la Facultad de Periodismo en la Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca.
Beatriz Guerrero

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