El párroco albaceteño pone en valor el trabajo que realizan los misioneros.

Él no es un cura al uso, es un sacerdote atípico que viste sin sotana y que no lleva alzacuellos. Pocas veces lo veremos yendo todo de negro, más bien todo lo contrario, en su vestuario predominan los colores vivos y alegres; sin duda, el verde esperanza como él dice, es su favorito, así lo ha reconocido en más de una ocasión. No es una persona ostentosa ni sobrecargada, no le gusta para nada llamar la atención con su vestimenta, por lo que no lleva cruces de oro colgadas en su cuello, ni anillos, ni sellos decorando sus manos. Es un tipo sencillo, normal, cuyo único propósito es ayudar a todas las personas que se cruzan en su camino, transmitiéndoles la Palabra de Dios, enseñándoles el mensaje que tanto ha calado en su corazón, el de Jesús: el amor al prójimo.

José Joaquín Tárraga, en su despacho / Pedro Quílez

Natural de Albacete, siente desde muy pequeño la necesidad de asistir a aquellos que lo precisen, así lo ha hecho en todas las parroquias por las que ha pasado desde su ordenación sacerdotal. No le gusta que lo adulen, ni que lo comparen con el buen samaritano; pero para ser honestos, la labor que lleva a cabo es encomiable. Por ello, con el paso de los años le encomiendan tareas de mayor responsabilidad en la diócesis de Albacete.

En un mundo en el que todo son prisas y malas caras, él se encarga de intentar poner solución a cualquier problema que pueda surgir a su alrededor, y siempre lo hace con una sonrisa en la cara. Una mirada pura y sincera es su mejor aval. No pretende destacar, ni mucho menos que se le beatifique o canonice; él no obra milagros, simplemente tiende su mano a todo aquel que pide auxilio.

No se puede entender la misión sin que haya detrás una verdadera vocación en el interior de la persona, por ello ¿en qué momento de su vida siente la llamada de Dios?

Pues para serte sincero, tengo que remontarme a mi infancia. Desde muy pequeño siento deseos cercanos a la Iglesia católica, y es en el crecimiento personal donde uno descubre que Dios le pide algo más. Siempre he estado muy ligado a la iglesia, ya fuera por mis abuelos, con los que acudía a misa, y también a través de la enseñanza, ya que estudié en un colegio concertado de vocación católica. Así que Dios, de un modo u otro, siempre ha estado muy presente en mi vida.

 En lo concerniente a las vocaciones, ¿cómo ve a los jóvenes de hoy en día?

Los jóvenes son el gran tesoro que tenemos. Evidentemente, hay de todo, hay jóvenes más comprometidos, otros que se encuentran desanimados y que no ven sentido a su vida. Pero, por norma general, a la mayoría los veo cargados de ilusión y con ganas de comerse el mundo. Respecto al tema de las vocaciones, tenemos que asumir que éstas han bajado, pienso que porque los jóvenes no terminan de entender el lenguaje de la Iglesia, el cual, se ha quedado un poco desfasado y arcaico. Por ello, tenemos que cambiar las formas, como bien dice el Papa Francisco, incitando así a los jóvenes a que prueben de la realidad cristiana.

¿Qué es lo primero que piensa cuando el Obispo le encomienda la responsabilidad de la misión en la diócesis de Albacete?

Tras las dudas iniciales por saber si podría llevar a cabo una tarea de tal magnitud, he de decir que ha sido un auténtico “regalazo”. El mundo de las misiones me ha apasionado desde siempre, es digno de admirar la labor de esta gente valiente que sale de su tierra y se entrega a los demás. Además, tengo una tía que es misionera, por lo que me hace verlo todo más cercano.

¿Cuáles son las funciones de un Delegado de misiones?

La principal tarea es ejercer de puente entre los misioneros que están lejos, y nosotros que estamos aquí. Es el enlace que recuerda a la gente que tenemos albaceteños haciendo el bien en la otra parte del mundo. Aunque la principal labor es buscar ayudas, tratar que los proyectos planteados sean realidad, gracias a la colaboración de la gente. Además, por supuesto de ayudar a los misioneros a resolver cualquier tipo de problema que les pueda surgir.

¿Conoce de primera mano los lugares a los que van los misioneros?

Actualmente tenemos 13.000 misioneros embarcados en la misión, de los cuales, 49 son de Albacete. No he podido estar en los 49 sitios, aunque la verdad, me habría gustado. Sí que he visitado Guatemala, Bolivia y Zimbabwe, y he presenciado in situ la realidad en la que viven nuestros paisanos. Guatemala, con seis misioneros en la región, es el país que cuenta con más presencia misionera. De este lugar me sorprendió la sencillez y la humildad con la que vive la gente, a pesar de toda la violencia que ha sufrido.

 ¿Hay algún país que le haya marcado especialmente?

Son totalmente diferentes cada uno de ellos, pero si tuviera que nombrar uno, me quedaría con Zimbabwe. Impacta ver como un país que ha tenido bienestar está en la ruina más absoluta; impacta ver como un país que económicamente ha sido solvente está completamente en la pobreza. Ver las vías del tren y que no pase el tren que un día pasó, es muy duro, al igual que ver que hay infraestructuras pero que están totalmente inutilizadas. Sin duda, marca mucho ver la decadencia de un país venido a menos.

¿Cuánto dura un período de misiones?

No hay tiempos mínimos, ni máximos, todo depende de la persona. Tenemos personas que se embarcan durante toda la vida, llegando a fallecer inmersos en su labor solidaria. Otras que están un tiempo viviendo la experiencia y posteriormente se vuelven; e incluso personas que simplemente colaboran durante un breve período de tiempo; por ejemplo, en verano, durante sus vacaciones. Aunque normalmente el misionero que va al país, pasa allí toda su vida.

¿Cómo se consigue la financiación destinada a las misiones?

Podríamos decir que el Domund (Domingo Mundial de las Misiones) es la fuente de ingresos por excelencia de los misioneros. Es una jornada específica en la que el dinero recaudado se destina íntegramente a mantener las misiones y todo lo que ello engloba; es decir, lo que se ha recolectado es utilizado para preservar los proyectos iniciados. Ese sobre que pasamos un domingo al año en misa supone una ayuda mayor de la que pensamos.

Según usted, ¿cuál diría que es el fundamento de la misión?

Pienso que la razón por la cual existe la misión es el encuentro, el encontrarse con el otro, el ver reflejado en la otra persona a Jesucristo; saber que cuando me encuentro con el otro, me encuentro también con Dios.

Por ello, si yo he experimentado a Dios en mi vida, debo transmitírselo a los demás. No podemos dejar que el miedo a lo desconocido nos paralice, debemos ser valientes y dar testimonio de Dios en el mundo.

En la vida, si nos encerramos, nos ahogamos. Por eso tenemos que salir de nuestra zona de confort, hay que romper con la comodidad y dejar de ser “jóvenes de sofá”, como dice el Papa Francisco. Tenemos que abrir los ojos y el corazón ante las penalidades que sufren nuestros semejantes. Embarcarnos en la aventura de la fe conlleva dejar atrás cualquier miedo y confiar nuestra vida a Dios.

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