Se apaga la luz del día, los armarios se llenan de ropa ligeramente más gruesa y los niños terminan la jornada a horas más tempranas para que el día sea más llevadero. Para algunos niños, la vuelta al cole es una brisa de ilusión, pero para otros se trata de un curso más, en el que las mochilas pesan poco sin un bocadillo para desayunar. Alrededor de 2.800.000 niños españoles, es decir, aproximadamente uno de cada tres, se encuentra en riesgo de pobreza según los últimos datos publicados en 2015 por Eurostat con respecto a 2012. Solamente Rumanía, con el 35%, presenta datos peores entre los países de la Unión Europea.

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Foto: Sheila Algarra. Comedor principal de la Parroquia Cristo del Amparo

La pobreza infantil ya es toda una realidad, pero todavía son muchas las personas que siguen luchando por la sonrisa de un niño. Esta tragedia afecta a cada rincón de la población y  la capital conquense no se ha quedado atrás. Pero son muchas las personas que trabajan desde hace dos años en la Parroquia Cristo del Amparo, situado en el barrio de San Antón de Cuenca, para que este escenario algún día desaparezca.

Voluntarios con corazón

Personas que se encontraban en una situación complicada y que gracias al sentimiento de ayudar a niños con necesidades son capaces de seguir adelante. Esta es la historia de María Ángeles López Miranzos, voluntaria de Cristo del Amparo. Cuando la vida parecía no sonreírle demasiado, algo cambió. Se trata de una vecina del barrio que sumida en una complicada depresión, decidió unirse al proyecto que ofrece la parroquia en el barrio de San Antón para ayudar a los niños sin recursos a tener una buena alimentación. Se unió por una recomendación y hoy en día no percibe su vida sin él, “si no tuviera esto, me moriría”, así sonaban las palabras de la voluntaria.

Historias duras pero también admirables, personas que ofrecen lo mucho o poco que tienen para dárselo a los niños. El lugar donde colaboran María Ángeles y Mari Carmen no se trata de un comedor social, ya que desde esta organización creen que “un comedor puede crear como una especie de gueto. Nosotros somos muy conscientes de que es peligroso pero nos hemos visto en la obligación de hacerlo cuanto antes porque hay una verdadera necesidad”.

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Foto: Laura Muñoz. Voluntarias de la Parroquia. María Ángeles López a la derecha y Mari Carmen Mora a la izquierda

Fernando Díaz Miranzo, educador social y coordinador de los proyectos que lleva a cabo dicha parroquia, cuenta que cuando vieron que la mayor necesidad recaía sobre todo en los niños intentaron “reforzar la alimentación porque veíamos que no llegábamos por una sencilla razón, si a los padres les das muchos cartones de leche y de galletas, el niño está comiendo leche y galletas todo el día y les das una mala alimentación”. Por todo ello, el coordinador afirma que se vieron obligados a hacer el comedor para educar en la alimentación y eso precisamente,“es la diferencia del comedor social y esto”.

Este año han aumentado numerosamente las personas que acuden al comedor, pero también creen desde el voluntariado que “aún así hay mucha gente que tiene necesidad y no viene por vergüenza a pedir, pero pedir ayuda no es nada malo, en esta situación nos podemos ver cualquiera algún día”.

Los niños estaban acostumbrados a no desayunar y aquí se intenta que se haga de manera variada y sana. Cada mañana, cuberterías con divertidos colores sustentan alimentos para que cada niño pueda comenzar el día con energía. Este establecimiento se ha convertido ya en una familia que se ha formado a raíz de una necesidad. Cada niño que frecuenta el local trae una historia y los voluntarios se acercan a ella para intentar ayudar dentro de sus posibilidades. Nunca falta una sonrisa a cada niño porque no se trata de un mero proyecto para alimentar, se educa y se da un cariño que en ocasiones es difícil de encontrar. “Hay veces que la gente viene solamente a que le des una palabra de aliento”, afirma Fernando Díaz Miranzos.

