El desarrollo de las nuevas tecnologías ha influido y modificado los hábitos, la conducta e incluso la forma en la que las personas se conciben a sí mismas. Por supuesto, esta evolución tecnológica ha derivado en el surgimiento de múltiples teorías sobre las consecuencias que pueda acarrear política y socialmente. Entre esas teorías se encuentran las que consideran que Internet es una herramienta democratizadora en cuanto que facilita el acceso a la información y fomenta el debate entre los usuarios. Este pensamiento se basa, a grandes rasgos, en la capacidad y el poder que poseen las tecnologías, y en especial las redes sociales, tanto para crear comunidades de usuarios como para generar revoluciones y para desarrollar nuevos tipos de activismos políticos. Las tecnologías han puesto sobre la mesa la posibilidad de que todos puedan opinar, así como de escuchar las opiniones del resto, de manera que se crean debates en torno a temas concretos, por ejemplo en Twitter, que pueden terminar por alterar la opinión pública. La hipótesis de esta narrativa es que si le ofreces a la gente la conectividad suficiente y los dispositivos necesarios, la democracia les seguirá.

Sin embargo, también hay quienes dudan de esta capacidad puramente democratizadora de la tecnología. Evgeny Morozov es un investigador que ha analizado las tecnologías y sus implicaciones sociales y políticas hasta convertir sus narrativas en un discurso político. Nacido en Bielorrusia, se trata de un crítico de la teoría que señala a Internet y la tecnología como solucionadores de todos los problemas, así como del ciberutopianismo. El autor defiende la idea de que la Red no implica consecuencias únicamente positivas para la democracia, sino que también puede convertirse en un gran aliado de los totalitarismos, de manera que los dirigentes generen propaganda política y vigilen, controlen y manipulen la conversación en la Red y, por tanto, la vida de los ciudadanos. Morozov insiste en que algunos gobiernos están utilizando Internet para enviar propaganda, creando lo que él llama el “spinternet”, una combinación de spin (giro) e Internet. Gobiernos como el de Rusia o China están contratando y entrenando a bloggers para que generen entradas de blog y comentarios ideológicos sobre los asuntos políticos que les interesan. Esto sucede porque aunque exista censura, en el momento en que se cuelga algún comentario en un blog, esa información se desviará inmediatamente a otros blogs y páginas web, de manera que no hay forma posible de eliminarla.

En su primer libro, El desengaño de Internet. Los mitos de la libertad en red, Morozov argumenta contra el ciber-centrismo, es decir, contra la propensión a entender los cambios políticos y sociales desde el prisma de Internet. Además, realiza un análisis crítico del ciberutopianismo. Considera que la torpeza para ver las capacidades de Internet para el control y la manipulación de la información podría acabar siendo una amenaza, en la medida en que los gobiernos democráticos asuman la narrativa liberadora de Internet. Además, no puede aceptarse este relato sin alzar la vista a otras partes del mundo donde la Red no ha sido capaz de traspasar las fronteras que le ha impuesto el gobierno. El caso sirio es uno de los muchos ejemplos que ilustran esta situación. El gobierno ha intentado aislar a sus ciudadanos de las comunicaciones desde 2011, cuando comenzaron las primeras movilizaciones de la primavera árabe en el país. A finales de 2012, las líneas telefónicas estaban desconectadas y no había forma de comunicación con el exterior que no fuese a través de Internet por satélite. Este es uno de los ejemplos que Morozov expone para explicar cómo los gobiernos también pueden utilizar la Red para favorecer la continuidad de los totalitarismos, aunque hay otros muchos, como el del Gobierno iraní, que consiguió frenar a sus enemigos aprovechándose de la inteligencia colectiva. Se configuró una página web común donde los que eran leales al gobierno podían publicar sus sospechas y compartirlas con el resto de afines. De esta forma, el servicio secreto acumulaba una multitud de datos y sumaba eficiencia. Un caso más cercano en el tiempo es el del escándalo de Facebook y Cambridge Analytica, por el que el segundo se hizo con los datos del primero de millones de estadounidenses que no habían dado su permiso, para influir en los resultados de las elecciones a favor de Donald Trump. De hecho, al conocerse este asunto, una encuesta publicada por el periódico alemán Bild am Sonntag señalaba que más del 60% de los ciudadanos en Alemania tiene miedo a que tanto Facebook como otras redes sociales parecidas puedan tener consecuencias negativas en la democracia por el abuso en la toma de datos privados de los usuarios.

Caída de las comunicaciones en Siria. Fuente: ElDiario.es

En nuestra sociedad, cada vez está más extendida la idea de compartir en Internet, de la web 2.0 y la economía colaborativa. Este ejercicio de compartir, en cuyo discurso se expone como una actividad de participación colaborativa en la creación de conocimiento, significa para Morozov una estrategia de las empresas tecnológicas para captar datos de los usuarios y generar con ellos patrones de conducta, de opinión y de preferencias para crear campañas y propaganda personalizada. A la hora de tomar una decisión, si el usuario googlea algo relacionado con el asunto, comenzará a recibir información para que se decida por una u otra opción, de manera que nunca podrá saber qué decisión habría elegido si sus datos fueran estrictamente privados y no hubiese recibido esas presiones propagandísticas. Bajo su punto de vista, los usuarios hemos regalado nuestra privacidad a corporaciones como Facebook, Google o Amazon.

