Se trata de uno de los trastornos mentales más frecuentes y, a su vez, ignorado en todo el mundo.

Más de 300 millones de personas sufren los alarmantes efectos de la depresión. La realidad es que este terrible trastorno mental se puede encontrar asentado en cualquier rincón del mundo y, cada vez, intenta conquistar la mente y la capacidad de vivir de más individuos. Pocas personas pueden evitar que les invada el temor de ser ellas mismas una de las afectadas, esto se debe al constante y desenfrenado estrés al que se ven sometidos en la actualidad, tanto de forma individual, como familiar, social y laboral.

Esta patología supone la tercera causa principal de morbilidad y discapacidad entre los adolescentes, así lo afirma la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) en su página oficial. Muchos estudios afirman que, aproximadamente, dentro de unos 10 años la depresión se convertirá en la primera causa de discapacidad en todo el mundo. “¿Por qué me siento así? Yo, como persona y sin entendimiento sobre farmacología e investigaciones, ¿qué puedo hacer para rescatarme del borde de este precipicio al que llaman depresión?”… Estas son algunas de las cuestiones que, según el psicólogo Luis Fortés, muchas personas con esta enfermedad silenciosa plantean en las consultas médicas a diario.

La existencia es muy complicada. Para muchas personas, afrontar los constantes contratiempos que les trae la vida termina agotando sus capacidades de sobrellevarlos de forma realista. Rara es la familia sin ningún afectado y, a pesar de ello, el silencio y el tabú que rodea a esta enfermedad es aún bestial. Cada año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) elige un tema de gran importancia enlazado con la salud pública para lanzar una campaña de concienciación como conmemoración al Día Mundial de la Salud. El de este 2017 ha sido ‘Depresión: Hablemos’. El objetivo universal del cometido es que cada vez una cifra mayor de individuos con depresión, en todo el mundo, busque y obtenga ayuda.

MEJOR PREVENIR QUE CURAR

Lo primero que hay que esclarecer, coinciden muchos expertos, es que la depresión se puede prevenir, entendiendo como tal que si se siguen unos patrones de comportamiento se puede evitar la enfermedad. El objetivo es vencerla antes de que ataque, y para ello hay que saber llevar los golpes que a lo largo de la vida se reciben, entendiendo que muchos son inevitables. Hay que admitir un margen de contrariedad y de error en los propósitos que cada uno se proyecta a sí mismo. El perfeccionismo, en muchas ocasiones, puede llevar al individuo a un grave e inconsciente estado depresivo del que resulte muy complicado escapar.

Más de la mitad de las personas que padecen un estado de depresión no recibe ayuda, a pesar de los avanzados y eficaces tratamientos que hay en la actualidad. Algunas de las principales causas de las atenciones ineficaces ante este problema se encuentran en la falta de recursos y de personal sanitario cualificado. Además, otro muro para lograr una atención digna y activa es la evaluación errónea de los trastornos mentales. Es habitual, encontrarse con personas y profesionales que confunden la tristeza con la depresión, pero esta patología va mucho más allá de sentirse triste. Uno de los principales problemas de esta afección, es que la expresión “estar deprimido” ha sido empleada de forma cotidiana y errónea para hacer alusión a un apagado y débil estado emocional debido a las diversas causas por las que esta pena puede llegar a manifestarse en los individuos.

La indagación en la historia del paciente es un arma fundamental para que el profesional pueda diagnosticarla y tratarla correctamente. La inclusión de una historia médica completa debe ser obligatoria, además de la realización de un examen del estado mental.

 

DE LA ANGUSTIA AL SUICIDIO

Cuando la depresión no es correctamente diagnosticada ni tratada puede llegar a convertirse en un problema de salud muy grave. Muchas personas, intentan acabar con el cese de su inexplicable angustia poniendo fin a su vida de forma voluntaria, esto suele llevarse a cabo en los casos más serios. Aproximadamente, un millón de personas se quitan la vida voluntariamente cada año. El suicidio supone la segunda causa de mortalidad en edades comprendidas entre 15 y 29 años. El señor José Luis Fortes Álvarez, psiquiatra de la provincia de Ciudad Real, ha alertado de que “aproximadamente 6 personas próximas al fallecido pueden desarrollar una depresión”. “Se trata de cifras alarmantes” pero “las personas pueden lograr restablecerse con unos buenos hábitos  y un tratamiento adecuado”, ha declarado el especialista.

