Las prendas a medida de la modista Luisa Ureña son sinónimo de calidad y exclusividad

Una prenda a medida es mucho más que simple ropa. Se trata de un diseño exclusivo para un cuerpo único. Luisa Ureña lleva toda una vida dedicándose a comprender, confeccionar y hacer realidad las ideas de sus clientas. “No hay patrones exactos y las piezas del puzle no siempre encajan a la perfección”, cuenta esta modista almagreña. Es una mujer sencilla y humilde, pero con un talento indiscutible. Le basta tela, hilo y su imprescindible dedal para confeccionar una prenda personalizada.

Comenzó su andadura en el mundo de la moda de la mano de Concha Dotor, una consagrada modista que dedicó toda su vida a la costura.  Se inició a los 14 años y a día de hoy, más de 30 años de experiencia abalan su profesionalidad. Así es ella, una mujer constante y apasionada. En varias ocasiones le han ofrecido empleo en fábricas y talleres, como en la prestigiosa empresa Cadena o Mundo Novias, pero las rechazó para dedicarse a la confección y no a la producción en serie: “Me gusta hacer prendas especiales y ver la ilusión de ellas al sentirse únicas”, explica. Y añade: “No  por dinero, porque una modista cobra mucho menos que un modisto o diseñador”.  Como buena aprendiz sigue teniendo presentes los consejos de su maestra, aunque ella ya no esté junto a ella: “Fue mi segunda madre”, subraya.

Al desestimar esas propuestas de trabajo, asumió no tener una jornada laboral establecida. “Me levanto a las ocho de la mañana y hay épocas de mucho trabajo en las que puedo dejar la aguja a las doce de la noche”, explica. No todo es tan suave y bonito como el terciopelo, esta profesión esconde asperezas y dificultades como el crepé. Pero la ilusión y el frenesí por el diseño y la moda son palpables en ella.

Trabaja los diseños de principio a fin: “Suelo dar forma y dibujar las ideas que me plantean”. Bajo un hilo invisible está conectada con sus clientas y así puede ayudarlas en la elección del modelo y tela apropiada. Confiesa que desde hace ya varios años, la marca española, Rafael Matías es quien le proporciona los tejidos, siempre naturales como la seda. Cuando los tiene en su poder, procede al corte. Metro, alfileres y tijeras, incluso una pequeña tiza, son los instrumentos que emplea para trasladar los bocetos al tejido

Más tarde la aguja y el hilo se hacen imprescindibles. Poco a poco hilvana todas las piezas hasta conseguir un primer traje imperfecto, listo para la primera prueba. Comprueba que todo siente a la perfección para continuar cosiendo y añadiendo las entretelas picadas y forros. La segunda prueba verificará que todo va según lo planeado, solo faltará rematar el jaretón, cuello, ojales y botones. Finalmente, en la última prueba, el traje estará terminado. Aunque si algo falla se podrá arreglar en cualquier momento, gracias a que la atención es particular  y la implicación de Luisa Ureña total.

Taller de Luisa Ureña/ Paula Montero

Espacio mágico que enamora

Todo el proceso de confección lo lleva a cabo en un pequeño taller doméstico, acogedor y un tanto abarrotado, símbolo de mucho trabajo. Así es el lugar donde nacen y se desarrollan sus creaciones. La tradicional y antigua máquina de coser Refrey acapara toda la atención: “La tengo desde que me la compró mi madre cuando tenía 14 años”, confiesa. Sus más de cincuenta conos de hilo en tonalidades diferentes ocupan un lugar privilegiado. Los pequeños abalorios, botones, cremalleras y cintas atrapan la atención de cualquiera que entre en este excepcional estudio. Toda la escala cromática de colores está presente, trasmite sentimientos y hace de este lugar un espacio mágico que enamora; por donde parece no haber pasado el tiempo, pero donde origina modelos innovadores y novedosos.

La magia de esta modista es evidente. Es capaz de transformar un look con tan solo añadir o quitar algún accesorio: “Un pequeño adorno o fajín es capaz de llenarte de elegancia y belleza”. Y añade: “En muchas ocasiones diseño y elaboro tocados, pamelas y algunos bolsos, a conjunto del traje o vestido”.

Sus puntadas están llenas de intención y de talento, ya que es capaz de convertir un cuerpo peculiar en perfecto, eso sí, con pequeños trucos. Recurre al uso tradicional de hombreras, entretelas picadas, plomos y remates únicamente a mano. Al final, el resultado siempre es exquisito. Cada traje, vestido o complemento se acaba adaptando perfectamente a las proporciones de cada mujer: “Siempre intento que se sientan cómodas a la que vez que favorecidas”, explica Luisa Ureña.

“Este tipo de confección no puede competir con los precios de las prendas elaboradas en países asiáticos”, afirma. Quizá por esto, se dedica casi en exclusiva a confeccionar vestidos para eventos especiales, como trajes de novia, madrina o comuniones. Aunque nunca ha dejado de crear los clásicos trajes de chaqueta al más puro estilo Chanel. O los típicos abrigos de Cachemir, paño o lana. Rechaza los nuevos métodos surgidos para coser, como las cintas adhesivas para jaretones, y apuesta por la elaboración tradicional: “Los tejidos que empleo son naturales y muy delicados como la organza y la pedrería, no puedo permitirme el lujo de dejar marcas con pegamentos o siliconas”, comenta.

Muchos pensarán que esta profesión está anticuada y en desuso, pero esta modista es el claro ejemplo de que no es así: “Tengo encargos para dentro de año y medio y en algunas ocasiones no me queda más remedio que decir no”, afirma la almagreña. Siempre ha tenido la esperanza de poder transmitir sus conocimientos a un aprendiz. Quien sabe, quizá alguien esté dispuesto a aprender de esta perspicaz mujer, o tal vez ya ha empezado a hacerlo.

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Paula Montero

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