Más de mil municipios rurales de España se encuentran en riesgo de desaparición

Vanesa Moreno

Antiguo colegio de Los Oteros, pedanía de Cañada del hoyo (Cuenca)/ Fuente: elaboración propia

Tierra muerta. Casas abandonadas. Calles desiertas. Las pocas voces que se escuchan reverberan por todo el municipio. Así se encuentran numerosas localidades de lo que se ha llamado la “Laponia española”, que comprende las provincias de Burgos, Castellón, Guadalajara, La Rioja, Segovia, Soria, Valencia, Teruel, Zaragoza y Cuenca. Desde las últimas décadas del siglo XX, las zonas rurales españolas han ido perdiendo progresivamente población, entendiendo como zonas rurales aquellas donde se concentran menos de diez mil habitantes. Desde el año 2008, los índices demográficos muestran datos preocupantes. Según las estadísticas aportadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2014, “si se mantuvieran las tendencias demográficas actuales, España perdería un millón de habitantes en los próximos 15 años y 5,6 millones en los próximos 50 años”. Además, se produciría un envejecimiento importante de la población, donde el número de personas mayores de 65 años se incrementaría exponencialmente y el número de defunciones superaría al de nacimientos.

A pesar de ser un problema a nivel nacional, las zonas rurales son las que más sufren esta situación. Es el caso de Cuenca, que pese a ser una provincia con gran extensión territorial, es una de las que concentra un menor número de población a nivel nacional. Entre los 238 municipios que conforman la provincia conquense, tan solo 64 de ellos tienen una densidad demográfica superior a los 500 habitantes, únicamente 31 municipios cuentan con más de mil habitantes y el dato más alarmante: 67 pueblos y las aldeas o pedanías de la provincia están habitados por menos de cien personas, un gran número de ellos ni siquiera supera la treintena de censados (fuente: elaboración propia).

La gravedad de la situación ha provocado la creación de diversos colectivos, como la Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica (ADSC), que tiene un objetivo claro: la regeneración del territorio afectado por la despoblación. Tal y como expone en su web, “la Serranía Celtibérica comparte con la Zona Ártica de los Países Escandinavos la mayor despoblación de la Unión Europea” (www.celtiberica.es). Pero lo más preocupante es que la situación española es más crítica que la situación de Laponia, una zona donde las gélidas temperaturas han provocado que existan medidas para los habitantes del interior de la zona. Otro de los proyectos que luchan contra esta problemática es el blog Contra la despoblación, un grupo de 40 personas de Aragón, Soria, Guadalajara y Cuenca que quieren seguir disfrutando de sus pueblos y fomentar el asentamiento de jóvenes y nuevas familias para preservar la vida en sus municipios.

 

Cañada del Hoyo, un ejemplo de despoblación

Amanece en Cañada del hoyo. Lo que antaño fue el momento del día en el que los habitantes comenzaban sus jornadas de trabajo, hoy se ha convertido en el silencio más absoluto. Los primeros rayos de sol despuntan por las calles del pueblo, pero salvo el cantar de los pájaros, todo está en calma. Llega la hora de entrar al colegio y los nueve alumnos que lo componen se levantan para comenzar otra jornada. Tan solo dos aulas son las que conforman el centro educativo, lo que limita las oportunidades de aprender para los alumnos y los recursos para enseñar a los profesores. Pero no siempre ha sido así.

En el año 2012, la Consejería de Educación en Cuenca decidía cerrar el centro por no cumplir con el número mínimo de alumnos establecido, es decir, once alumnos. Ante la voz de alarma, el pueblo decidió iniciar un proyecto de repoblación, asentando en el municipio a dos familias numerosas con siete niños en edad escolar, lo que suponía un aumento de alumnos en el colegio. Sin embargo, la Consejería se negó a dar acceso al centro, obligando a los chicos y chicas en edad escolar a trasladarse dieciocho kilómetros todos los días para poder asistir a las clases en el centro educativo de Carboneras de Guadazaón, un municipio contiguo al de Cañada del hoyo. Padres y madres organizaron protestas y una huelga de hambre, alegando lo peligrosa que puede resultar la carretera que se encuentra entre ambos municipios en invierno, debido a las heladas.

Medidas como estas provocan el desmantelamiento de la comunidad rural, ya que fomentar la salida del pueblo de los más pequeños es un error que puede derivar en el abandono definitivo de la localidad por parte de los jóvenes e incluso de sus familias. La existencia de colegios rurales, a pesar de ofrecer desventajas, como impartir clase a niños de 5 a 12 años en una misma aula, lo que a veces supone una mayor distracción del alumno, también permite a los niños estar en contacto con su entorno y su hogar, vivir en una zona más tranquila y preservar un futuro con población joven en el mundo rural.

