Fotografía de portada publicada por la página web charentelibre.fr el 26 de marzo de 2018.

La viagra hizo su aparición revolucionaria en el mercado de la sexualidad a finales de la década de los 90. A pesar de ser concebida como un tratamiento de la hipertensión arterial, la farmacéutica estadounidense Pfizer pronto aprovechó y vendió su principal efecto secundario. El sildenafil, principal compuesto activo del fármaco, garantizaba apaliar la disfunción eréctil y problemas de autoestima causados por tal dificultad física. Pero, ¿Qué pasa si una mujer toma una de esas “pastillas azules” con intención de intensificar sus prácticas sexuales? La comunidad científica discrepa al respecto. Dos posturas totalmente opuestas se enfrentan: una niega cualquier repercusión- a nivel genital- de la viagra en mujeres, la otra, muy minoritaria, defiende la eficacia del producto.

Según los defensores del no, es poco probable que el sildenafil afecte de forma similar a sendos géneros puesto que sus órganos sexuales no comparten el mismo funcionamiento. La doctora del Departamento de Psiquiatría, Obstetricia y Ginecología de la Universidad Brithis Columbia, Rossemary Basson, junto a otros cuatro compañeros, realizó un estudio en 2004 sobre la relación entre la viagra y la “excitación femenina”. Efficacy and safety of Sildenafil Citrate in women sexual dysfunction associated with female sexual arousal disorder contó con 781 mujeres, de las cuales 577 tenía un nivel normal de estrógenos y 204 sufrían deficiencia de la hormona. El resultado fue negativo; no se percibió ninguna mejora en la respuesta sexual.

Ese año, un grupo liderado por la sexóloga holandesa, Ellen Laan, comenzó a investigar acerca del tema. Los resultados de sus indagaciones también fueron negativos. Tras analizar “la mejora de la congestión vaginal por sildenafil en mujeres premenopáusicas sanas”, determinó que la viagra conseguía mayor mucosidad aunque no la excitación subjetiva. Apoyando los resultados de Laan, en 2010, la escritora feminista, Anna Freixas Farré, y la profesora del departamento de psicología de la Universidad de Córdoba, Bárbara Luque Salas, negaban que el medicamento suscitara la aparición de la libido.

Por otro lado, la opinión menos compartida afirma que el sildenafil tiene diversos efectos positivos en los genitales femeninos. Al producirse una vasodilatación, el clítoris experimentaría un aumento de la circulación sanguínea, facilitando el orgasmo, garantizando excitación e incrementando la lubricación de las paredes vaginales. La Presidenta de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, Marta Rajtman, es una abogada de esta polémica postura. En su artículo Trastornos sexuales femeninos apoya la viagra como método de mejora del deseo sexual y la sequedad vaginal.

Si bien es verdad que existen controversias, se ha evidenciado la ayuda de la viagra en mujeres que consumen antidepresivos. Muchas pacientes sufren impedimentos fisiológicos a la hora de mantener relaciones, provocados estos por la ingesta de inhibidores (Prozac o Seroxat). Pérdida del apetito sexual, falta de lubricación, dolores en la penetración e incapacidad de llegar al orgasmo, entre otras, son algunas de las secuelas de la lucha diaria contra esta enfermedad. A consecuencia, alrededor del 70% de afectadas abandonan la medicación y padecen un agravamiento del trastorno.

El doctor de Psiquiatría de la Universidad de Nuevo México, George Nurnberg, demostró en 1999 que “el sildenafil parecía ser una intervención efectiva para la disfunción femenina inducida por antidepresivos”. Casi una década después, la revista Journal of the American Medical Association publicó un nuevo ensayo clínico de Nurnberg. Entre 2003 y 2007, había estado estudiando a 98 mujeres sexualmente activas de una edad media de 37 años. Todas ellas estaban tomando antidepresivos y habían experimentado trabas en su vida sexual. Volvió a obtener una conclusión positiva pese a la aparición de dolor de cabeza o dispepsia, refirmando así su hipótesis anterior.

Está claro que la excitación ya no es solo una cuestión exclusiva de los hombres. La sexualidad de la mujer ha estado girando en torno a un sistema social “falocéntrico”, lo que suponía una actitud discriminatoria en el sexo. Ahora la mentalidad colectiva ha comenzado a preocuparse por la satisfacción femenina y a explorar métodos para alcanzarla. Cada vez son más numerosos los laboratorios que indagan en la creación de parches de testosterona para avivar su deseo sexual, al igual que las tiendas eróticas que venden productos para estimular el orgasmo sola o en compañía. Los elixires del placer han dejado de ser un secreto.

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