La existencia de los refugios de animales es posible gracias al voluntariado.

En una protectora de animales cada día es sinónimo de batalla vencida, tanto para sus voluntarios, como para los animales que han logrado vencer al abandono y residen allí. Y es que estos centros de acogida temporal rebosan de miles de historias escalofriantes. Aún así, los animales que han sobrevivido nunca pierden la esperanza de encontrar un nuevo hogar donde reanudar su felicidad.

El primer día de una larga semana como voluntario en Animalcázar, Asociación de Animales y Plantas de Alcázar de San Juan, en Ciudad Real, comienza a las nueve de la mañana. La mayoría de las personas que forman parte de ella son muy sensibles y por eso, cada día, deben de inyectarse una dosis de energía y otra de fortaleza para evitar hundirse con los hechos acaecidos. Lo normal, es que suelan ir entre dos y cuatro voluntarios en el turno de la mañana. De la misma forma, este proceso se repite por la tarde, pero con distintos voluntarios. El refugio es muy grande y aunque por desgracia aún se encuentre en obras, eso no impide que 118 animales se puedan albergar en él, más concretamente, 50 perros y 68 gatos que aprenden a convivir entre una diversa multitud a la espera de que alguien visite el refugio y los adopte.

Esta gran idea surgió a raíz de un pequeño grupo de jóvenes, amantes de los animales. La fundadora y actual presidenta de la protectora, Eva Carpio, fue la encargada de anunciar a través de Facebook la necesidad de reunirse para elaborar el proyecto del refugio y, de esta forma, luchar contra el abandono y el maltrato animal. Sin duda, una maravillosa idea que ya ha logrado salvar la vida de cientos de animales sin hogar. Esto no habría sido posible sin el gran esfuerzo y dedicación de todas las personas que integran esta enorme familia.

COBIJO INDEFINIDO
Para estos voluntarios, resulta especialmente duro ver como acaba el verano y como va comenzando el invierno y muchos de estos animales siguen allí, aguardando su momento, como es el caso de Opi y Atila, que llevan en la Asociación desde su inicio, el 25 de Enero del año 2014. Esto supone una gran aventura para ellos, que por suerte, fueron rescatados cuando tan solo eran unos cachorros. Para otros, en cambio, su suerte se ha visto truncada con la muerte, bien porque no han logrado sobrevivir a los duros golpes que les ha dado la vida o porque su ayuda no ha llegado lo suficientemente a tiempo.

Opi y Atila en el refugio / Eva Carpio

EL PAN DE CADA DÍA
Nada más entrar por la puerta, todos los peludos comienzan a ladrar de felicidad. Sus rabos se levantan y rápidamente se empiezan a agitar de un lado a otro, sin cansarse, porque saben que ya no están solos y hay personas que los quiere de verdad. De la misma forma, en el recinto de al lado, todos los gatitos comienzan a maullar y a ronronear como locos. Lo más impactante de esta situación, es que todos se pelean por conseguir lo que parece una simple y mísera caricia. La presidenta asegura que gracias a la gran cantidad de personas que colaboran con la protectora, estos animales pueden volver a “encontrarse a sí mismos, superar su pasado y hallar su felicidad”.

Gracias a la gran cantidad de personas que colaboran con la protectora, estos animales pueden volver a “encontrarse a sí mismos, superar su pasado y hallar su felicidad”

La mañana del lunes tuvo lugar el primer aviso del día, perrita gravemente herida, abandonada y desorientada en la cuneta de la carretera Alcázar de San Juan-Quero. Durante horas y horas, todos los voluntarios se dividen para buscarla, pero no siempre todo esfuerzo da sus frutos. Llega la noche y siguen buscando, pero resulta muy difícil encontrar a oscuras una aguja entre un pajar y entonces, deciden abortar la misión, y descansar. A la mañana siguiente, el sol se pone teñido de sangre, avisan de que la han encontrado atropellada. Los cuerpos de todos los voluntarios comienzan a desvanecerse y la incertidumbre les invade ¿Y si no la hubieran dejado de buscar durante toda la noche? ¿Tal vez estaría viva? El principal problema es que esta es tan solo una de las cientos de historias que reciben durante los 365 días que tiene el año.

Siempre se intenta rescatar al máximo número de animales posibles y debido a esto, en la mayoría de las protectoras, la ocupación está completa, al 100%, pero a veces muchas de ellas llegan a rebasar esta cifra. Mientras que en un chenil debería de haber entre dos y tres perros, la ocupación en algunos de ellos es de hasta 8, más del doble de lo recomendado. Muchos de ellos se pelean debido a la falta de espacio y a las grandes diferencias de tamaños entre unos perros y otros; estas peleas, en ocasiones, causan la muerte de alguno de ellos.

Desde el exterior, muchas personas confunden el término de voluntario con limpiar, echar de comer a los animales o sacarles de paseo, pero esto es algo erróneo. Ser voluntario implica aumentarle horas al día para poder difundir a todos los animales y que de esta manera puedan encontrar un hogar, ser casa de acogida, rescatar, actualizar la página web y contestar los cientos de mensajes que llegan a diario de personas que quieren adoptar o que necesitan su ayuda. Todo esto sin contar las tardes y mañanas enteras que pasan intentando que un animal maltratado se adapte y pueda volver a confiar en alguien o los meses planeando eventos para poder recaudar dinero y así poder comprar un saco de pienso para ellos. Tal vez todo esto sea un trabajo altruista pero hay cosas que no tienen precio y esta es una de ellas. Ayudar a los que lo necesitan no solo es parte del deber, sino de la felicidad.

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Tania Recuero

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