Los capítulos depresivos pueden catalogarse como leves, moderados o graves, dependiendo de la cantidad y la intensidad de los  síntomas. Rocío Ortuno, una señora de cuarenta y cinco años, comenzó a sufrir depresión con tan solo dieciocho. Todo comenzó como consecuencia de una dura operación de corazón. Desde pequeña, su sistema inmunológico siempre se encontraba bastante débil y eso hacía que enfermara frecuentemente con mucha más facilidad. “No sabía que me ocurría, cada día me encontraba más apagada y de muy mal humor”, añade. Los días pasaban y su angustia se acrecentaba. “Sonaba el despertador. Sabía que debía levantarme pero el cansancio, el miedo y la tristeza me tenían aprisionada. La idea de ir a trabajar provocaba que mi corazón se sacudiera y diera auténticas vueltas de 360º. Mi cuerpo estaba inundado de nervios y respirar me suponía un gran reto. Estuve años sin dormir cuatro horas del tirón. No quería levantarme de la cama ni ver a nadie, ni siquiera a mi madre. No sabía que me ocurría.  Estuve toda una semana sin comer y aún así no tenía apetito. Me sentía como una extraña que no encajaba en la realidad. La cama y los rayos de luz que entraban por las pequeñas rendijas de la persiana, en  la habitación, eran los únicos testigos de mi dolor en aquel momento”, explica Rocío.

El Psiquiatra, Fortés, asegura que cada vez “sabemos más sobre la depresión” y que “conocer el origen de la depresión en cada individuo es algo clave para la recuperación de la persona afectada”. Existe una serie de factores de riesgo asociados a la enfermedad. Aquellos que hayan pasado por situaciones trascendentales desfavorables como el desempleo, un duelo o algún traumatismo psicológico. También es bien sabido, que el estrés es un vivo ingrediente de la depresión.

MÚLTIPLES ROSTROS

Cada persona vive y opera el estrés a su modo, argumento por el que la depresión se presenta de diversas formas y su evaluación es tan enrevesada. Éste es uno de los motivos por el que un gran número de personas que sufren depresión ignoran que es así. Es por esto, que hablar de la depresión como si ésta se presentara con un solo síntoma ratifica la pésima interpretación de que se trata, es decir, del mismo patrón de problema de forma íntegra en todos los casos. La cara de la depresión es tan única como diferente es cada ente que la padece. Se trata de un estímulo del que los profesionales en salud mental proyectan diversas interpretaciones como respuestas, para así proponer tratamientos en función de las variadas interpretaciones. Nadie puede reconocer, al 100%, que la causa ya que coexisten diversos orígenes.

La salud física y la depresión también están relacionadas; de esta forma, por ejemplo, los trastornos cardiovasculares pueden desencadenar una depresión, y viceversa. También existe una gran polémica con la relación de la depresión con los genes. Algunos estudios afirman que hasta un 20-50% de los jóvenes con trastornos depresivos presentan un historial familiar de depresión, pero aún no queda del todo claro cuál es el peso de los factores genéticos y cuál el de los factores ambientales en el desarrollo de esta enfermedad. Por lo tanto, los genes no tienen la última palabra a la hora de determinar si una persona va a sufrir o no depresión porque el ambiente también es un factor fundamental y la educación puede inhabilitar la propensión escrita en el ADN.

“Aprendí a quererme y a disfrutar de las pequeñas cosas, y eso es algo fundamental para vencer a la depresión”

Rocío asegura que empezar a quererse a sí mismo es el arma más potente que existe para derrotar a la depresión. Además, el entendimiento y el afecto de los familiares y personas cercanas es primordial al igual que el aguante, puesto que la carencia de ganas y motivación de los enfermos puede provocar una gran impotencia y desesperación. El abandono terapéutico es uno de los problemas más comunes, por ello hay que instigar al enfermo a continuar el tratamiento hasta el final.

Prozac, el antidepresivo por excelencia / imagen de archivo

Existen tratamientos psicológicos, psicosociales y hasta antidepresivos, que son los que la mayoría de la gente conoce. Los antidepresivos no deben ser el remedio para una depresión leve sino más bien para las graves. Este medicamento es usado para equilibrar determinadas sustancias químicas en el cerebro, las cuales afectan al estado anímico y comportamiento de las personas. Su objetivo es evitar los potenciales pensamientos y comportamientos suicidas. El problema de los antidepresivos es que muchas veces son recetados con mucha facilidad y esto es una práctica mal propagada por parte de los médicos de familia. Muchos pacientes intentan maquillar el dolor que sienten con estos fármacos, lo que no saben es que estos medicamentos alivian el dolor, pero no lo curan.  En muchas ocasiones, se puede estar sobre tratando este tipo de trastorno. El efecto calmante del antidepresivo borra emociones por lo que la persona que lo toma queda bajo un efecto de somnolencia emocional, cayendo en un profundo abandono que hace perder el sentido de la vida.

El tratamiento individualizado se considera hoy esencial para la lucha contra cualquier dolencia. Los expertos insisten en modificar hábitos de vida poco saludables para eludir no sólo a la depresión, también a otras enfermedades. No olvidarse de hacer ejercicio, tener una vida social activa, cuidar el nivel de estrés, tener metas realistas que nos vayan motivando y, sobre todo, recordar que hay dos días en los que no puedes hacer nada: el ayer y el mañana, así que lo importante es vivir el presente.

 

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Tania Recuero

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