Por cada historia, una sonrisa

Cualquier alimento es bien recibido y si en septiembre hay que comer Roscón de Reyes, las guindas de cada bollo son agradecidas por cada uno de ellos. La bollería la hacen en el local, ya que tienen un taller de repostería. Un día cualquiera, un pastelero jubilado se acercó por allí y ofreció ayuda aportando lo que mejor sabía hacer. Desde entonces, todos disfrutan de la iniciativa de hacer su propia repostería y sobre todo, de comer algo casero, sano y económico. Además, tienen un taller de habilidades sociales donde se potencia que “todo el mundo vale para hacer algo”.

También se ha creado una iniciativa de comidas en la cual, dos restaurantes de alrededor participan con ellos para ofrecer alimentos. Hay un bar que aporta comidas los martes y los viernes, así, los padres vienen con el tupper y de esta manera, los niños no saben que la comida no se ha hecho en casa. Además, reciben comida del banco de alimentos, aunque el mayor problema, según afirma Fernando es que “normalmente es un alimento seco, dan lentejas o judías, por ejemplo, pero con eso no come nadie porque a la pasta hay que echarle algo de carne y encima en este barrio hay gente sin luz ni agua, y por ello, no se puede cocinar”.

En este local no hay nadie contratado, todos son voluntarios y la mayoría de las aportaciones que reciben son de particulares que traen comida y muchas veces es gente anónima, aunque también reciben algunas ayudas. Aunque se basa en gente del barrio, vienen personas de todos los recovecos conquenses. El centro está abierto por las mañanas de lunes a viernes de 07:30 a 10:00 y de tardes desde las 17:00 hasta las 20:00 los lunes, martes y miércoles.

Desde la organización creen que es muy importante que “la persona no pierda la dignidad”, por ello han creado el ‘Economato Solidario’. En él, los alimentos están rebajados al 75%, y de esta manera, la gente no siente que está pidiendo sino que está comprando. En este barrio, el economato funciona los martes desde las 17:00 a las 20:00 de la tarde y según Fernando “es algo que funciona muy bien porque da mucha dignidad, es algo que sale mucho más barato pero no te lo están dando y aquí le hemos dado mucha importancia a la higiene y a los niños”.

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Foto: Sheila Algarra. Fernando Díaz en el economato

Lo más sorprendente es que a pesar de esta dura situación, según un informe de Panorama de la Sociedad 2014, durante la crisis los multimillonarios se duplicaron en el mundo, al pasar de 793 en 2008, a 1.645 en 2014. Esto, según la organización, refleja que la recesión fue beneficiosa para aquellos que más riqueza acumulan. España, en particular, es uno de los 34 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) donde más crecieron las desigualdades entre ricos y pobres durante la crisis financiera.

Una acción por cada colaboración

Los voluntarios de acción, son un grupo de personas (en este caso 500) que se dedican a colaborar con la Organización de forma desinteresada y de vez en cuando. Fernando afirma que en el Cristo del Amparo acogen a todo el mundo dependiendo del grado de disponibilidad que cada uno tenga, ya que no todo el mundo puede dedicarse cien por cien al voluntariado, “somos muy conscientes de que cada uno aporta lo que buenamente puede, pero que es tan importante como lo que aporta una persona que está aquí seis horas, porque cada uno tenemos algo que aportar y dar a los demás y de eso se trata”. Además, para Fernando, es igual de importante el que dona algo, como el que lo recibe y sostiene que “si todos fuéramos así el mundo iría mucho mejor”.

Por norma general, los voluntarios que forman parte de la organización suelen ser personas muy activas y trabajadoras que de un día para otro se ven sin trabajo y al realizar esta labor que les reconforta, entretiene y por supuesto, les hace sentir mejor, ya que están haciendo algo por los demás, sus vidas se han volcado con el proyecto.