 

Caída en picado

Gráfico de la evolución del número de habitantes de Cañada del hoyo /Fuente: www.foro-ciudad.com

Los 268 censados de Cañada del hoyo no tienen nada que ver con los más de mil que llegaron a habitar la localidad en las décadas de los cuarenta y cincuenta. Los años sesenta supusieron una caída en picado de la población del municipio, que a día de hoy no solo no se ha recuperado, sino que ha empeorado. Sin embargo, en el pueblo solo habitan unas 70 personas, entre las que se encuentra un gran número de ancianos que superan los sesenta años de edad. Son ellos los que más sufren las consecuencias de la despoblación, ya que no tienen muchos medios para desplazarse y en ocasiones, este desplazamiento es necesario. La falta de negocios en el municipio limita los recursos de los habitantes a la hora de comprar. La única tienda de ultramarinos de la que disponía el pueblo cerró hace unos años, por lo que a día de hoy solo existen dos carnicerías y una panadería, que tampoco disponen de mucha variedad alimenticia. Esta situación provoca que el único momento de la semana en el que los vecinos de Cañada del hoyo pueden realizar la compra sea el día de venta ambulante. Además, los dos únicos bares del pueblo sufren los achaques de la falta de población en invierno, una temporada del año en la que el número de habitantes se reduce masivamente y en la que existen días en los que nadie entra en el local.

 

A pesar de sufrir la despoblación en todos sus ámbitos, Cañada del hoyo ha corrido más suerte que su pedanía, Los oteros, situada a unos seis kilómetros del municipio. Actualmente se encuentra totalmente despoblada, ya que sus habitantes se instalaron, en su mayoría, en Cañada del hoyo. Algunos de ellos viven todavía en su pueblo de acogida, otros marcharon a las grandes ciudades en busca de nuevas oportunidades. Mientras tanto, la aldea de Los oteros permanece vacía, desmantelada y sin almas. Pocas son las casas que permanecen en pie, la gran mayoría está cubierta de escombros y retazos de vidas que anteriormente habitaron el lugar.

Esta problemática plantea varios debates con respecto a la búsqueda de soluciones. Existe la opción de la repoblación, es decir, asentar familias que estén dispuestas a vivir en municipios afectados por la despoblación, para así poder revitalizar estas zonas. Para ello son necesarias varias medidas y proyectos que deben ser desarrollados por las instituciones, con el fin de promover un flujo demográfico orientado a las zonas rurales. Por ende, deben garantizar una estabilidad para estas familias, concretamente, económica, proporcionándoles un empleo que cumpla con sus necesidades. Con respecto a lo anterior, resulta necesario para que se lleve a cabo el bienestar de las familias que en el municipio repoblado existan áreas de trabajo, es decir, se industrialice la zona rural para así poder ofrecer puestos de trabajo y por tanto, conseguir un crecimiento de la población.

Por otra parte, es poco probable que una familia que provenga de una ciudad desarrollada, como puede ser Valencia o Madrid, abandone su vida en la capital para trasladarse a un pequeño pueblo situado en la Serranía conquense. Pero más que una cuestión económica o de accesibilidad es una cuestión cultural. Es necesario que esa familia eche raíces en su nuevo hogar, que arraigue en el municipio, ya que si eso no se cumple su estancia no será duradera, y más si no existen motivos para permanecer en dicho lugar. Pocas son las familias que deciden mudarse con el único fin de regenerar un pueblo sin tener garantías de que podrán vivir cómodamente, con un empleo fijo y una vivienda digna, debido a que eso supone abandonar parte de la vida que ya han construido en su ciudad de origen.

Vecino de Cañada del hoyo/ Fuente: elaboración propia

A pesar de la dificultad que supone buscar soluciones eficaces ante la despoblación, desde algunos partidos políticos e instituciones se están llevando a cabo iniciativas para conseguir avanzar en la lucha contra la sangría poblacional. Recientemente, el PSOE expuso en el Senado una proposición no de ley en la que se planteaba la “aprobación de una ley de Desarrollo sostenible del medio rural con dotación presupuestaria”(El PSOE lanza medidas contra la despoblación. La Región. Recuperado de http://www.laregion.es), además de reivindicar la participación colectiva para conseguir políticas que mitiguen la despoblación.

Lo que es evidente es que la despoblación es un problema existente que afecta a miles de perso­nas y que no tiene la visibilidad necesaria para que la ciudadanía se conciencie de su gravedad. La veda está abierta para proponer iniciativas y solu­ciones que palíen la desertización de las zonas ru­rales. Poco a poco y con proyectos que apuestan por el mundo rural se están consiguiendo avances que aportan luz al final del túnel y dan unas pin­celadas de optimismo y esperanza para aquellos valientes que se resisten a abandonar sus hogares.

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