En España, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revelaba en 2017 que el 21% de los ciudadanos se ha arrepentido de publicar algún comentario, fotografía, etc., en una red social. Además, mostraba que la sociedad española está cada vez más preocupada por la protección y la privacidad de sus datos personales en las redes sociales. En esta línea, más del 67% de la población española no confía en que estas redes cuiden la seguridad de los datos. Casi el 96% de los mismos considera una necesidad que las redes sociales soliciten permiso al usuario para ceder sus datos personales a terceras empresas o instituciones. Esta investigación pone de manifiesto el hecho de que los usuarios están cada vez más concienciados sobre el peligro que corren sus datos en Internet, y especialmente en las redes sociales. Sin embargo, una gran parte de ellos sigue utilizándolas y permitiendo así que se comercie con su intimidad. Como afirma Morozov, resulta esencial reconocer los puntos de explotación, a pesar de que los usuarios cedan sus datos voluntariamente al introducirlos en las redes.

Para resolver el problema de la venta de los datos de los usuarios de la Red, Morozov propone la alternativa de que los datos pasen a formar parte de la propiedad privada. Es decir, que se sitúen bajo el control de los ciudadanos, de manera que estos puedan ceder su privacidad, pero siendo en todo caso su propietario. Quizá así se conseguiría que las únicas beneficiadas de la obtención de estos datos no fuesen las empresas, sino que también pudiesen ser aprovechados por los ciudadanos con objetivos comunes. En la misma línea, presenta una equivalencia entre la idea del común, que defiende, por ejemplo, la no comercialización del aire porque es un bien de nadie y de todos los ciudadanos, con este otro planteamiento de los datos como un común del que no puedan apropiarse las grandes empresas e instituciones. Otra alternativa podría ser que los datos pasasen a ser de propiedad colectiva, de manera que las empresas tuviesen que pagar por conseguir los datos para sus bases. En la situación en la que se encuentra el sistema de la Red en este momento, el bielorruso considera que el de las tecnologías digitales es uno de los fenómenos que más impulsa el capitalismo de plataformas, al contrario que muchos otros autores que consideran que se está llegando a una economía colaborativa.

Además, según el criterio de Morozov, Google trata de reunir tantos datos como sea posible para convertirse en el nuevo partido político y en el nuevo Estado del Bienestar, de manera que te recuerda los productos que tienes que comprar o te muestra el tiempo que va a hacer en la ciudad que vas a visitar mañana. Se ha hecho con la capacidad de ser el sistema en el que los usuarios gastan su tiempo libre. Lo que más preocupa al autor sobre este hecho es que resulte imposible crear un servicio alternativo a Google, ya que es este quien tiene tanto la infraestructura como los datos, que actualmente son uno de los bienes más valiosos para las grandes empresas. Además, es esencial caer en la cuenta de que los que hoy convierten los datos en dinero, pueden decidir convertirlos en poder en el futuro. Según el autor bielorruso, serían las propias empresas tecnológicas las que crean las narrativas de colaboración y del Internet de las cosas que son defendidas también por algunos intelectuales que resguardan estas prácticas en libros, conferencias y charlas, y que se apoyan mutuamente.

La crisis ha obligado a muchos países a poner en marcha un plan de recortes en sus presupuestos que han dejado a las Administraciones Públicas sin la capacidad de prestar los servicios básicos. Como consecuencia, los gobiernos de estos países se han decidido a emplear los servicios de estas empresas que, aunque se suponen más eficientes, se quedan con los datos de los usuarios para crear bases de las que poder beneficiarse más tarde. Es por esto que Morozov afirma que el capitalismo digital está penetrando en materias muy importantes del Estado del Bienestar. Es por esto que, según la opinión del autor, democratizar la cesión de datos personales será necesario si se quiere evitar que las personas comiencen a desconfiar de las Administraciones Públicas. Asimismo, en una entrevista en el Museo Centro Nacional de Arte Reina Sofía, Morozov dejaba de manifiesto que cada vez se hace más necesaria la vinculación del ámbito de la tecnología con el de la política, ya que de lo contrario se podría llegar a un excesivo poder por parte de las grandes empresas tecnológicas que acabase por superar al que poseen los gobiernos. De hecho, podría decirse que ya están al servicio de los grandes tecnológicos. En su último libro, Capitalismo Big Tech – ¿Welfare o neofeudalismo digital?, Morozov explica que estas empresas han obtenido tal cantidad de datos a bajo precio que actualmente existen muy pocas instituciones con las que puedan competir. Los gobiernos, que financian esa obtención masiva de datos, compran más tarde y a un precio mucho más elevado los resultados de los análisis que se han elaborado con esos datos. Además, el hecho de que los gobiernos posean nuestros datos más personales tampoco ha sido de gran ayuda en algunos casos. Por ejemplo, en cuanto a las técnicas de vigilancia que últimamente se han puesto en marcha en Europa y Norteamérica, Morozov considera que no han dado los resultados esperados. No cree que sean lo suficientemente eficientes porque la monitorización de posibles delincuentes o terroristas todavía no ha conseguido dar demasiados resultados positivos. Un ejemplo de ello son los atentados de París el 13 de noviembre de 2015 o los de Barcelona y Cambrils el pasado 18 de agosto.