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Foto: Laura Muñoz. Voluntarios preparando el desayuno

El colaborador Fernando afirma que tras su paso como voluntario en el Congo, pudo constatar que allí no existen los orfanatos porque entienden que tienen la obligación de cuidar de los suyos. Apunta que allí hay una unidad y hermanamiento que “si aquí existiera realmente nos evitaríamos mucho”.

Aunque en otras parroquias se ofrecen servicios a los más necesitados, la iglesia Cristo del Amparo es la única que realiza una labor tan importante como es la dedicación y preocupación por el alimento de los menores. Según sostiene Fernando “otras iglesias no están capacitadas para realizar estas labores porque cuentan con un voluntariado de mayor edad, que aunque son iguales o más válidos, por su estado físico, no están capacitados para dar el desayuno cada mañana a 50 niños”. Además, en esta parroquia la mayoría de voluntarios son educadores por lo que no solo dan el desayuno a los niños, sino que intentan educarlos tanto a ellos como a los padres.

El edificio es también un factor clave para esta organización ya que como dice Fernando “todo hace y el hecho de que antes tuviéramos un salón donde atendíamos a la gente y otro saloncillo donde guardábamos los alimentos y ahora dispongamos de este local es una gozada y si nos dieran más, pues más podríamos hacer”.

No solo se ofrecen desayunos, sino que se llevan a cabo otras actividades y propuestas como por ejemplo el campamento que realizaron el pasado verano donde los niños disfrutaron como nunca, además, “les dimos clases de repaso, que yo pensé que nos iban a mandar a paseo, pero qué va, y después los llevamos a la piscina”. Según cuenta el organizador, “es muy especial poder ver la alegría de un niño que nunca ha ido a la piscina”. También, montaron a caballo y según Fernando “solo con ver su cara de felicidad merece la pena”.

Aunque el hecho de llevar a cabo estas actividades, hace que tengan que enfrentarse a problemas como por ejemplo, el llegar a una piscina y que los niños no tengan bañador porque nunca han ido a bañarse. Como afirma Fernando, “los niños no tienen la culpa de nada y en ellos vemos lo más y triste y doloroso”.

Inyección de ánimo

Las costumbres sociales que tomamos  de nuestros familiares y profesores permiten crear nuestros propios valores, pero en algunos colectivos sociales estos no han sido enseñados por nadie. Por lo que en ocasiones, estos valores se ven equivocados y se crea poca conciencia respecto a ciertos temas. Por la experiencia vivida de Fernando, ha comprobado que estas familias no tienen conciencia de ningún tipo de control de natalidad. El trabajador social lo comprobó cuando el año pasado llevaron a una enfermera a ofrecer una charla sobre educación sexual, métodos anticonceptivos y planificación familiar en general para intentar paliar este problema.

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Foto: Sheila Algarra. Biblioteca

También han realizado charlas sobre realización de currículums y estímulo “que les vino muy bien ya que a todas estas personas les dio una inyección de ánimo aunque esto lo veo todas las mañanas al darle el desayuno a los niños, ya que muchas veces más que la leche que les damos, los besos de nuestra voluntaria Angelines, que es una besucona, les alimentan más. Igual también los niños vienen porque se sienten a gusto ya que nosotros siempre hacemos algo para que cuando vengan vean esto de otra manera y se sientan bien”. Desde el Cristo del Amparo creen que “igual estos niños se sienten a gusto aquí porque obtienen el cariño que en casa no tienen, quizá porque sus padres están tan preocupados en encontrar trabajo que no se dan cuenta de decirles te quiero”.

Un 29,9% de los españoles menores de 18 años viven al borde de la exclusión social. Un porcentaje que se amplía hasta el 33,8% en el último informe de la ONG Save the Children, hecho público un mes después. Como afirma Fernando, “nosotros queremos que los niños puedan desayunar en su casa pero sobre todo, que los padres tengan para darles de desayunar, que es triste pero es una realidad que nosotros aquí vemos día a día”. Aunque este proyecto ayuda cada día a más gente, lo ideal sería que esta organización un día ya no fuera necesaria.

Realizado por: Sheila Algarra y Laura Muñoz

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