Por su parte, su segundo libro, La locura del solucionismo tecnológico, intenta desmontar la idea de que la tecnología es capaz de poner solución a cualquier problema de la sociedad. Las empresas de Silicon Valley, que son algunas de las que almacenan los datos de los usuarios para enviarles después información y propaganda personalizada, intentarán vender nuevos productos que solucionen problemas que ellas mismas crean. Como afirma Morozov, hoy en día hay muy pocas cosas que no estén sujetas al mercantilismo. Un buen ejemplo de esto el de aquellas personas que no pueden pagar a un profesional que les ayude a acabar con su obesidad, pero que descargan una aplicación en su teléfono móvil que les indica qué deberían comer en cada momento del día. Esta es la forma en la que las grandes empresas de Silicon Valley piensan que solucionan problemas reales a través de las tecnologías.

Los dispositivos no son el problema

La generación de los millennials, es decir, los nacidos a partir de los años 80, son un colectivo hiperconectado que tiene a los aparatos tecnológicos completamente integrados en su día a día. Están acostumbrados a que los dispositivos se renueven y mejoren sus capacidades en periodos de tiempo cortos, y a tener que reemplazarlos para no quedarse atrás en prestaciones y servicios. Esta práctica de consumismo de tecnologías inteligentes que para muchos se ha convertido en una necesidad para la socialización y la interacción, debería estudiarse, según Morozov, desde una perspectiva histórica que nos recuerde los verdaderos intereses de las empresas que comenzaron a comercializar estos productos. El teléfono móvil y el resto de dispositivos están diseñados para crear la necesidad de permanecer conectados constantemente. El objetivo de servicios como Facebook, Instagram o cualquier otra red social, es crear una ansiedad sobre nosotros y nuestro entorno que influye en la percepción que cada uno tiene de sí mismo. El autor considera que el dinero mueve el mundo, con lo que se ha planteado un sistema que favorece que los usuarios cliquen la mayor cantidad de veces posible porque el modelo de negocio de estas empresas se basa en que a mayor número de clics consiguen, más capital económico reciben. Morozov no es partidario de que el problema de las dependencias tecnológicas resida en los aparatos que se utilizan para ellos, aunque las aplicaciones que se usan con ellos sí se modifican para favorecer este cliqueo en masa. La causa estaría, por tanto en el modelo de negocio que estas empresas han establecido para hacer de Internet un recurso rentable a costa de crear ansiedad y dependencias en los usuarios.

Además, esta generación hiperconectada ha impulsado el despegue del término ciberactivismo, que quiere decir que estos jóvenes se están volviendo más activos gracias a Internet, que será el cambio que logre que comiencen a salir a la calle. Sin embargo, lo que ocurre es todo lo contrario: la Red puede conseguir que estos jóvenes prefieran quedarse en sus habitaciones navegando. Morozov considera que por cada persona que decide salir a la calle a reivindicarse gracias a Internet, hay otras dos que se encierran en casa con sus dispositivos tecnológicos. Internet juega un papel social importante en la vida de las personas, pero no necesariamente favorece el activismo.

Todas estas ideas de Evgeny Morozov, que se consideran argumentos críticos que intentan desmontar las premisas preestablecidas y asumidas por gran parte de la sociedad, se están demostrando poco a poco gracias a los errores que cometen las propias empresas tecnológicas. Los ejemplos de Facebook y Cambridge Analytica, así como los de Siria o China han demostrado que, efectivamente, tanto las grandes corporaciones como los gobiernos se están aprovechando de nuestros datos más personales con fines económicos y conceder nada a cambio.

Referencias
      • http://www.lavanguardia.com/lacontra/20130110/54360739901/la-contra-evgeny-morozov.html
      • https://www.eldiario.es/sociedad/gran-esceptico_0_78042581.html
      • https://www.eldiario.es/desalambre/blog/Intenet-lineas-moviles-apagon-Siria_6_74252596.html
      • https://elpais.com/elpais/2015/12/17/eps/1450358550_362012.html
      • https://elpais.com/elpais/2014/04/09/opinion/1397051613_416850.html
      • https://actualidad.rt.com/actualidad/266857-experto-cambridge-analytica-capitalismo-digital-privatizacion
      • https://www.elimparcial.es/noticia/188117/sociedad/morozov:-debemos-unir-lo-tecnologico-con-lo-politico-si-no-queremos-fracasar.html
      • http://www.rtve.es/noticias/20170307/21-espanoles-se-arrepentido-publicar-redes-sociales-segun-cis/1499781.shtml
      • https://www.ted.com/talks/evgeny_morozov_is_the_internet_what_orwell_feared?language=es
      • http://www.lavanguardia.com/lacontra/20130110/54360739901/la-contra-evgeny-morozov.html

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